¿África en América?

Por Carlos Rebella

 

La inercia, posiblemente, ha motivado a todos los cautivados por la fauna silvestre – entre ellos los cazadores conservacionistas -, a considerarla privativa de los países que la albergan, calificándolas arbitrariamente como autóctonas o exóticas, según criterios caprichosos. Al respecto, una reflexión: ¿cuándo una especie obtiene su carta de ciudadanía, teniendo en cuenta que, en nuestro país, seguimos considerando exóticas algunas implantadas hace más de un siglo? Si podríamos, a través de un ejercicio imaginativo, viajar hacia el pasado en un fantasioso periplo involutivo, encontraríamos que, en realidad, todos los animales pertenecieron o pertenecen al mundo, al planeta, que según sabemos, ha mutado su estructura geológica en numerosas oportunidades, configurando nuevos continentes, mares y cordilleras. Entonces, ¿quién puede asegurar que los osos norteamericanos son nativos de E.E.U.U., o viajeros de las estepas rusas, siendo que ambos continentes estuvieron unidos? ¿Cómo sabemos de qué lugares son originarios ciertos animales, que ya existían cuando América y África estaban fusionados?  Todo esto hace pensar que, la tradición oral de encasillar como nativa o foránea, es por lo menos, discutible, lo que hace sustentable la intención de imponer una revolucionaria mirada, sobre la propiedad de las especies.

A raíz del impacto pernicioso que los conflictos raciales, religiosos y geo políticos ocasionan al patrimonio natural africano, Josh Donlan y Harry Greene, de la Universidad de Cornell, Nueva York, han planificado una proposición tan innovadora como polémica, sosteniendo que se debe implementar, con urgencia, un plan conservacionista con sólidas bases éticas, estéticas, económicas, evolutivas y sustentables. Concretamente, destinar una parte de las Grandes Llanuras centrales de los E.E.U.U., para la creación de varios Parques Nacionales, con el fin de incorporar especies que, desde hace 13.000 años, se han extinguido en estado natural, subsisten en pequeños nichos artificiales, o desaparecen lentamente del planeta Tierra. Es importante señalar que esa región del país de Norte, no ha sido elegida al azar, sino por su extensión inusitada: 1.350.000 kilómetros cuadrados, casi la mitad de nuestro territorio, si exceptuamos Antártida Argentina. Ubicada al este de la Montañas Rocallosas, las Llanuras son parte del Estado Mexicano de Coahuila, y los estadounidenses Nuevo Méjico, Texas, Oklahoma, Colorado, Kansas, Nebraska, Wyoming, Montana, Dakota del Norte y del Sur. Semejante sabana, que empequeñece a los Parques Nacionales más grandes del mundo – Serengueti 15.000 Km2, Kruger, 19.000, y Yellowstone 9000 – aseguraría a las generaciones venideras la herencia natural que estamos destruyendo desde hace siglos. Si bien el Parque Nacional de Groenlandia – el más extenso conocido – abruma con sus 972.000 kilómetros cuadrados, el clima ártico no permite el desarrollo de  proyectos semejantes.

 Entre otros argumentos, tan o más importantes, los promotores aluden a los sangrientos enfrentamientos armados, – crónicos en el Continente Negro, el sudeste asiático y otras regiones puntuales – difíciles de contener y menos de predecir un final feliz, que han estimulado a los nativos afectados por la pobreza y el hambre, a provocar grandes matanzas de animales a paliar sus necesidades básicas. Estos actos indeseables, han derivado en secuelas no deseadas, motorizando un creciente comercio ilegal de despojos (carne, colmillos, pieles, garras, etc.), muchas veces apañado por los gobiernos ostensiblemente corruptos, que agobian a varios países. Con demasiada frecuencia, se descubren cargamentos de marfil – valuados en millones de dólares – provenientes de Estados africanos cuyas autoridades son, indudablemente y por lo menos, partícipes necesarios de las masacres de elefantes y rinocerontes. La televisión ha mostrado con lujo de detalles, las osamentas de estos paquidermos que, en regiones puntuales, se hallan al borde de la extinción. Contario sensu a los abates deportivos o sanitarios, cuya carne debe ser aprovechada por ley, toneladas de carne yacen abandonadas a los carroñeros.

