Hace varias décadas Carlos Rebella presentaba su libro CAZA MAYOR, el primero en su género en América Latina cuya edición, agotada rápidamente, se conoció en varios países del continente.
Este éxito editorial animó al autor a imprimir una nueva obra, cuya repercusión pública se tradujo en tres ediciones sucesivas también agotadas.
Con el recuerdo fresco de ambos trabajos tan brillantes como didácticos, el autor corona a la fecha, dos hitos importantísimos de su larga vida de cazador: el festejo de sus primeros cincuenta años dedicados a su pasión por la caza y la publicación del presente trabajo.
Sus bodas de oro con el deporte están honrosamente respaldadas por una fecunda labor conservacionista, reflejada en centenares de trabajos periodísticos y una conducta coherente con sus principios. En efecto, las publicaciones de Rebella plasmadas hace veinte o treinta años, en nada difieren, medularmente, de sus últimas prédicas cinegéticas.
Por aquella época yo acababa de regresar del Reino Unido, donde me había desempeñado como Embajador, y mientras leía el libro de Carlos, me sentía identificado con sus principios acerca de la caza mayor deportiva y sus concomitancias con el conservacionismo bien entendido. No dejó de impresionarme el prólogo que mereciera aquel trabajo, firmado por su gran amigo y excelente cazador, el Dr. Agustín Nores Martínez, distinguido jurista que desempeñó altos cargos en la magistratura y nos representó, coincidentemente, como Embajador en varios países. Mi amistad con Carlos, nacida al calor de una afinidad inalterable, encontró en la caza mayor un vínculo más, si cabe, para comprendernos.
Asumir la responsabilidad de prologar esta nueva obra del autor, significa un desafío que me atrevo a encarar desde el compromiso moral con mi amigo y la seguridad de que excluirá cualquier crítica merecida.
La vida de Rebella no estuvo, ciertamente, teñida por el tedio.
Su paso por el Liceo Militar en el arma de Caballería le permitió, muy joven aún, cursar sus estudios, forjar el carácter y practicar casi todas las disciplinas deportivas.
Ya hombre, continuó buscando desafíos en las actividades náuticas, las carreras de automóviles o piloteando aviones, que fueron durante muchos años sus pasiones excluyentes.
Solamente durante su madurez encontró en la caza la que seguramente lo acompañará hasta el fin de sus días, ese mágico enfronte del hombre con la naturaleza, que sólo los cazadores sabemos apreciar en su verdadera dimensión.
Recechando ciervos colorados en brama, axis en los tórridos veranos, antílopes en las praderas, acechando jabalíes en las luminosas noches de luna llena o persiguiéndolos con sus jaurías de Dogos Argentinos en los impenetrables bosques de nuestra inmensa extensión geográfica, atesoró innumerables anécdotas y experiencias que el escritor que subyacía en su interior no desaprovechó, plasmándolas en artículos, ensayos y libros.
Pronto su tarea periodística se conoció en todo el país y en diversas publicaciones de España e Italia, que se hicieron eco de sus trabajos. Ya por ese entonces, era fácil reconocer su prédica asociando la caza con el conservacionismo, pensamientos de vanguardia, si los había, que representaban un verdadero sacrilegio para los ultra proteccionistas de la época.
O sus relatos de cacerías en SAFARI, CAMPING, AIRE Y SOL O WEEKEND?
Cómo olvidar sus páginas en CLARÍN Y LA NACIÓN, engalanadas con su florida prosa salpicada de humor y experiencia!
O sus colaboraciones en LA VOZ DEL INTERIOR, LA NUEVA PROVINCIA O LA REPÚBLICA, algunos de los diarios que desde el interior del país recogieron sus andanzas cinegéticas y sus avances conservacionistas.
