Para comprender mejor el problema y la forma en que hemos debido encararlo, tendremos que entrar en la formación de las razas, es decir, qué factores influyen en su genética, en la formación y afianzamiento de los instintos que caracterizan a cada especie o variedad.
Recordemos que todas las razas, sean de perros o de cualquier otra especie, son el resultado de dos circunstancias, que las condicionan: herencia ancestral y gimnasia funcional. Es decir, que son el producto de padre más madre por ejercicio. La vieja fórmula: P + M X E.
La herencia ancestral, o sea el pedigree, es la influencia que el sujeto recibe de sus antecesores, es decir, padres, abuelos, bisabuelos, etc. Todos los que lo precedieron en la ascendencia. Es la herencia de la sangre que se lleva en las venas. El segundo factor, la gimnasia funcional, se refiere al trabajo, tarea o misión que el sujeto ha cumplido por varias generaciones, el ejercicio a que fueron sometidos sus miembros, sus órganos o sus sentidos.
Ese trabajo, esa gimnasia, generación tras generación, es lo que va fijando los caracteres de las razas, lo que va agudizando los sentidos -vista, oído, olfato-, adaptando el físico al destino que se le da a cada sujeto -fuerza, resistencia, color, velocidad, calidad y largo del pelo, etc.- y acrecentando las condiciones temperamentales o psíquicas -valor, decisión para el ataque, entusiasmo, voluntad para cumplir su cometido, agilidad mental, fidelidad al amo, desconfianza a los extraños, etc.
Biológicamente diríamos que el «Bio-Tipo», o sea la individualidad total, está formado por el «Geno-Tipo» (a manera de ejemplo diríamos que vendría a ser el núcleo de la célula) y el «Para-Tipo», que vendría a ser el protoplasma, correspondiendo el Geno-Tipo a la herencia ancestral y el Para-Tipo a la gimnasia funcional, al ejercicio, educación, trabajo o como quiera llamárselo.
El primero, o sea el geno-tipo, constituiría el impulso biológico inicial, dado por la herencia de cada individuo, factor no influenciable; el segundo, o para-tipo, sería el factor adquirido, influenciable, dado por las circunstancias externas, género de vida, educación, alimento, ejercicio, etc.
Al respecto dice el creador de la raza, en su libro referido a la educación física de la juventud, titulado «Las Bases Biológicas de la Educación Física» (Editorial Universidad de Córdoba, año 1944, pág. 49): «Al denominar el impulso biológico inicial, es decir, aquel que hace que el hijo se parezca al padre o a sus ascendientes de raza, como factor no influenciable, me refiero solamente al hecho consumado de la herencia individual, pero no a que ese impulso biológico inicial no pueda ser modificado en el curso de las generaciones por la educación física, porque sería negar hechos biológicos incontrovertibles, como la selección natural de las especies, el mejoramiento de las razas, base de la zootecnia.
«Para nosotros la representación esquemática del biotipo individual, la tenemos en dos círculos concéntricos, cuya área interior corresponde al genotipo y el área de la corona circular al paratipo. «A medida que los factores influenciables o paratipos (alimentación, género de vida, educación física, etc.) actúan en forma continuada a través de las generaciones, el área de la corona circular irá aumentando a expensas del área del círculo interior o geno-tipo, hasta ser predominante y absorbente.»
«Este esquema muestra cómo puede ser modificado por la influencia continuada del medio, a través de varias generaciones, el genotipo, esquema que considero no sólo válido para la educación física, mejorando los tipos humanos desde el punto de vista de su morfología, sino también para la educación intelectual y moral, que continuada a través de las generaciones, dará por resultado una elevación del nivel medio social, al mismo tiempo que demuestra cómo esta educación es capaz de actuar favorablemente sobre la descendencia de individuos tarados.»
