Carlos Rebella es un hombre que desde siempre estuvo involucrado en lo que, a la fauna, la caza mayor y conservacionismo, se refiere. Habiendo participado en: la creación de áreas protegidas, la primera ley de fauna, los primeros cotos de caza, fue asesor de Parques Nacionales, etc. etc. etc. Sabiendo exponer sus conocimientos en conferencias, charlas y en cuanto debate fuera convocado. Vale recordar cuando en una oportunidad fue invitado a un canal de TV, como el máximo referente argentino de la caza mayor, donde lo sentaron frente a un “pelotón de fusilamiento” compuesto por periodistas, pseudos ecologistas, protectores de animales y ambientalistas, a quienes con su paciencia y vasta sabiduría les explicó con lujos de detalles la labor del cazador deportivo en la conservación de la fauna y las especies, remarcándoles que uno de los mayores problemas que acechaba a nuestra fauna no eran precisamente los cazadores sino, y entre otras tantas cosas, la deforestación indiscriminada del hábitat natural de los animales, así como también el uso descontrolado de fumigantes en el agro ¿LO HABRÁN ENTENDIDO?
Paseó su Remington .300 WM por toda la geografía de la República Argentina, de norte a sur y de este a oeste, como así también en varios países de América y en el continente africano.
Autor de tres libros y cientos de notas en diarios y revistas de Argentina e incluso del exterior.
Hoy lleva más de cincuenta años atrapándonos con su pluma en incontables historias, de la cuales vienen a mi memoria algunas como: La Isla Talavera, publicada en la revista Weekend, a mi juicio, una de las mejores que redactó, tan es así que le valió el premio a la mejor nota del año de editorial Perfil. Otra digna de recordar fue la que escribió de sus aventuras en el Beni boliviano, nota muy larga que necesitó de varias ediciones consecutivas de la revista, pero sin desperdicios, atrapante de principio a fin. No puedo dejar de hacer mención a su participación la sección -La Última-, breves historias, algunas reales y otras no tanto, contadas en la última página de la revista Weekend, por ejemplo: El acordeón de Cholo, Atrapado sin salida, La renga, El telegrama o Furtivos los de antes, solo por nombrar algunas. Fueron tantas … que no creo que exista un cazador que no haya leído alguna, en alguna oportunidad.
Qué más puedo decirles que de seguro ya no conozcan de su costado público. Ahora les contaré, que como amigo es un tipo de una generosidad infinita, siempre dispuesto a ayudarte, aconsejarte y a compartir todos sus conocimientos, y cuando digo todos, son todos, no se guarda nada, tirando sobre la mesa todo su saber, que ha sabido alimentar con sus infinitas vivencias, en especial sobre el tema que apasiona a los lectores de este portal, “la caza mayor”. Quien, hasta no hace mucho tiempo, organizaba a menudo reuniones de entre 20 y 30 amigos cazadores, en su casa de José León Suárez, Buenos Aires, y como el excelente anfitrión que es, nos cocinaba (otra de sus pasiones) exquisitos platos con carnes de caza, y aquí debo hacer una mención especial para el Gulash de ciervo que preparaba del cual no pierdo la esperanza de volver a saborearlo.
Recuerdo que hace unos cuantos años, Carlos me comentó que quería conocer a Juan Carlos Joy, a quien él sabía que yo conocía de mis viajes y trabajos en Asunción. Joy, entre otras cosas, fue el autor del libro “El último Jaguar”. Un gran cazador argentino, radicado en Paraguay, quien fuera socio fundador de una importante empresa de safaris y donde también oficiaba como guía de caza. Hice extensivo el pedido de mi amigo, y Juan Carlos de inmediato aceptó con gusto esa invitación, ya que él también quería conocer a Rebella. Esta inolvidable reunión se concretó durante un viaje de Joy a Buenos Aires; nos juntamos en la casa de Carlos, quien invitó también a su amigo el Sr. Fulvio Ángel Razza, autor de varios libros cinegéticos, reconocido inclusive en el ambiente, por haber sido el creador y director de la revista Caza y Pesca. Fue una reunión inolvidable, llena de anécdotas, historias y recuerdos, que se prolongó hasta bien entrada la noche, donde disfruté de la compañía de tres verdaderas glorias de nuestro deporte preferido.
Hoy, con sus 90 y tantos años, sigue firme, empuñando la pluma y el fusil con el mismo entusiasmo, siempre dispuesto a armar una salida o una juntada con sus amigos.
Un especial agradecimiento a Gustavo Rebella (su hijo) quien me ayudó a recopilar y recordar datos, también a Claudio, responsable de cazador, por permitirme relatarles estas breves líneas sobre el gran baluarte que tenemos los cazadores, el Sr. CARLOS REBELLA.

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