Porque sería injusto olvidar que esa prédica – junto a otras tan valiosas – en años en que se desconocía legislación, cotos, vedas y temporadas de caza, fue la siembra que más tarde posibilitó el presente legal de nuestro deporte, plagado de defectos, sí, pero que alumbra el camino a recorrer durante estos años jóvenes de la actividad venatoria en nuestro país.
Falta aún el homenaje a esa persistente tarea docente de Rebella por la caza deportiva. En su camino, nuestro autor encontró la posibilidad de asomarse al mundo institucional, ya que como sostenía con razón, sólo la unión de los cazadores deportivos logrará el respeto y reconocimiento hacia nuestra actividad, por aquellos días vilipendiada y escarnecida por algunos sectores de la sociedad que desconocían su importancia, actualmente aceptada por los foros conservacionistas más destacados del mundo.
Su poder de convocatoria y fuerte personalidad le permitieron fundar el CÍRCULO DE CAZA MAYOR, que tuve el honor de presidir en su momento, una de las primeras entidades que comenzó a aglutinar deportistas cazadores, y más tarde la FEDERACIÓN ARGENTINA DE CAZA MAYOR, que llegó a convocar — durante su mandato — a cerca de 25 Clubes, Asociaciones y Círculos de Caza de todo el país.
Su creciente reputación permitió que fuera convocado como Asesor Honorario de Caza de Parques Nacionales, y más tarde electo como Secretario del TIRO FEDERAL ARGENTINO DE BUENOS AIRES, cargo para el que fue reelecto al fin de su mandato y desde donde contribuyó dejando huellas imborrables de probidad y trabajo fecundo.
Participó activamente en la redacción de la Ley de Fauna Nacional, una excelente herramienta jurídica sin aplicación real debido a razones políticas que no es el momento comentar. Años más tarde, la falta de vigencia práctica de aquella Ley decidió al Gobierno Nacional a convocar a una Comisión de Notables para redactar un nuevo proyecto, y Rebella fue nuevamente invitado a participar de las reuniones oficiales que culminaron con un sesudo trabajo elevado oportunamente a la Cámara de Diputados para su consideración.
Poco tiempo atrás, el CONSEJO FEDERAL DE INVERSIONES organizó el VI SEMINARIO INTERNACIONAL de TURISMO RECEPTIVO, desarrollado en Santa Rosa, Provincia de La Pampa, evento que congregó a centenares de personalidades de todo el mundo y al que fue invitado especialmente para disertar acerca de la caza deportiva y sus concomitancias con el turismo.
Gracias a la prédica constante y a su permanente deambular por las áreas de caza de nuestro país logró, no sin esfuerzos, limar asperezas entre cazadores y propietarios de campo, eternamente enfrentados décadas atrás.
Quien conozca de cerca nuestra actividad, también conoce sus problemas, a los que Rebella aportó soluciones que pasaron por convencer a los hacendados de la necesidad del coto de caza, una palabra casi tabú que logró imponer a través de argumentos basados en las experiencias de otros países, desconocidas en nuestro medio.
Los prejuicios desaparecieron en la medida que los cotos se multiplicaron hasta la realidad actual, cuando centenares de establecimientos compiten con la comercialización legal de la actividad, en una carrera que lentamente abaratará los costos hasta hacerla accesible a la mayoría, salvando así definitivamente a la fauna silvestre para legarla nuestros hijos.
Los más conspicuos líderes de las Entidades conservacionistas y proteccionistas del país debieron enfrentarse a su turno con la pluma o la dialéctica de Rebella, que inexorablemente derribaron argumentos falaces o antiguos prejuicios.
Inflexible al sentir la verdad de su lado, no eludió la polémica ante auditorios hostiles y calificados: tal la confrontación de ideas que protagonizó en el Aula Magna de Facultad de Ciencias Exactas, cátedra de Ciencias Naturales, frente a un conspicuo representante del sector conservacionista, un moderador propuesto por la Facultad y centenares de estudiantes avanzados.