En el mismo sentido nos lo explica el profesor J. Ruffié, experto en problemas raciales de la UNESCO, cuando afirma: «La raza, como hoy se la concibe, no es más que lo que se da en equilibrio entre un patrimonio genético heredado de muchas generaciones y las condiciones ambientales que han influenciado sobre factores de adaptación corporal, favoreciendo el desarrollo de algunos en ‘detrimento de otros. Así es como luego de mucho tiempo, cada modificación puede significar la modificación del patrimonio genético de una población inclusive su tipo racial».
Volviendo a nuestro tema, la misión -por ejemplo, que en la selección del caballo cumplen los hipódromos y pruebas hípicas en general, está basada en esta fórmula, siendo las carreras la gimnasia funcional necesaria para el mantenimiento de la velocidad y resistencia del caballo, condición primigenia de su habilidad, como animal de guerra, de trabajo o deporte.
Si durante varias generaciones criamos caballos pura sangre de carrera de gran pedigree, pero nunca los hacemos correr y los mantenernos siempre encerrados en sus boxes, por más y mejor selección de pedigree que hagamos, llegará un momento en que se les podrá ganar con un percherón.
De nada les valdrá el mejor origen, su gran pedigree, su histórico ancestro, si pesan sobre sus antepasados varias generaciones de inacción, de inactividad, de estatismo, si están carentes de gimnasia funcional, es decir, sin el ejercicio que significan las carreras, sin esa prueba elemental de suficiencia.
Volviendo a nuestro tema, en los perros ocurre igual. Las razas que fueron hechas por el hombre, siglos atrás, para caza mayor y que en la actualidad conocemos en nuestras exposiciones como pertenecientes al grupo rastro y que en idioma inglés designan «Hounds», tienen sin duda excelentes pedigrees, habiendo algunas cuyos registros genealógicos se remontan a más de cien generaciones de ejemplares puros y cuya genealogía se lleva con sumo cuidado. Es decir, que la herencia ancestral permanece incólume, incontaminada, como en un castillo de cristal. No podemos decir lo mismo, en cambio, respecto a la gimnasia funcional, la otra condición sine-quanon para que se conserven las cualidades para las que fue creada la raza.
Sea porque en los países de que son originarios fueron prohibidas las cacerías de felinos, súnidos, cánidos o cérvidos con perros, sea porque aquellas especies salvajes se terminaron, lo real es que hace cientos de años muchas razas no se ejercitan en su función específica Hace más de doscientos años que en Irlanda no hay lobo salvaje en condiciones de ser cazado con perros. ¿Cuánto hace que el gigantesco Irish Wolf Hound, cazador, de lobos; por excelencia, no sigue el rastro ni pelea con un lobo?
Leamos por ahí que cuando a Lord Byron le ofreció una a una amiga un cachorro Irish Wolf Hound para sustituir a, su famoso Maida, a quien el poeta dedicó, a su muerte tan sentidas poesías, el gran vate británico le respondió «¿Para qué quiero un cazador de lobos, si en toda Irlanda no hay más que un lobo, y éste está en el zoológico? «.
De ahí que el Irish Wolf Hound, o cazador de lobos irlandés, el gigantesco galgo de hermosa estampa, buen perro de guardia y amigo fiel del hogar, ha perdido su entusiasmo para la caza, su valor qué hace seiscientos años era legendario y su olfato para seguir los rastros. Seguramente ahora tenemos ejemplares de esa raza que superan en belleza, tamaño y pelaje a los que en la época del dominio de los romanos, en el año 391 después de Jesucristo, hizo decir en carta del Cónsul Quintus Symmadióchus a su hermano Flavianus, que los grandes galgos que le enviara desde Irlanda para las peleas con leones africanos en el Coliseo, «los aplaudió todo Roma por su valor salvaje».
Pero los siglos de inactividad no han transcurrido en vano y los ejemplares actuales de esa raza han sufrido la influencia regresiva de la falta de ejercicio, de gimnasia funcional, carecen en su historia reciente de lobos en su haber.
