Introducción

El más hermoso adorno de un bosque o una estepa es su fauna.

El majestuoso y colorido bosque argentino se halla despoblado, pobre en vida animal, falto de fauna mamífera y de avifauna. Este fenómeno es notable en todas partes del nuevo continente, su fauna autóctona ha desaparecido o se halla en vías de desaparición; las causas que la motivan son múltiples y muy discutidas. Hay quienes se basan en un eventual cambio de clima, otros afirman que ha cambiado la composición química de la flora. Los científicos no han podido llegar hasta el presente, a un acuerdo al respecto. Una cosa es indiscutible: la fauna autóctona desaparece y la foránea se va adaptando al suelo con una rapidez extraordinaria. Este caso es típico de América del Norte, Central y Sud, así como en Nueva Zelandia y Australia.

El hombre que ha sido hasta cierto punto el causante de la desaparición, fue también quien se percató del vacío de los bosques y se dio a la ardua tarea de repoblarlos, pero con animales foráneos. El animal más hidalgo de los cuadrúpedos es el ciervo colorado. El hacendado señor Pedro Luro, para quien el amor hacia los animales era parte de su vida, lo trajo en 1906 de la monarquía Austro-Húngara a su estancia de la pampa, hoy Parque Luro.

Se introdujeron en aquel entonces dos razas diferentes de ciervos colorados; la oriental, llamada “Protociervo”, proveniente de un latifundio Cárpato -Húngaro, y la occidental llamada “Ciervo de los Alpes” de la zona montañosa Austriaca. Estos ciervos fueron puestos en libertad dentro de una alambrada de 800 Ha., que se hallaba en un páramo con zonas boscosas en la Provincia de La Pampa.

En el año 1922, fue vendida la estancia de Luro y abierta la alambrada. En los grandes bosques de la pampa habitan hoy los descendientes de estos ciervos. En el año 1958, fue cazado entre un sinnúmero de otros de gran calidad, un gran ciervo supercapital.

Al ser abierta la alambrada, el hacendado señor Robert Hohmann se procuró de 18 cérvidos colorados, llevándolos a su estancia situada en Collunco, provincia de Neuquén. Estos se reprodujeron con una rapidez sorprendente y desarrollaron, año tras año, mejores cornamentas. La calidad de las mismas supera a la de los ciervos de La Pampa, en general. La causa: frondosa vegetación, un clima más húmedo y una tranquilidad mucho mayor.

El ciervo colorado ha encontrado aquí, en las boscosas montañas y promotores de los Andes, una segunda patria. Los cérvidos puestos en libertad en el año 1922 se han convertido en el presente, en alrededor de 13.000 a 15.000, esparciéndose notoriamente en dirección norte, este y oeste.

En el despoblado bosque, cuya fauna autóctona es representada por uno que otro puma, ya habita el ciervo colorado sobre una superficie de alrededor de 1.700 km², llevando su misteriosa vida en una zona no habitada por el hombre. En caso de no interferir ninguna epidemia u otra intervención en la normal reproducción, se podría contar, en el término de 10 años, con una existencia de alrededor de 60.000 ciervos tomando en cuenta un promedio de 2.000 a 5.000 cazados por año. El porcentaje de reproducción fue mucho mayor aún en Nueva Zelandia.

Se puede afinar, por lo tanto, que en el transcurso de algunos años, se podrá ofrecer en la República Argentina, a los cazadores de todo el mundo, la mayor y mejor zona de caza para el ciervo colorado, con lo que se contribuirá a la satisfacción de todos los cazadores, amigos de la fauna y turistas.

El lugar que ya ocupa en la actualidad el ciervo colorado en la fauna argentina, induce a mencionar algunos detalles de la antiquísima cultura de caza europea en relación al mismo.

Estas pocas líneas, tienen por objeto familiarizar al cazador argentino con este noble venado, sus costumbres y su desarrollo.

La ciencia paleontológica no pudo, hasta hoy, definir exactamente la evolución de las diferentes sub-razas de cérvidos, y, en consecuencia, nos limitaremos a dar una breve reseña de los datos conocidos. Según el experto A.S. Römer, los primeros antepasados del ciervo habrían aparecido aproximadamente hace cuarenta millones de años, en la época terciaria y en forma, aún, bastante primitiva. En la historia de la tierra se llama “Eoceno” al periodo más antiguo de la época terciaria, suponiéndose que en esta época habrían aparecido también los bovinos, monos y camélidos. El “Eoceno” duró, en total, aproximadamente veinte millones de años; en el “Oligoceno” que duró once millones de años, quedaron sin variación los primitivos antepasados de los cérvidos. Luego, en el “Mioceno”, que duró 17 millones de años, se desarrolló la gran familia Paleomerycides, en la que figuraban los ciervos con cornamenta del género Dicrocerus.

Estas cornamentas eran aún subdesarrolladas. Recién en la última parte del “Bioceno” comienzan a desarrollarse con más puntas.

Estos ciervos eran pequeños y parecidos al ciervo enano de Muntjak (Muntiacinae o Moschiferos) Moschinae -Muskdeer de hoy.

Recién en el “Plioceno”, que duró 11 millones de años. Aparecen los primeros ciervos grandes, a los que podemos considerar antepasados directos de los actuales.

