Al gato y al ratón

Hacían ya unas cuantas temporadas que, por mi propio oficio de guía de caza, no encontraba el tiempo para perderme detrás del culo de un buen ciervo y en plena brama.

Si bien es cierto que cuando uno se dedica profesionalmente a la actividad cinegética se caza mucho, pero con clientes, también es cierto que es muy difícil encontrar el tiempo de cazar para uno, y más en una época tan comprometida como esa.

Ese año tuve disponibles los primeros días del mes de abril. Con la fortuna que los montes pampeanos todavía se estremecían en bramidos.

Casi con la ansiedad de un novato, días antes de salir de caza, por mi cabeza solo se cruzaba la ilusión de encontrarme con un recurrente “DOCE”; animal que había visto y seguido, guiando cazadores, durante tres bramas consecutivas y por su astucia nunca dejó la más mínima posibilidad de cazarlo.

Ciervo del que me hubiese gustado encontrar y guardar sus volteos, porque en todas las oportunidades que lo vi, presentaba la misma formación y cantidad de puntas, cambiando solo el largo y grosor de una simétrica y pareja cornamenta. Lo cual me dio a entender que me encontraba ante un eterno, pero a mi gusto, “hermoso 12”. Que, por supuesto, ya contaba con las mañas de un ciervo adulto: conocedor como él solo de su entorno, bramaba y/o rezongaba más nada que poco, y con la particularidad que su harén (si así podemos llamarlo), lo conformaba solo una cierva vieja y su pichón del año anterior. Casi un matrimonio de años, que se veía solo en esa ocasión y por muy poco tiempo.

Aunque también mi presa cometía errores, y yo había aprendido a reconocerlos. Su sistemático comportamiento lo llevaba a bajar cada dos noches, bien entrada la madrugada, a revolcarse en un charco cercano a su dormidero. Hubiese sido “relativamente fácil” esperarlo y cazarlo en una de sus sesiones de spa nocturnas, pero me negaba a tomar cualquier tipo de ventaja ante tan majestuoso animal.  Consideraba que, de poder dar con él, debía ser al rececho y en brama, donde las probabilidades del éxito o fracaso, jugaban a un 50 y 50 para cada uno.

Comencé caminando bajo una tendida brama. Vi decenas de machos, incluso muchos mejores que él. Pero no lograban conquistarme… yo quería “ese doce” que era para mí, sin dudas el mejor desafío que se me había presentado en mucho tiempo. Los cazadores sabemos lo difícil que es dar con un ciervo de esas características en los campos abiertos de mi querida provincia La Pampa.

El pasar la mayor parte del año en los montes donde oficio como guía, me da la ventaja de estudiar y conocer las poblaciones, su comportamiento, hábitat, estado sanitario, etc. de los animales que allí frecuentan, y por supuesto cada rincón del lugar donde voy a cazar. Pero esta vez, se me puso difícil, mi ciervo siempre iba un paso delante de mí, dejándome en claro, que por algo es el Rey del Monte.

Era consciente que esta cacería se estaba volviendo casi una obsesión y que el tiempo jugaba en mi contra, ya que a un ciervo adulto no le dura mucho el celo y cuando quisiera acordar ya se le habrá terminado el amor por su madura compañera y se retiraría para no volver a verla hasta, dios mediante, la brama que viene.

Comenzaba mi quinto día consecutivo de caza, sin siquiera haberlo visto… ya la idea de no poder cobrarlo, revoloteaba molestamente en mis pensamientos.

Ese día llegué a oscuras a un molino, con la idea de tomar el viento y escuchar algún bramido o rezongo que me guiara a seguirlo. Una inoportuna coincidencia me dejó en dudas, se escucharon dos rezongos muy parecidos entre sí y característicos de ciervos adultos; uno hacia el Oeste y el otro hacia el Este, aunque con la suerte de contar con un suave viento Norte que no intervendría demasiado en mi acercamiento. Ahora el dilema… ¿Cuál era el mío?

Me decidí por el que rezongó al Oeste, y empecé a caminar a tranco lento, pero parejo, luego de un buen trecho y casi a mitad de camino, me sucedió algo que creo solo los cazadores podemos entender… Sentí que no era mi ciervo e inmediatamente pegué la vuelta sobre mis pasos y encaré al Este, directo hacia un bajo con una caldenada abierta, desde donde suponía había venido el otro rezongo y ahí debía estar mi ciervo.

Mientras me acercaba, lo escuché rezongar nuevamente, pero todavía estaba oscuro para definir como entrarle, por lo que decidí esperar a tener mejor luz. El “mientras tanto”, fue escuchando carreras y tosidos de cortejos típicos del celo, que no hacían otra cosa más, que complicar mi taquicardia…

Ya con suficiente claridad, decidí entrar a la caldenada, donde al poco andar pasa a unos 80 m de donde yo estaba, al trote y muy tranquila, una cierva sola. ¡Sí! – Era ella, “su chica”- “su cierva”.

Al verla, pero no verlo a él, decido bramarle. Para qué lo hice…, no tardó ni dos segundos en bramar él ahora, con un bramido corto, pero contundente, avisándome que venía por mí, y acto seguido apareció al trote, con sus guampas posadas sobre su lomo, brioso, desafiante y como loco buscando a quién se había atrevido a coquetear con su dama.

Me invadió la ansiedad y el miedo a perderlo nuevamente, y quién sabe si volvería a tener otra oportunidad de tenerlo frente a frente.

Atravesó un grueso caldén que me lo tapaba, tomé aire buscando calmar mi pulso y dejé que el .300 terminara este juego del gato y el ratón…

Cuando llegue al ciervo, una helada angustia y a su vez emoción, recorrían mi cuerpo. Eran fuertes sentimientos encontrados. Había conseguido lo que tanto deseaba, pero eso significaba el FIN… El fin de lo que había sido la persecución más larga de mi vida a un ciervo en particular. El fin a sentirme cautivado por tan astuto animal. El fin a noches de insomnio por él. EL FIN…

Yacía ante mí, lo que humildemente considero o significa un trofeo de Ciervo Colorado. Una gran cabeza, con rosetas bien pegadas al cráneo, hocico protuberante y un físico enorme, pero consumido por el celo, delataban su entrada edad, que por estas características calculé podía tener no menos de 7 u 8 años, bien cumplidos y bien criollo.

¡Y lo más importante, cazado como toca!

Este va a ser sin duda un ciervo que voy a recordar siempre y que va a tener un buen merecido lugar en casa.

Alvaro Cea

Suscribite al canal de Cazador en
YouTube

Suscribite al canal de Cazador en YouTube

Suscribite a nuestro canal de YouTube y descubre con nosotros distintos cotos de caza de la República  Argentina.
Conocerás el establecimiento, los servicios que ofrece, las especies a cazar y toda la información que el cazador quiere saber.

Seguinos también en