Lo que decimos de este gigantesco galgo de Irlanda es de exacta aplicación a los Deerhound o Galgo Escocés, que eran en su origen cazadores de ciervos, como su nombre lo indica, y los Borzoi o galgos rusos -Cazadores de Lobos Ruso- les llaman los americanos, Afganos, Salukis, etc., pues ¿cuánto hace que los Deerhounds no corren tras de un ciervo? ¿Cuántos que ese veloz cazador de las estepas que era el Borzoi no persigue una manada de lobos? ¿De cuántos años a la fecha los Afgan Hounds y los Salukis no cazan gacelas corriendo sobre las calientes arenas de los desiertos africanos? ¿Cuántos que los Rhodesian Ridgeback, o su antecesor el Phu Quoc, no luchan con leones en el Transvaal o la Rhodesia? Dentro de las razas de trabajo hay muchas que fueron cazadoras en sus comienzos, como el Gran Danés o Dogo de Ulm, que era un verdadero Board Hound, o cazador de jabalíes. ¿Cuántas generaciones llevan estos espléndidos perros sin enfrentar los jabalíes en los montes Vosgos?
Viendo a otras razas de los grupos Terrier y compañía, como los Bulterriers y Bulldog Inglés. valientes gladiadores que fueron creadores y especializados, los primeros, para las peleas entre sí, y los segundos para luchar con otros, cabe recordar que en 1826 se prohibieron en su país de origen, Inglaterra, los «Bull-baiting» y los «Dog-fightinng». Hace pues más de cien años que, al menos oficialmente, estos perros no ejercitan sus condiciones, es decir, que carecen de gimnasia funcional (págs. 27 y 28).
De ahí lo reducido del tamaño de ambos. La conformación de la boca del Bulldog actual hace que no pueda mantener la presa, porque se ahoga. Sus torcidas y cortas piernas y su conformación general han hecho del Bulldog un «Non Sporting Dog», como se los clasifica en las actuales ‘exposiciones, habiendo sido el «Sporting Dog» por excelencia. El Bullterrier ha disminuido tanto de tamaño que se ha debido hacer una variedad de «Mini Bullterrier», especie de Bullterrier de bolsillo, que es la variedad miniatura de esta raza.
Y aún la variedad standard ha disminuido tanto en su físico, que estando yo en Inglaterra, en la exposición Birmingham visitaba el pabellón de los Bullterrier y creía estar viendo la variedad miniatura cuando, estudiando el catálogo, caí en la cuenta que tenía frente a mí al Bullterrier standard. Tanto es lo que se ha achicado este ex gladiador de los caninos, por falta de gimnasia funcional.
Esa falta de ejercicio a través de las generaciones es lo que ha hecho que muchas de esas razas, especialmente las grandes, no obstante, la pureza de sangre y el cuidado con que se han llevado sus pedigrees, hayan perdido en mucho -algunas del todo- sus cualidades innatas de cazadores que los caracterizó durante siglos. La falta de ejercicio razonable y del uso adecuado de sus órganos, les ha hecho perder no solamente sus condiciones físicas -la función hace al órgano-, sino también, y esto es de suma importancia, las temperamentales de carácter e instinto de cazador, de valor, tenacidad, empeño e interés en la persecución y caza de las fieras del bosque.
Muchas generaciones de molicie e inactividad han transformado ejemplares rústicos y sufridos en animales bonitos y elegantes, pero inútiles para la caza mayor. Algunos se han convertido sólo en perros de compañía, otras .se volvieron perros de trabajo o simplemente quedaron reducidos a perros de adorno.