Toda esta evolución se desarrolló probablemente en las zonas céntricas del continente euroasiático. Australia, que se habría desprendido, antes de estas épocas, del continente euroasiático, no pudo ostentar la existencia de ciervos; sin embargo, ejemplares de la raza estaban representados en el archipiélago de indonesias y en las costas del noroeste de África.

Al finalizar el “Plioceno”, se originan las diferentes variedades del ciervo actual: C. Axis, C. Sika, C. David (Elaphurus Davidianus). Este último ha desaparecido de los territorios de origen, encontrándose únicamente en algunos parques de Inglaterra.

El origen del actual “noble ciervo” (Edelhirsch) es probablemente el C. Axis (Axis axis) y el C. Sika (Cervus nipón) de la India.

En Asia central continuó desarrollándose esta variedad avanzando hacia el oeste y dando origen al Ciervo europeo (Cervus elaphus). Extendiéndose al Este, dio origen al Wapití (Cervus elaphus manitobensis o canadienses) del continente norteamericano.

En la época diluviana se desarrollaron definitivamente los ciervos en su forma actual. Se originan dos sub-familias: una, los ciervos auténticos y los ciervos falaces u odocoileus. Del primer grupo se origina el C. Dama (Dama dama), el Cervus ruso, el Cervus rucervus y además nuestro Ciervo colorado (C. elaphus). Del segundo grupo provienen los Alces (Alces gigas), el Wapití (C. manitobensis), el Reno (Rangifer tarandus) y además todos los pequeños ciervos del nuevo mundo, el Ciervo de los pantanos (Blastocerus dichotomus), el Ciervo de las Pampas(Ozotocerus), el Huemul (Hippocamelus bisulcus), la Taruca (Hippocamelus antisiensis), la Corzuela roja (Mazama rufa), la Corzuela parda (Mazama simplicicornis) y el Pudú (Pudú pudú) de América del Sur, y el Whitw tail (cervus odocoileus) de America del Norte. Estos ciervos del nuevo mundo son de talla reducida y no tienen voz.

El grupo que pasó al Oeste, forma en su asta una corona y además tenía la capacidad de bramar con tono fuerte durante la época del celo. Los que pasaron al Oeste tenían mayor talla y la cornamenta más fuerte, pero el bramido de menor intensidad. Las puntas de la cornamenta de este grupo se bifurcaron en forma de abanico: Huemul, y los Alces.

Según los fósiles encontrados en Europa, el ciervo actual existió hace un millón de años. El más remoto fue encontrado en las cercanías de Viena, Austria, en la ciudad de Hundsheim, junto al Danubio. De la época intermedia, del periodo glacial, hay una cornamenta de cuatro puntas, petrificada, hallada en Mosbach, Alemania. Otra, con muchas puntas, fue hallada en Schleswing-Holstein, Alemania. Esta extraordinaria cornamenta, además de la corona, posee una enorme punta hacia atrás, parecida al espolón de un gallo, y las astas de los cérvidos se parecen a las actuales.

Habitan hoy en día, en Europa, dos especies principales de ciervos colorados. Una es un tipo de “Protociervo” el cual se halla en los países orientales: Hungría, Rumania-Cárpatos, Yugoeslavia, Eslavonia y Checoslovaquia. Se distinguen estos ciervos por su talla, sus largas astas, cuyas coronas están dirigidas hacia atrás, por la falta casi regular de la segunda luchadora, fuerte perlado, el color oscuro de su cornamenta y el color gris de su pelaje. Esta especie tiene gran parecido con los restos antes mencionados, hallados en las excavaciones.

La segunda especie, es un tipo de ciervo montañés, originario de los Alpes austríacos. Su peso es muy inferior al ciervo de los Cárpatos: pesa, sin sus vísceras, más de 240 kg, el ciervo de los Alpes apenas llega a los 180 Kg. Su cornamenta es rica en puntas, de forma más de lira, algo cerrada hacia arriba, con segunda luchadora presente, de color claro y pelaje rojizo.

En la Argentina se hallan representadas ambas especies. Los ciervos cazados en el año 1958 en Veranadas del Parque Nacional Lanín, demuestran, con sus astas dirigidas de atrás hacia adentro, gran parecido con las cornamentas de las de excavaciones de Alemania.

El lugar natural de extensión y desarrollo del ciervo es el bosque, y es interesante hacer notar que el mismo es su “hogar” natural y su situación no es consecuencia como muchos afirman de las actitudes del hombre. Vive en Asia Central en territorios muy pobremente poblados también en los bosques y evita las estepas y grandes llanuras herbáceas que corresponden a las pampas de Argentina. El hecho se comprueba por haber encontrado restos fósiles de ciervos de la época diluviana únicamente junto con restos de otros animales habituados a los bosques. El sistema de masticación del ciervo también demuestra su origen forestal. Sus dientes molares tienen corona baja y éstos se adaptan para poder pastar vegetales blandos, es decir, las hierbas y el follaje, que se encuentran en los bosques, pero los mismos dientes no son adecuados para pastar los vegetales masa duros de las estepas y sabanas. Para poder pastar bien este tipo de alimentos, los animales que viven en estas regiones poseen dientes molares de posición de corona mucho más alta, para poder cortar de este modo más fácilmente las gramíneas duras…

Continúa…

El ciervo colorado

By Esteban Lyka

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