Pese a lo dura que ha sido la vida conmigo, en varios aspectos… me considero un afortunado y no dejo de agradecerle por la gente que tengo a mi lado y por todos esos amigos que me dio, más todos esos que constantemente llegan para quedarse y hacerme inmensamente feliz.
Ese hermano que puso Dios en mi camino, Coty, me invita nuevamente a cazar un ciervo Axis. Mi viejito no andaba bien de salud, por lo que decidí quedarme en casa con él, hasta que estuviera mejor.
Pasaron cerca de dos meses hasta que tuve la oportunidad de visitar a mi amigo. Por cierto, no había pasado un día sin que dejara de pensar en esa cacería, venía de desaprovechar mi última salida a los pintados, errando un tiro que me tenía una espina clavada y quería sacarme.
Conozco el inmenso cariño que mi amigo me tiene, sé que disfruta de mis logros más que yo mismo, y como siempre haría cualquier sacrificio para que yo pudiese cazar, por todo eso, estaba muy decidido a no decepcionarlo.
Legué un domingo al medio día a Chascomús, donde me esperaba mi gran amiga Pía, esposa de Coty, para llevarme hasta su casa. Apenas llegué, acomodé mis bártulos y nos pusimos al día entre charla y charla, ya que hacía bastante no nos veíamos. Al
día siguiente preparamos lo que llevaríamos y salimos despacito a buscar a Oscar, otro amigo que vendría con nosotros. Ya en el campo nos esperaba el encargado de la estancia. El paisano primero me interrogó como probándome, hasta que de algún modo, se ablandó y me dijo: – Te voy a hacer cazar hoy mismo un ciervo Chuly. Te voy a llevar donde sé que andan.
Coty y yo casi tan incrédulos que cazaríamos ese mismo día, como el paisano cuando le dijeron que yo era el cazador…
Subimos a la chata, Coty manejaba, el paisano de acompañante, mientras Oscar y yo íbamos en la caja. Al poco andar vimos una manadita de hembras a que las observamos un rato largo, pero el macho no apareció. Retomamos la marcha y recorrimos un buen sector del campo hasta el mediodía cuando decidimos volver al casco a almorzar y esperar hasta la tardecita que los ciervos comenzaran nuevamente a moverse. Arrancamos de nuevo, pero esta vez fuimos directo a otra parte donde mi nuevo amigo nos aseguraba que andaba un axis bueno.
En la zona había grandes isletas de monte donde dejamos la camioneta escondida y comenzamos a observar en silencio todo a nuestro alrededor. Coty fue el primero en verlos, y les pidió a los demás que se quedaran dónde estaban, solo él y yo nos acercaríamos todo lo posible. Los ciervos estaban pastando muy tranquilos en la isleta de frente a nosotros, como a 200 m. Mi amigo se desesperaba para que yo también pudiera verlos, pero no podía. Me movía para un lado, para el otro, hasta que tanto insistió y me movió que los vi, aunque yo solo veía una hembra y Coty me aseguraba que al lado estaba el macho.
Lo busqué hasta que lo pude ver, no muy claro, pero pude verlo. La distancia me preocupaba, pero no podíamos acercarnos porque entre isleta e isleta era sembrado y nos verían fácilmente.
Respiré un par de veces tratando de tranquilizarme, tomé el rifle con mucha seguridad y confianza, apunté al codillo y ahí fue… Coty comenzó a gritar: -Está pegado chulito, está pegado. Sonó clarito, ha pegado. – Y salió corriendo derecho hacia donde estaban los ciervos mientras me gritaba que fuera rápido por los demás y buscáramos la camioneta.
Llegamos cuando Coty sacaba el ciervo del fachinal donde había quedado. No tuvo más que decirme: -¡Amigo que lindo ciervo te cazaste! – ¡Fue el detonante para que me largara a llorar desconsolado de la emoción y entre risas y felicitaciones, a más de uno contagié y lloró de felicidad conmigo!

Suscribite a nuestro canal de YouTube y descubre con nosotros distintos cotos de caza de la República Argentina.
Conocerás el establecimiento, los servicios que ofrece, las especies a cazar y toda la información que el cazador quiere saber.