La vida regalada, la molicie, la falta de trabajo adecuado los va llevando por el camino de la decadencia, como, a los pueblos que abandonan el áspero y fecundo camino de Atenas para tomar el más cómodo y fácil camino de Bizancio …
Entre los pequeños terriers, en cambio, si bien se han modificado algunas cualidades somáticas, de pelo, forma, tamaño, etc., el valor y decisión para el combate se han mantenido casi incólumes, porque en sus países de origen, como en el nuevo continente, los animales salvajes para cuya caza fueron creados: ratas, tejones, badgers, nutrias, hurones, martas, comadrejas, etc., existen en mayor o menor número en el mundo civilizado y siempre tienen oportunidad de ejercitar su instinto cazador, cosa que no ocurre en las razas destinadas a la caza de lobos, jabalíes osos, etc., extinguidos hace ya tiempo en los países en que nacieron las razas para caza mayor. De ahí el tremendo valor que todavía conservan esos pequeños terriers, en relación a su tamaño.
En contraposición a lo que dejamos arriba expuesto, constatamos que las razas que han continuado recibiendo los beneficios de la gimnasia funcional, no sólo han conservado sus cualidades innatas de cazadores, sino que las han acrecentado con el correr del tiempo. Es lo que ocurre con los Pointers, Setters, Spaniels, Spinones, etcétera, que tan bien conservan sus aptitudes para la caza de pluma.
Y aún entre esas razas de perros de muestra, notamos una característica que ratifica la teoría. El Setter, en sus tres variedades: Inglés, Irlandés y Gordon o Escocés, que por la belleza de su pelaje su pusieron de moda en el siglo XX como perros de lujo, es una de las razas de caza en que más tarda en despertar el instinto cazador y una de las que más trabajo cuesta para enseñar, al menos en comparación con el Pointer de pedigree, el que prácticamente, como decimos los aficionados a la perdiz, «salen cazando» el primer día que lo llevamos al campo. Ello es consecuencia de que difícilmente alguien que tenga un Pointer no lo enseñe a cazar. Quien haya enseñado Pointers y Setters lo sabe muy bien y cualquiera que experimente al respecto lo confirmaría.
Cabe recordar aquí algunas palabras pronunciadas por el creador de la raza, en una conferencia que dio a publicidad en la revista Diana, ejemplar de octubre de 1947, en que dice, refiriéndose al control que precisan todas las razas: «Esta vigilancia es indispensable en todas las razas por una razón de biología general, porque en biología el dinamismo es la vida; la inercia es la muerte. Las especies y las razas que no mejoran, desmejoran las que no evolucionan involucionan, pero involucionar es retrogradar, es desandar el camino recorrido en el transcurso de las generaciones es sinónimo de degenerar, porque es perder cualidades adquiridas para el fin propuesto”.
En igual sentido podemos referirnos al factor velocidad, en las distintas especies de lebreles Dentro de esta variedad de galgos, el Greyhound. o Galgo Inglés, es el más veloz de sus congéneres, velocidad que mantiene a través de los tiempos y por sobre las generaciones, gracias a los «Coursings» tan en boga en Inglaterra y en Estados Unidos y a los canódromos existentes allí y en muchos otros países del mundo, pues aun cuando la carrera sea tras una liebre mecánica, la gimnasia funcional es la misma.
Cabe recordar aquí, que en 1825 Molyneux fundó el Altcar Coursing Club, corriendo las primeras carreras en los campos de su padre, que era Earl de Sefton, en Altcar, vecino a Liverpool, de donde el Club tomó el nombre.
Desde entonces el club organizó una competencia anual que, en 1836, a raíz de que se reunían los participantes a cenar en el Waterloo hotel, se disputó la copa Waterloo, que hasta la fecha se viene corriendo todos los años. Desde entonces se conservan los pedigrees y records cuidadosamente, de manera que remontándonos en el estudio del pedigree de una buena línea de Greyhound llegamos a «Milanie», el ganador de la famosa copa Waterloo en 1836 y que era propiedad de Lord Molyneux. Y como estos galgos procedían de los de Lord Orford, fundador del Sdaffhan Club, que organizaba carreras en Norfolk desde 1776, y dio las reglas de los «coursings», que con pocas variantes se conservan hasta hoy, es de suponer que el pedigree de un Greyhound pueda remontarse a casi doscientos años, lo que significa una larga selección, acompañada de gimnasia funcional ininterrumpida hasta hoy.
