¿Ahora que hago?

Javier Fernández

Ya había transcurrido casi un mes y no lograba sacar de mi mente el padrillo al que le había errado la luna anterior, y solo por mi negligencia de no verificar si la punta de caza centraba como la de práctica… Aún me acompañaba el dolor y la desilusión de haber dejado ir ese chancho que venía siguiendo por meses.

Con una luna nuevamente casi llena, partimos con mi fiel compañero de andanzas de vuelta al campo, dispuestos a trabajar y preparar todo para la semana siguiente, que sería cuando nos apostaríamos. Recorrimos los cebaderos y acomodamos algunos de los apostaderos para poder llevar mejor las frías noches de invierno que se nos venían.
Comenzamos por donde había desaprovechado mi oportunidad anterior, comprobando tristemente que el padrillo no había vuelto más… recubrimos bien el apostadero para futuras esperas o para cuando se volvieran a llegar estos benditos suidos.

Seguimos por algunos más, y nada, solo rastros muy viejos. ¿Qué pasó? Todavía hoy me pregunto… ¿Dónde fueron a parar todos esos chanchos que visitaban noche tras noche los cebaderos en busca de maíz? ¿Se mudó la tropa? ¿Estará comiendo en los maizales? Algunas de las tantas preguntas que surgían.

Pero no todas eran malas, una grata sorpresa nos llevamos en los cebaderos del “cerro” y de “la pirca”. ¡Impresionante – Acá están dijimos -! Hacía tiempo que no veía tantas huellas. Con otro ánimo y entusiasmo decidimos acondicionar, de la mejor manera posible, esos apostaderos, que son castigados por el helado viento que baja como cuchillas desde los cerros. Cebamos y también colocamos cámaras trampas, así podríamos saber si eran tropillas nuevas o las que ya conocíamos y también por qué no, si andaba algún padrillo mañero que se quisiera llegar a los ganchos.

Ahora solo quedaba esperar…

Una semana después, con mucha ansiedad, emprendimos rumbo a lo que, hasta el momento no sabíamos, sería una cacería soñada.

Acomodamos rápidamente los monos y nos dispusimos a hacer un buen asado (¡cómo corresponde!) bajo un cielo cargado que amenazaba mojarnos. Luego de almorzar tomamos una buena siesta que nos ayudase a pasar toda la noche apostados. Al levantarnos notamos que el clima había comenzado a mejorar, por lo que, como de costumbre antes de las 18 hs, me encontraba rumbo al apostadero.

Arco, silla, mochila y frazadas varias, me acompañaban a pasar una larga y muy fría noche de espera.

¡Una vez ahí, comencé por revisar las imágenes de la cámara trampa que había colocado la semana anterior, y vaya sorpresa! No salía de mi asombro, una chancha con cachorrones, entraba “al amanecer” cada dos o tres días. Un padrillo muy esquivo y desconfiado, siempre después de medianoche, rodeaba los rascaderos, sin animarse a darse él también el gusto de una buena refregada en alguno de los palos impregnados en aceite quemado. Hasta que llegué a la foto que me hizo entender el comportamiento de este animal. Otro padrillo más grande que él, era quien mandaba en el lugar. No dejaba planta sin rascarse, marcando también con su jeta llena de espuma, todo lo que tenía a su alcance. Yendo y viniendo 2 y hasta 3 veces la misma noche como dejando en claro que ese era su lugar y no estaba en sus planes compartirlo con ningún otro macho.

Esta noche se me da, pensaba al ir pasando de foto en foto y si no es esta, será otra, ¡pero ese padrillo tiene que ser mío!

Opté por colocarme “de entrada” una buena cantidad de ropa, más el mameluco térmico (fiel compañero para cazar apostado). Reservando las frazadas para lo que se venía como una madrugaba polar… El movimiento en el cebadero era demasiado prometedor y lo ameritaba.

Traté de imaginarme los distintos escenarios que podían presentarse si se me daba la oportunidad de soltar una flecha, tarea para nada sencilla para realizar de noche, incómodo y más petrificado como yo estaba con tanta ropa ¿Me paro para tirar? – Puedo llegar a hacer mucho ruido, pero voy a estar más cómodo ¿Enciendo la linterna? – Pueden asustarse y espantarlos a todos ¿Cómo hago para tirar con tanta ropa?… Eran algunas de las tantas incógnitas que revoloteaban en mi cabeza.

Las últimas luces del día, se llenaban del silencio que nos regala la naturaleza, aproveché para analizar y memorizar los puntos de tiro que podría tener, me acomodé, me mimeticé con el entorno, y en silencio me puse a apreciar mi arco nuevo, un HOYT Carbon Defiant, de 60 libras y una apertura de 29’’. Fue en ese momento cuando escuché el crujir de una hoja, levanto la vista, y nada… aunque presentía que algo había. Pasaron unos minutos que parecieron eternos y apareció. Se me llenó el culo de preguntas, era enorme, y notaba claramente blanquear sus ganchos en una jeta llena de espuma. – ¡Qué bestia! ¿Y ahora, qué hago…? Cazando con arco nunca había tenido ante mí un padrillo así y mi corazón lo sabía (o me explotaba o se me salía del pecho). Respiro profundo buscando tranquilizarme, aunque sea un poco, comienzo a observarlo y espero el momento preciso en que se rasca, para poder moverme. En un solo movimiento me paro y abro el arco, los segundos comenzaron a correr (parecían horas) y no tenía un tiro limpio a sus zonas vitales…

¿Qué hago ahora? – Me preguntaba – Si destenso y bajo el arco me puede escuchar/ver y si sigo con el arco tensado, me va a comenzar a chupar (no es tarea fácil aguantar tantas libras por un par de minutos). ¡Aguanta! Me repetía. Lo tenía dentro de mi scope, solo debía esperar que salga detrás del rascadero.

Y así fue… giró su cuerpo, se perfiló bien perpendicular a mi línea de tiro e instintivamente solté mi flecha. Una GOLDTIP Kinetic XT (spine 300 – 10,4 grains/pulg – largo 28,5’’) – Nock GOLDTIP – Plumas BLAZER (3×120° – 5×15 cm) – Incerto GOLDTIP – Punta de caza G5 Montec (100gn. – punta de caza fija de 3 filos) -Peso total de la flecha 454gn. a la que veo claramente salir desde mi arco y atravesar la mole. Corrió cerro abajo, yo solo podía observarlo, mientras tiritaba como un papel de tanta emoción (ansiedad, adrenalina, cagaso etc. etc. etc.) que cargaba.

¡Miro mi reloj y termino de comprobar lo afortunado que había sido, las 19:10 hs solo bastó una hora de acecho para estrenar de la mejor manera mi chiche nuevo y recordar porque amo tanto esto!

Al día siguiente, con las primeras luces y ya habiendo dejado que el cuerpo se enfríe, nos dispusimos a rastrearlo. Solo 50 m fueron los que logró recorrer, resultando una tarea sencilla y más rápida de lo que pensamos que sería, aunque no pasó lo mismo a la hora de despostarlo y sacarlo.

¡En la caza con arco, tienes muchas probabilidades de volver sin siquiera con una presa, el trofeo ya es algo hasta casi impensado, pero cuando se da, la alegría es indescriptible!

Suscribite al canal de Cazador en
YouTube

Suscribite al canal de Cazador en YouTube

Suscribite a nuestro canal de YouTube y descubre con nosotros distintos cotos de caza de la República  Argentina.
Conocerás el establecimiento, los servicios que ofrece, las especies a cazar y toda la información que el cazador quiere saber.

Seguinos también en