Asia Extrema - Cumbres de Kirguistán

Mi pasión por la caza me acompaña desde que tengo memoria. De muy chico tuve la suerte de cazar en distintas partes del mundo como Canadá y África, y recorrer mi Argentina casi de punta a punta practicando tanto la caza mayor como menor. Todo esto de la mano de mi mentor, mi padre.

Ya de adolescente logré independizarme y arranqué sólo a viajar por el mundo, con una meta o destino bien marcado KIRGUISTÁN, un lugar que de pequeño me fascinaba por lo hostil de su terreno y sus cabras de montaña. Sumado a que mi padre había estado ya en dos ocasiones ahí y en una se volvió sin cazar. Para que mi viejo se vuelva sin cazar…esto me confirmaba lo duro que podía ser. Aunque años después, volvió y tuvo su revancha con un magnifico Ibex cazado con mucho sacrificio.

En uno de mis viajes de caza a España me contacté con una importante empresa que organizaba cacerías en Kirguistán, más precisamente en las místicas montañas Tian Shan (montañas celestiales, en Mongol). Cordón montañoso que se extiende por casi 3.000 km y hace de frontera entre Kirguistán, Kazajistán y China con picos que superan los 7.000 m sobre el nivel del mar.

La decisión ya estaba tomada, ahora debía comenzar a trabajar muy duro para poder concretar mi viaje, aparte del dinero, necesitaba una excelente organización y en lo posible, cazadores que me siguieran en esta dura aventura. 

A fines del 2017comencé contactando a algunos clientes y amigos, a quienes les comenté lo que estaba organizando e invité a que viajaran conmigo. Luego de varias reuniones, con buenos asados de por medio, vinieron las confirmaciones. Seis excelentes cazadores, dispuestos a ir tras el Ibex de las montañas turcas.

Nuestro primer paso fue concretar las fechas de caza y casi de inmediato comprar los pasajes aéreos.

El 6 de setiembre del 2018 sería nuestra tan esperada partida. El viaje consistía en 13 días incluyendo vuelos y una muy provechosa escala en España, donde nos esperaba mi gran amigo Ángel, quien nos recogió por el Aeropuerto para llevarnos a recorrer Madrid y sus más reconocidos museos de caza. Esa noche cenamos y descansamos en un muy buen hotel madrileño, para al otro día temprano de vuelta al Aeropuerto Madrid Barajas con destino a Estambul, capital de Turquía, para finalmente llegar a Biskek, capital de Kirguistán, donde nos esperaban dos camionetas que nos llevarían al corazón de esas indescriptibles montañas.

Fueron otras 3 largas horas de viaje, aunque ahora por tierra, pero por un sinuoso y angosto camino de montaña hasta nuestro campamento base. Un hotel “6 estrellas”. Contábamos con mesas servidas de las más ricas y exóticas comidas turcas las 24hs. del día, además con yacuzzi, piso climatizado y alfombrado, donde nos obligaban a andar descalzos, dejando en evidencia el olorcito a pie de muchos de mis compañeros!

Después de una reconfortante noche en un lugar casi soñado, comenzaba nuestro primer día de caza. Arrancamos con un desayuno por demás rico y completo. Luego pusimos a punto los rifles en un improvisado polígono que disponían para tal fin. Continuamos preparando el equipo básico y necesario que llevaríamos para acampar en el mentado “Valle de los Ibex”- el nombre lo decía todo… y de ahí movernos en grupos en busca de nuestros trofeos.

La cabalgata hacia nuestro destino ya fue algo que difícilmente olvidaremos, estas celestiales montañas nos deslumbraban con su belleza y su fauna salvaje. Comenzábamos a ver a los imponentes carneros Marco Polo colgados de las cumbres y también los rebaños de Ibex que lentamente se alejaban con nuestra presencia.

Llegamos al sitio donde armaríamos nuestro campamento a más de 4.000 m sobre el nivel del mar e inmediatamente comenzamos a abrigarnos (ya que la temperatura desciende “varios grados” de cero) y prepararnos a lo que vendría. 

Yo había decidido no cazar hasta que lo hicieran todos los demás integrantes, solo me dedicaría a ayudar y observar con los binoculares, el movimiento de los animales.

Así fueron transcurriendo los días hasta que todo el grupo se hizo de sus tan ansiados y merecidos trofeos. ¡Ahora sí!  me tocaba a mí.

Y como es bueno contar también las perdidas, acá vienen algunas mías…

-Primer “error”: Subestimar la caza y más con el Ibex. Creímos que en el transcurso del día lo lograríamos (Gran ERROR)

-Segundo: No llevar lo necesario para hacer noche (desencadenante del primer error). Solo llevábamos cuatro salchichas locas y un poco de pan, “creyendo que íbamos y veníamos” …

Montamos toda la mañana y parte de la tarde, parando en lugares estratégicos a observar movimientos, pero nada, los Ibex habían desaparecido y aunque me preocupaba, no dejaba de disfrutar.  El estar ahí, ya para mí era todo, era mi momento, ¡lo había logrado!

Mis guías no paraban de hablar entre ellos, planificando seguramente que hacer, con la suerte que uno hablaba algo de castellano y me tiraba un poco de sus conversaciones. Hasta que en un momento me propusieron dirigirnos a otro valle distante a dos horas de donde estábamos. Con una sonrisa calcada como la de un niño con chiche nuevo, asentía todo lo que mis guías decían. A mí solo me importaba seguir viviendo el momento que tanto añoré; estaba aprendiendo el significado de la famosa frase “ESTAR CAZANDO”.