Ello ha traído una lógica superioridad en lo que a velocidad se refiere, del Galgo Inglés, con respecto a las otras variedades de galgos, lo que es natural, porque los otros galgos no han continuado el ejercicio de la caza activa a través de los años, por las razones arriba apuntadas.
Hay otras razas de caza de montería, como los Foxhounds Ingleses y Americanos, los Harriers, Beagles, Basset, etc., que conservan sus cualidades de cazadores, características de la raza, porque se ha continuado haciéndoles cazar, especialmente en la caza del zorro, para cuyos fines en Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Canadá, Alemania, Sud África, la India, etc., se mantienen aún buen número de jaurías, sea en algunas familias adineradas, sea en clubes especializados.
Estas razas no dan resultado práctico en nuestros campos para la caza de montería y destrucción de las especies depredadoras, porque no fueron hechas para exterminar ninguna especie dañina, sino para «Deporte», es decir, como medio o pretexto para la práctica de la equitación a «Plain air», para la cacería en sí, como un fin y no como un medio, como un pasatiempo para que el hombre de ciudad se dé ese «baño de humanidad a que se refiere Ortega y Gasset en su prólogo al libro «20 años de caza mayor» del Conde de Yebes, fin muy distinto por cierto al de matar especies dañinas.
Un ejemplo nos aclarará. mejor las cosas. El Foxhound es un excelente rastreador de zorros y, debidamente enseñado, rastrea perfectamente al jabalí, puma o ciervo. Pero esa raza fue creada y mantenida para el deporte y solaz de «Gentlemen Riders», es decir, de señores elegantemente vestidos que se divertían -y aún lo hacen corriendo sobre recios hunters, en bulliciosa y colorida cabalgata, en que veinte o treinta jinetes y amazonas galopan tras otros tantos perros que, a su vez, siguen el rastro fresco de un zorro, al que ahuyentan con sus ladridos.
Sabido es que el principal objeto de tales cacerías no es el de acabar con el zorro en tan despareja lucha -un zorro de diez o doce kilos frente a treinta o más perros de cuarenta kilos-, sino la diversión de los participantes. Por tal motivo la raza Foxhound ha sido acondicionada a tales fines deportivos. Es por ello que la primera condición de un buen Foxhound es la de saber aullar con su típica y atronadora voz, al encuentro del primer rastro o indicio del carnicero o cérvido perseguido. Ello significa que inmediatamente la alimaña queda sobre aviso y comienza a huir. Para un bosque europeo, casi un parque, rodeado de poblaciones, el ladrido significa el comienzo de un «coursing» que tarde o temprano concluirá con la pérdida del zorro metido en su madriguera o la muerte del mismo acorralado por lo limitado del escenario y la abrumadora mayoría de sus perseguidores. Y si logra esconderse o escapar, tanto mejor, porque así volverá a servir para la próxima cabalgata.
Pero esa misma escena, en uno de nuestros inconmensurables montes, significará la pérdida segura de la fiera perseguida. El ladrido de los perros sobre el rastro alertará a la pieza, que escapará a montes vecinos y de allí a otros y otros cada vez más lejos hasta ponerse a salvo de sus perseguidores, que con incesantes aullidos lo irán poniendo sobre aviso cada vez que se aproximen.
Cabe recordar aquí que el viejo standard del Foxhound especifica un ladrido tan fuerte «como las campanas de Moscú» -«Lika Moscow’s Bell»- reza textualmente, es decir, que debía escucharse tan lejos como aquellas potentes campanas. Si esa potencia de voz era y es una ventaja para orientar a los deportistas ecuestres en el bosque europeo, constituye una enorme desventaja en nuestro medio, donde lo que se quiere es cazar el jabalí, zorro, puma, araguá-guazú o jaguar, y no correr oficiosamente una o dos horas tras el lírico aullar de una hermosa jauría.