El faraónico proyecto enunciado, – del que se hizo eco la mundialmente conocida publicación Nature – está destinado a introducir centenares de vertebrados silvestres, como elefantes, leopardos, leones, caballos, aves y peces, que poblaron el planeta (no exclusivamente África) durante el Pleistoceno, y ha despertado las primeras polémicas entre E.E.U.U. y algunas naciones africanas.  

“… Estamos hablando – dicen los norteamericanos – de la posibilidad de crear un Serenguetti americano…” – refiriéndose al Parque Nacional de Tanzania, África. Y continúan manifestando “… los grandes mamíferos de ese territorio, están desapareciendo en medio de permanentes guerras por los recursos naturales: flora, fauna y minerales, por lo que es deber de la humanidad toda, preservar algo de nuestra herencia mundial de mega fauna…”

Asimismo, advierten a los escépticos que temen por un desequilibrio zoológico natural, sobre una realidad que hace sustentable el mega plan: solamente en Texas, en terrenos fiscales y propiedades privadas, vagan más de 77.000 grandes mamíferos, circunstancia que se repite en otros Estados y con otra fauna.

Los africanos no tardaron en reaccionar ante las intenciones yanquis, y respondieron con firmeza Ecologistas, Directores de Fauna, Parques Nacionales, autoridades políticas y hombres de negocios. Al unísono, denunciaron que el plan constituye un agravio al trabajo de conservación que llevan a cabo los Organismos responsables, y un fuerte impacto a la industria turística, ignorando intencionalmente, a la archiconocida corruptela que mira hacia otro lado, mientras se abastece al insaciable mercado oriental: China, Japón entre otros. Los gobiernos de Kenia, Uganda y Tanzania, hábitat de gran parte de la exuberancia montaraz, presentarán quejas ante la Organización de las Naciones Unidas basados en la afirmación del Director de Fauna de Kenia, Edward Indakwa, quien cree que, de llevarse a cabo, se encontrarían ante un despojo ilegal, porque la fauna que pretende E.E.U.U. es una herencia indelegable del acervo faunístico de su país. Evidentemente el Director, no ha mirado el espejo histórico de su continente, planteando un recurso mentiroso que ignora parte de la realidad, ya que la fauna – sin distinción – ha poblado el planeta millones de años antes de que aparecieran continentes y organizaciones sociales. A su turno, Mosses Mapesa, del Departamento de Fauna de Uganda, ha proclamado que, en caso que el país americano desee colaborar con la protección de la Naturaleza, es más conveniente que ayuden en la tarea de conservación que está en marcha en su Nación. ¿Permitirán veedores internacionales que controlen el manejo de los fondos? Seguramente no.  

Esta iniciativa, que en definitiva propone reconstruir el Pleistoceno, ha recibido críticas desde algunos estamentos científicos, quienes sostienen que, los animales propuestos, no son genéticamente idénticos a los que habitaron hace milenios en el continente americano. Continuando la controversia, Donlan y Greene opinan que la repoblación, imitando al Pleistoceno, se daría a través de manipulaciones cuidadosamente planificadas del ecosistema. No es un secreto que, gracias a la administración privada de ciertas especies, víctimas del ataque de la civilización y el deterioro hereditario, se ha conseguido no solo rescatarlas, sino devolverles las características genéticas que poseían hace varios siglos, antes que el hombre modificara su hábitat, alimentación, tranquilidad, etc.  