Se les ocurrió a mis amigos asiáticos, que hiciéramos una carrera de caballos en una extensa pampa que debíamos atravesar. ¡Cómo no animarme, si era mi momento! -Saqué de mi mochila la bandera argentina que llevaba conmigo y corrí agitándola todo el trayecto. ¡Por supuesto – Gané-!

Antes de llegar a otro extenso valle donde posiblemente encontraríamos algún rebaño, dejamos los caballos maneados y comenzamos a trepar una empinada cumbre para mejorar nuestra visión.

En pocos minutos uno de los guías alcanza a divisar un gran rebaño, subiendo uno de los cerros aledaños pero distante a unos 400 m de donde estábamos, éste me hace señas de que busquemos los caballos, para salirles adelante y ganarles la pasada. Tuvimos que hacer un gran rodeo y para nuestra “no tan grata sorpresa”, cuando llegamos, la manada había cambiado de rumbo y estaban más lejos que cuando los vimos por primera vez. Medimos con el telemetro y acusó 520 m, era mucho… pero mí .300Win. Mag. siempre tuvo toda mi confianza.

Seleccionamos al mejor macho. Busco apoyo, tomo aire y suelto el disparo, la bala que pica debajo del animal, casi al filo de la panza. Alertados por el estruendo, comienzan a moverse más rápido, sabía que no podía volver a fallar porque seguían alejándose. No tardo en recargar, tomo nuevamente aire, contengo la respiración y suelto un segundo disparo. Volví a errar…medimos nuevamente y ya estaban a 650 m pero no me iba a quedar así, los guías me miraban y yo volví a recargar, busqué nuevamente mi animal que iba a tranco parejo, adelanté y levanté aún más el tiro, recuerdo que lo hice por sobre sus cuernos y allá fueron de nuevo los 180 grains a casi 3.000 fps, impactando al animal, aunque notoriamente sin tocar órganos vitales que le dieran una muerte inmediata.

Los guías que me abrazaban y felicitaban, pero yo solo quería hacerme con mi trofeo. Fuimos en busca de los caballos y nos dirigirnos hacia donde estaría el animal. La oscuridad se hacía notar cada vez más, por lo que uno de los guías (el más baquiano) subió casi al galope lo más que pudo, por un peligroso pedrero llegando al lugar en el que se encontraría el animal, pero no estaba, solo trajo una piedra con rastros de sangre, como para certificar que estaba herido y seguramente no muy lejos de ahí.

Con la noche encima teníamos dos opciones, volver al campamento que teníamos armado en Valle de los Ibex o pasarla ahí. Me decidí por la segunda opción; ¿pero recuerdan cual fue mi segundo error? -No teníamos, ni carpa, ni bolsas de dormir y ni siquiera buen abrigo-.

Sin leña para hacer un fuego entendí que la noche iba a ser dura. Así fue, el frio no me dejó dormir, pero tampoco logró desdibujar mi sonrisa, mientras contemplaba un cielo que se caía de estrellas. Decidimos echarle las cuatro salchichas locas a la panza, para generar un poco de calor y nos ayude a pasar mejor la noche… Luego de esa corta cena, nos dedicamos a armar nuestras camas con las pilchas de los caballos. Cojinillos y sudaderas nos harían de colchón y cobijas.

Cerca de las 6 am comencé a despertar a la tropa para ir en busca de mi Ibex, al primero que llame fue al guía que hablaba español; muy amablemente me dijo que no le rompiera las bolas, que tampoco había podido dormir en toda la noche y que estaba destruido. No me quedaba otra que tratar de convencer a otro de los guías, aunque éste no hablaba ni un pedo de español y yo menos kirguís (su idioma), pero con unas pocas señas supo entenderme, alistándose al toque para salir. 

Tardamos algo más de dos horas en llegar al pie de un pedrero bastante peligroso donde decidimos dejar los caballos para seguir trepando de a pie, en un momento mi compañero me señala, muy emocionado, entre unas grandes rocas, dándome a entender que ahí estaba mi trofeo, aunque no puede verlo hasta no trepar unos cuantos metros más. En ese momento, cuando al fin lo vi, me taparon las emociones, miles de sensaciones me tocaron el corazón y las lágrimas se hicieron presente sin pedir permiso. Era tanta la ansiedad que quise trepar corriendo hasta mi presa, pero esos últimos metros fueron durísimos, avanzaba 10 m y las piedras sueltas me hacían descender 7…

Finalmente, con mucho esfuerzo, entre el cansancio y la emoción pude llegar; le pedí a mi compañero que me sacara unas fotos para retractar el momento. No solo era chúcaro mi amigo, si no que se peleaba con la tecnología y como pudo, sacó unas pocas tomas.

Quité la máscara, cuereé lo necesario para mi taxidermia y lo descarné por completo, cargamos todo sobre nuestros hombros y descendimos como pudimos de ese complicado pedrero (hasta rodando en ocasiones). Una vez abajo nos esperaban nuestros otros dos compañeros y de ahí mismo partimos hacia el campamento base donde estaban mis amigos y demás integrantes del grupo.

Esa noche festejamos como nos lo merecíamos, todos logramos concretar una de las mejores cacerías de montaña y en la legendaria frontera asiática, destino soñado de muchos cazadores.

Meses después llegaron los 7 Ibex a nuestro país y cada uno de ellos pasó a tomar el lugar que merecidamente le diéramos en nuestras salas.

Pensando ya en un próximo desafío. Rusia???..

Maxi Sosa

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