En un extenso artículo sobre el Foxhound Inglés que escribe E. C. Harrison en la enciclopedia canina y de deportes ecuestres titulada «The Book of the Dog», editada por Brian Vesey-Fitzgerald, se consignan datos interesantes de esta raza, los que por provenir de un autor de esa categoría, especializado en la raza, y ratificar los conceptos que dejo expuestos, me parece oportuno transcribir. Dice entre otras cosas, muy interesantes por cierto, pero que brevitatis causa omito consignar, en pág. 752: «Los perros que no ladran en seguida, permaneciendo mudos, deben ser destruidos o al menos retirados de la jauría de inmediato, cualesquiera que sean las otras buenas cualidades que tengan. Un perro mudo se va a cortar solo, guiado por su olfato, y arruinará la chance de una buena partida. Algunos Foxhounds se vuelven mudos, por celos, cuando se dan cuenta que ya no son «leader» en la jauría. Sacar cría de alguno de estos perros que tienen tendencia a no ladrar el rastro, será traerse futuras dificultades que serán difícil erradicar».
Yo habría escrito lo contrario: que ese perro «mudo» es un animal inteligente y que se dio cuenta que la única forma de agarrar el zorro es llegar a él en silencio, para no espantarlo, Pero el autor sostiene que el perro debe ladrar de continuo, para el éxito de la cabalgata. Es decir, para que dispare el zorro delante y los perros detrás, pudiendo así los jinetes seguir a éstos y practicar el «coursing» y hacer equitación en alta escuela, fin primordial en esta clase de cacerías.
Hablando del valor del Foxhound, afirma: «Coraje es una cualidad esencial en estos perros, lo que se necesita para enfrentar espesos matorrales, densas zarzas al recorrer el bosque, pasar sobre cercos espinosos, cruzar anchos ríos y saltar grandes obstáculos. Se ha sostenido que un solo Foxhound debe ser capaz de parar un zorro sin ayuda y que puede ser capaz de matarlo sin ayuda de los otros perros. Aunque ese coraje puede ser admirable en sí, la chance de una buena cacería se puede ver perjudicada si, al penetrar el bosque, un Foxhound fuera capaz de matar él solo al zorro. Es muy raro encontrar un Foxhound que pueda parar y matar un zorro en buen estado, aunque es posible que un solo perro sea capaz en ciertas circunstancias, de parar un zorro cansado».
A confesión de parte, relevo de pruebas, decimos en derecho. Pero lo que acota Mr. Harrison en su interesante y completo artículo’ sobre esta noble raza de los Foxhounds, es lógico en razón del objeto de la cacería con estas jaurías, que es únicamente hacer equitación, Por eso afirma que perjudica la cacería si un perro, en vez de ahuyentar al zorro con sus ladridos, le da alcance y lo mata, que es en cambio lo que nosotros pretendemos y que es lo que se ha buscado en el Dogo Argentino. Y recordemos que el zorro inglés es más pequeño que el zorro común de las provincias argentinas. ¿Qué papel pueden hacer esos perros, enfrentando individualmente a nuestro zorro colorado de la Patagonia, que es tan grande como el coyote de las praderas de Norte América, o frente a un aguará-guazú, un puma, un pecarí o un jabalí europeo del tamaño de los que tenemos en nuestras provincias del sur?
Por eso es congruente cuando en pág. 754 del libro citado, el autor se pregunta: «¿Cazamos nosotros por «matar» zorros o para divertirnos? ¿No gozaremos más permitiendo que unos cuantos zorros escapen o puedan procrear, cazando con perros lentos, que permiten a todos los cazadores seguir tranquilamente la cacería? «.