La controvertida idea abre las puertas, como vemos, a polémicas que defienden una u otra posición. Sin embargo, desde la información científica independiente y las Naciones Unidas, insospechadas de parcialidad, es imposible negar la amenaza de extinción que pende sobre gran parte de la fauna africana. La opinión pública, la prensa oral y escrita, e infinidad de escritores independientes, han difundido innumerables actos vandálicos, en el marco de los endémicos conflictos armados que azotan al Continente Negro desde hace siglos, circunstancia agravada por la pobreza extrema de millones de seres humanos. Es decir, parte de la solución, pasa por paliar el hambre con paz y ocupación digna: cuando los indígenas ingresen al mercado de trabajo derivado de la caza legal, seguramente abandonarán la riesgosa tarea de la caza furtiva. No es un secreto que los guardias armados, al sorprender a los cazadores furtivos, primero disparan y luego preguntan…

También podemos afirmar, sin temor a dudas, que la fauna silvestre de cualquier latitud del planeta, no es propiedad de los países que la cobijan, que solo son administradores ocasionales de un legado que bien puede caracterizarse como res nullius, es decir, sin dueño. Basta con analizar el mapa geográfico mundial, para comprobar que a través del tiempo surgieron, – y surgen – nuevos países: ¿son nuevos dueños? Entonces no es descabellado, ni mucho menos, pensar que, si cualquier nación depositaria de semejante riqueza, permite, fomenta o tolera la masacre de animales, o la provoca con políticas perversas, otras tienen el derecho a intentar el salvataje de lo que es patrimonio de la toda la humanidad. No debemos olvidar que, en la misma dirección, varios Estados del continente europeo decidieron, – y es un precedente – trasplantar especies degradadas por la II Guerra Mundial, hacia otras de ultramar, donde se reprodujeron con tanto éxito que fueron retornadas, genéticamente regeneradas, a su hábitat de origen. Sirva como ejemplo el caso del ciervo colorado (cervus elaphus), en alerta roja en el oriente europeo luego de la Gran Conflagración. Reubicado en el Reino Unido y mediante un manejo de excelencia a lo largo de varias generaciones, se reprodujo cuantitativa y cualitativamente, recobrando y acreciendo sus características genéticas perdidas. Hoy Gran Bretaña es uno de los mayores exportadores de sementales y hembras del mundo. Otro ejemplo que desmiente cualquier objeción al ideario del país norteamericano, es Nueva Zelanda, un nicho del colorado introducido, que ha producido muchos récords mundiales, similares y/o superiores a las que reinaron hace más de cuatrocientos años.

Salvando las distancias, tenemos un ejemplo en nuestro país. Desde que don Pedro Luro abandonó la protección del colorado, que había importado de Europa a principio del siglo XIX, ha imperado, sin prisa ni pausa, el descuido, desinterés, desidia y desmanejo del ungulado, ocasionando su decadencia hasta hoy, según se puede comprobar en los fundos que no han querido o podido, incorporar genética importada, aunque existen más que honrosas excepciones. Desde algunos sectores del sector privado, se han conseguido resultados competitivos a nivel mundial. Un ejemplo destacado, es el esfuerzo del Arq. Fermín Srur que, en su Establecimiento San Pedro, ubicado en Pringles, provincia de Buenos Aires, logró – a lo largo de casi dos décadas de trabajo fecundo -, desarrollar tecnología, alimentación, tratamiento, hábitat, sanidad, etc. fenomenales. Sus machos y hembras de colorado, dama, muflón, y otros, pueden competir, sin dar ventajas, con los mejores a nivel mundial. La ímproba tarea de este pionero, y una inversión inestimable en tiempo y fondos, ha culminado con un logro que premia, en parte, su labor: exportar reproductores, a los países desde donde importó, hace muchos años, sus primeros ejemplares. En un futuro no muy lejano, los cazadores nativos podremos lograr grandes trofeos, sin necesidad de viajes y onerosas inversiones.

Este esfuerzo, que nos posiciona entre las naciones de avanzada en la materia, merece que las autoridades – por una vez al menos – apoyen con toda la fuerza de la estructura estatal a la actividad cinegética, que motoriza turismo, trabajo rural, ingreso de divisas, industria textil, armería, cuchillería, equipos especiales, etc. etc. Créditos blandos, permisos de importación y/o exportación, sin las conocidas trabas burocráticas actuales, apoyo sanitario, leyes consensuadas, ordenamiento científico y protección contra el vandalismo, entre otras cosas, ayudarían.  

 

Carlos Rebella.

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