Cuando se prohibe la caza

Es extrañamente frecuente que los medios más importantes del mundo, se ocupen de las dificultades que afrontan los países renuentes a permitir a la caza deportiva como una herramienta idónea para la conservación de las especies. Los medios se han hecho eco, en más de una oportunidad, del notable viraje de la sociedad moderna sobre la actividad venatoria, vilipendiada injustamente por parte de sectores que desoyeron la prédica, no solamente de los cazadores, sino de científicos que, imparcial y objetivamente, comprendieron la dinámica de un mundo que no se detuvo hace 400 años, cuando los animales vagaban por el planeta libremente.  

La modificación de los ecosistemas y el desarrollo geométrico de la población, que hemos destacado en más de una oportunidad, incentiva a los gobiernos  de países con diversos grados de desarrollo industrial, económico y cultural, a desandar el camino de las críticas acerbas, por el cuasi ruego para que nuestra actividad aporte su importante colaboración en el logro de un objetivo indiscutido: legar a las generaciones venideras – por lo menos  – algunos nichos que garanticen la perpetuación de especies milenarias en estado salvaje.  

SIN CAZA SE EMPOBRECE EL PUEBO, titula el New York Times, siempre dispuesto al análisis ecuánime de los problemas del medio ambiente natural. Y a continuación, desarrolla una síntesis de varias investigaciones y opiniones autorizadas, que ponen luz sobre los dilemas que plantea la subsistencia animal y forestal en el planeta.     

“…desde los matorrales, salen leones que merodean un poblado cercano a una clínica médica, para llevarse las cabras que penosamente crían los pobladores de uno de los grandes deltas interiores de Africa. Los elefantes, por su parte, también se han vuelto visitantes frecuentes que devoran los porotos, maíz y sandías que tomó meses cultivar. Desde que Botswana, un país central africano, prohibió la caza deportiva, comunidades remotas como Sankuyo, han quedado a merced del creciente número de animales salvajes, que obligan a los aldeanos a guarecerse en sus casas al atardecer. La prohibición también ha significado una fuerte caída en sus ingresos, ya que a través de muchos años, los lugareños usaban el dinero que aportaban los cazadores para disfrutar de sanitarios, construir viviendas y obtener pensiones para los ancianos… Jimmy Baitsholedi Ntema, con más de 60 años de residencia en esas empobrecidas comunidades rurales, cuenta: “cuando había caza queríamos proteger a esos animales, porque sabíamos que podríamos obtener algo de ellos, mientras que ahora no nos beneficiamos en absoluto, y en cambio sufrimos a los elefantes y búfalos que destruyen nuestras plantaciones de día, y a las hienas y leones que atacan personas y corrales de noche…”

Esto ocurre porque desde hace un par de años, esta Nación de muy poca densidad demográfica ha prohibido la caza deportiva, arte al servicio de la conservación en casi todos los países  sub continentales. Los argumentos para la veda, según el presidente Seretse Khama, se basan en que la caza ya no es compatible con la conservación de la vida salvaje, instando a que sea reemplazada por la caza fotográfica. Sin embargo, en la mayoría de los países vecinos, y otros no tanto, los voceros de las asociaciones conservacionistas apoyan la caza deportiva, incluyendo a Zambia, que regresa de una suspensión de la actividad que tuvo corta vida: “…nuestro país ha cazado desde tiempos inmemoriales, sostuvo el Ministro de Turismo de la Nación Jean Kapata…” Este país comprobó que la veda detuvo la generación de muchos ingresos, por lo que decidió que se reanude la caza de leopardos y leones, cuya reproducción incontrolada fomentó  ataques a personas y bienes, incluido un Consejal que fue muerto por una de las fieras… en Africa un ser humano es más importante que un animal, afirmó haciéndose eco de ciertos países occidentales, que parecen más preocupados por la vida de un león que la de los africanos mismos…”

     La marcha atrás de Zambia apunta principalmente al papel central que ha jugado la caza deportiva, principalmente en territorios comunales donde la población recibe muchos beneficios, entre ellos la carne y una cuota-parte de lo aportado por los cazadores.  Brian Child, Profesor de la Universidad de Florida, EEUU, informó que Sankuyo obtuvo, en 2010, ganancias por más de 600.000 dólares gracias al abate de 120 animales: 22 elefantes, 55 imp,alas y 9 búfalos, cupo ofrecido a los cazadores por esa temporada de caza. Otros beneficios a esa comunidad indígena, incluyeron a 20 hogares que, elegidos por sorteo, recibieron servicios sanitarios y se instalaron tuberías de agua corriente para otras 40 familias. Donde la caza deportiva beneficia a las comunidades, la gente se motiva para proteger a los animales en lugar de matarlos, dicen los expertos, mientras que en los lugares sin caza deportiva, lo hacen para alimentarse, defender a sus familias y cultivos, y/o vender los despojos… Los leones, que solían darse un festín con la carne que dejaban los cazadores, ahora entran a las aldeas en busca de personas o ganado… Sin caza, han aumentado exponencialmente los conflictos entre la gente y los animales salvajes, desde 4300 denuncias en 2003 hasta casi 7000 en 2014, aseguró Israel Kura Nato, Jefe de Control del Departamento de Vida Salvaje de Botswana… Por su parte, confirmando hecho, Galeyo Kobamelo, un pastor local, dijo que había perdido 30 cabras de su pequeño rebaño debido a los leones, hienas y elefantes que destruyeron sus campos de cultivo. Su familia ya no recibe carne gratis, que dejaban obligatoriamente los cazadores…  Y por fin manifestó con tristeza y terror: “…vivimos con miedo desde que los leones y leopardos entran en nuestra aldea, y los elefantes atraviesan las calles del pueblo para ir al otro lado de la selva. Los perros ladran y nosotros corremos a escondernos…”          

Carlos Rebella.

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