Y respecto al número de perros necesarios para formar una jauría, también nos aporta datos que abogan por nuestra tesis y se refiere al número y edad de perros que deben constituir una jauría. Dice en pág. 755 de la obra a que nos venimos refiriendo: «En una jauría de 25 parejas de Foxhounds es ideal que haya tres parejas de perros que hayan cazado con anterioridad cuatro o más temporadas. Seis parejas de tres temporadas. Siete parejas de segunda temporada y nueve parejas que salgan al campo en primera temporada’.’. Es decir, que esta jauría «ideal», para ir tras un pequeño zorro debe estar constituida por cincuenta perros.
René Valette, en su conocido libro «La Chasse á Courre et á tir», va aún más lejos, pues afirma en el prefacio de su obra que: «La caza de zorros, jabalíes y ciervos, con jauría y de a caballo, no se compone solamente de un conjunto de sesenta a ochenta perros, de bellos trajes rojos, verdes y azules, con galones dorados en las solapas, trompetas brillantes y caballos de raza, etc».
El ex presidente de Estados Unidos de Norte América Teodoro Roosevelt, que tanto cazó en su país como en Europa, Africa y la India, en su libro «Big Game Hunting in the Rockies and on the Great Plains» dice, en pág. 258, edición de lujo de Pulman’s Sons, 1899, refiriéndose a la jauría del general Wade Hampton con la que el autor del libro cazó mucho tiempo: «El general Hampton cazaba con una numerosa jauría de Foxhounds, que los dirigía unas veces él mismo y otras su cazador negro. Generalmente llevaba al campo cuarenta perros a la vez».
Ese elevado número de perros los puede mantener o una familia de mucha fortuna o un club de socios pudientes, pero va de suyo que es antieconómico que en nuestras estancias argentinas hubiéramos de mantener tan numerosa jauría, aun cuando sus componentes fueran capaces de matar un zorro.
En Canadá he participado en el «Ottawa Hunting Club», de cacerías con Foxhounds, en que doce parejas corrían, no tras el rastro de un zorro, sino tras la huella de una bolsa empapada en citronela que un ayudante, de a caballo, arrastraba por el campo momentos antes que el «Master of Hounds» saliera con la jauría hacia el rastro, que en cuanto lo tomaban, daban comienzo a un verdadero concierto de voces aflautadas tras el cual corríamos nosotros en excelentes caballos. Al poco rato de andar arrastrando la bolsa por el campo, la colocaba dentro de una pequeña jaula que con un zorro adentro llevaba en su cabalgadura, se apeaba, escondía todo entre el monte y desaparecía. Al cabo llegaban los perros guiados por su excelente olfato, rodeaban la jaula y los atronadores aullidos «Like Moscow’s Bell» nos orientaban a los jinetes, que llegábamos finalmente al lugar y se daba por concluida la cacería, o, mejor dicho, el paseo a caballo por esos hermosos bosques que rodean la capital canadiense. Y la bolsa empapada de citronela servía para otra vez y el zorrito que estaba dentro de la jaula seguía gozando de buena salud …
Unas cuantas generaciones de Foxhounds siguiendo tras una bolsa mojada en citronela y habrán perdido por completo su instinto cazador, que se afianzó en siglos de ejercicios adecuados. Vemos, pues, que estos «Hounds» no son apropiados para el fin que nosotros nos teníamos propuesto. Por otra parte, ya que han hecho muchos experimentos con esta raza, sin que se pudieran obtener buenos resultados, por las razones apuntadas.
Lo que consignamos del Foxhound es igualmente aplicable a los Harries, Beagles, Basset, etcétera, y con mayor razón, dado el pequeño tamaño de estas razas.
Los grandes Hounds, como los galgos Irlandeses, Escoceses, etcétera, que nosotros hemos importado y probado durante muchos años y tras varias generaciones, y que aún los conservamos por sus extraordinarias condiciones para el hogar, por su mansedumbre e inteligencia, no dan resultados en la caza mayor, no obstante que son perros silenciosos, porque han perdido, por la inactividad de muchas generaciones, su interés en la caza, su valor para aguantar los zarpazos del puma o los colmillos del jabalí.