La desigual puja enfrentaba a los educandos, que naturalmente defienden a la vida silvestre, con el cazador, prima facie un individuo que goza con la muerte de un animal.
Sin embargo, con sólidos argumentos logró producir una revulsión de ideas que culminó extendiendo el debate con muchos estudiantes en el estrado, aceptando su desconocimiento parcial de la problemática silvestre y el impacto real de la caza sobre la misma.
Con los años, llegó el reconocimiento del conservacionismo mundial a la caza controlada, cuando la UNION INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN DE LA NATURALEZA, apoyada por la UNESCO y la ORGANIZACIÓN MUNDIAL PARA LA SALUD, reconocieron oficialmente que «… la reproducción incontrolada de las especies silvestres es perjudicial para las propias especies y para el medio ambiente, por lo que se debe autorizar la caza dentro del marco de leyes y reglamentos…
Con semejante espaldarazo, Rebella fue invitado especialmente por el Gobierno de la Provincia de San Luis para disertar durante el PRIMER CONGRESO NACIONAL DE CAZA Y CONSERVACIONISMO, evento que congregó a las autoridades de fauna de todas la Provincias y a las organizaciones defensoras del conservacionismo nacional.
Allí, por primera vez, conservacionistas y cazadores dialogaron en la misma mesa acerca de sus intereses, logrando conclusiones históricas que allanarán el camino para nuevos encuentros.
Hoy Carlos Rebella pone a la consideración del público este nuevo libro. En sus páginas encontramos una guía inmejorable para orientar al novato, jugosa información para los veteranos, una síntesis de las armas adecuadas para la caza mayor, los consejos indispensables para su uso conforme a la ley, los calibres más comunes y las pólvoras, fulminantes y puntas más difundidas.
Hallamos las últimas informaciones acerca de la legislación vigente en cuanto a la práctica de la caza deportiva, las leyes y reglamentos en las distintas regiones de caza y la distribución de las especies deportivas.
Pero lo que seguramente llegará a cautivar al lector, se encuentra entre las líneas que relatan sus cacerías, sus vagabundeos por tantos países como ha visitado y sus conclusiones, con las que seguramente podremos coincidir.
Con 50 años empuñando alternativamente la pluma y el rifle, y desde la serenidad de su larga vida, creo que el autor puede confiar en que sus palabras serán leídas con atención, respeto y auténtico interés.
Visitante casual de dos siglos y un milenio, su larga trayectoria con el rifle y el extenso camino con la pluma le permitirán cosechar nuevos resultados, ahora más cercanos a lo afectivo y personal.
Los amigos que supo ganar a lo largo de sus innumerables cacerías le han dejado, como tantas veces me expresó, más satisfacciones que los centenares de trofeos que exhibe orgulloso en sus panoplias.
Precisamente desde los remotos cazaderos de Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Perú, Paraguay o África, donde corrió infatigable detrás del mejor trofeo y dejó huellas de sincera amistad y bonhomía, hoy recibe frecuentes noticias que hablan de buenos recuerdos y gratos sentimientos.
Muchos Clubes, Círculos y Asociaciones de Cazadores, que tantas veces lo tuvieron como orador en sus tribunas, han premiado sus esfuerzos y coherencia nombrándolo Socio o Presidente Honorario.
En La Corona, uno de mis campos ubicado en la provincia de Buenos Aires, que orgullosamente está registrado como el coto número 1, introduje varias especies de caza mayor. Allí disfruté de la compañía y el asesoramiento desinteresado de Carlos en todo cuanto fuera conveniente para difundir la idea del coto de caza como panacea para la preservación en el tiempo de las especies silvestres.
Orgulloso de la amistad que nos profesamos desde hace tanto tiempo, y unidos por la misma pasión deportiva, no puedo menos que pensar en él a través de la vieja frase que dice que algunos hombres no se hacen viejos sino grandes.
Dr. Manuel de Anchorena
Caza & Conservacionismo
By Carlos Rebella
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