Al comienzo de cada año experimento siempre las mismas sensaciones: cuento los días que faltan para marzo y la brama en una espera interminable. Aguardo ansioso el llamado telefónico con el anuncio esperado: “Vení que empezaron y está firme”. Cargar en la camioneta, equipaje y armas ya preparadas con días de antelación, y encontrarme en la ruta me demoró instantes. El amanecer del 24 de marzo me sorprendió caminando por las lomas de Algar, en Alicurá, Neuquén, en compañía del guía Juan Grassini, asomándonos cuidadosamente en cada cumbre para escudriñar los valles y evitar que nuestras siluetas se recortaran contra el fondo del firmamento.
En Algar existe un cerramiento de 11.000 has en el que se reproducen ciervos de calidad superlativa, muchos de los cuales se sueltan en las restantes 13.000 has de free range, o campo abierto. Me informaron que entre los machos que se soltaron para servir a las numerosas cuadrillas de ciervas que deambulan por la estepa habían visto a uno que liberaron en 2009, y que luego de dos años de servicio fecundo y regenerador de la especie había alcanzado un desarrollo corporal y de cornamenta excepcionales. Que últimamente no lo habían visto más y era posible que hubiera migrado a los extensos campos vecinos.
Le propuse a Juan tratar de hallarlo y aceptó el desafío. Dada la inmensidad de la superficie a recorrer, optamos por acercarnos en vehículo todoterreno hasta las inmediaciones de los valles frecuentados por las tropas de ciervas, y luego acortar la distancia oteando y escuchando los bramidos. El crepúsculo del 24 nos encontró regresando por la huella, con la fatiga de una jornada en la que divisamos muchos machos excelentes, pero no el que buscábamos.
Antes de llegar a las cómodas instalaciones del coto, le dije a Juan que quería “ese”, y que si no lo encontrábamos me iría sin cazar. El 25 de marzo transcurrió de manera similar al día de la víspera: machos peleando, bramando, cuadrillas que se alejaban arreadas por el dueño del harem, que cada tanto se volvía para lanzar su berrea dominante. La estepa se caracteriza por la ausencia de bosques, salvo en algunos valles o cañadones; predominan las gramíneas, los arbustos achaparrados, las cortaderas y los coirones. Es una sucesión de lomadas y valles, y el rececho se comienza en los faldeos hasta alcanzar las cumbres, tratando de asomarse entre la vegetación para confundirse con el entorno. De esta manera se observan cuidadosamente las extensiones, máxime si en las partes bajas la vegetación es exuberante y puede ocultar el trofeo buscado.

El 26, y cuando las sombras se alargaban, nos asomamos desde un cerrillo y vimos como a un kilómetro dos machos peleando sin poder evaluar sus cornamentas por la distancia y la polvareda. Decidimos acercarnos a distancia de prismático ocultándonos entre los arbustos y quiebres del terreno. Juan se adelantó y luego de otear un rato, regresó y me dijo: “Ahí lo tenés, es el que buscás”. Me acerqué hasta unos 150 m y cuando vi la cornamenta en la mira me invadió el temblor. Respiré hondo varias veces y disparé apoyado en una cortadera. Utilicé un Sako Hunter .338, munición Remington Safari Grade de 225 gr. y mira Schmidt & Bender. Midió 477 SCI, siendo por algunos años récord sudamericano.
Daniel Piazzolla
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