Esta condición del valor para aguantar sin ceder a los ataques de la fiera, es indispensable para dar tiempo al cazador que avanza entre la maraña del bosque y pueda ultimar a la fiera antes que la fiera termine con ellos o los lastime malamente.
Tienen, además, el inconveniente de su gran tamaño, que les hace dificultoso su desplazamiento dentro del bosque, lo que permite al jabalí herirlo fácilmente. Asimismo, cabe agregar que su pelo largo y el color gris oscuro lo hacen confundirse con el color del monte o con el de la fiera, especialmente el jabalí, en cuyo color y largo de pelo se parecen, con lo que están muy expuestos a ser heridos por el cazador en la excitación de la caza.
Hemos estimado siempre que es una crueldad hacer luchar a uno o varios perros que no reúnan las condiciones físicas apropiadas, contra un jabalí europeo, un puma, un aguará guazú, un jaguar o uno de esos enormes zorros colorados de la Patagonia, verdaderos lobos por su fuerza y tamaño, como sería un despropósito antideportivo hacer boxear un peso pluma con un pesado. Cualquiera de los pequeños terriers, por ejemplo, en lucha contra alguno de los grandes carniceros arriba citados, sucumbiría sin duda, por tratarse de perros dotados de un gran valor, que excede a su pequeño físico.
Lo mismo resulta una crueldad llevar de caza a un Bulldog Inglés, cuya contextura actual ha hecho que en las modernas exposiciones se lo clasifique entre los «Non Sporting Dogs», habiendo sido creada la raza para duros combates con toros. Hoy, sus cortas y torcidas extremidades no le permiten seguir el galope del caballo por un tiempo prudencial, a la par que carecen de olfato, su excesivo prognatismo los ahoga al morder porque se les llena la boca de presa, privando así a sus reducidos conductos nasales de respirar con soltura. Esta crueldad será mayor si recordamos que el extraordinario valor que por atavismo conservan muchos de estos nobles animales hará que rindan hasta el último esfuerzo, e inclusive que dejen su vida en la lucha.
Todos los ejemplares de estas razas a que me he referido anteriormente en el curso de este capítulo, son excelentes y fieles amigos del hombre, guardianes de nuestros hogares y leales e incondicionales compañeros de nuestros hijos. Siempre será justo y laudable el empeño que pongamos por el mejoramiento y perfección de dichas razas, que tantos adeptos tienen en el mundo y en nuestro país. Debemos felicitarnos de los progresos que constatamos a diario, especialmente en estos últimos años, desde que la Federación Cinológica Argentina ha tomado con tanto acierto las riendas de la cinofilia en nuestro país. Pero no debemos llevarlos al monte y exigirles un esfuerzo desproporcionado a sus respectivos físicos.
Si bien en la caza de montería la jauría debe tener alguna «chance» o correr un albur, no es legítimo llevar a nuestro noble amigo a una muerte segura, sabiendo su «hándicap”; en contra, en relación con la pieza que debe cazar.
Estas razones, que hemos tratado de sintetizar lo mejor posible en las páginas precedentes y que son producto de nuestros estudios de las características de las distinta razas y de la experiencia de toda una vida, son las que nos hicieron ver la necesidad de una raza criolla que por sus condiciones somáticas, temperamentales, agudeza de sentidos, proporciones físicas, conformación de cráneo, modo de cazar, velocidad dentro del monte, valor para la lucha, entusiasmo para perseguir la caza de pelo y luchar con ella hasta el último aliento, fuera apta para la caza mayor en nuestro país.
El Dogo Argentino
By Agustín Nores Martínez
Suscribite a nuestro canal de YouTube y descubre con nosotros distintos cotos de caza de la República Argentina.
Conocerás el establecimiento, los servicios que ofrece, las especies a cazar y toda la información que el cazador quiere saber.