EL GRAN DOGO ARGENTINO

Capítulo 1

Introducción

Argentina año 1573. El Andaluz Jerónimo Luis De Cabrera, enviado por los reyes de España, al mando de una de las tantas expediciones de exploración y expansión, se asienta en el centro del Territorio Argentino para fundar la Ciudad de Córdoba.

Con más de 1500 personas entre soldados, notarios, clérigos y demás integrantes.

Trayendo con ellos también, animales para su consumo y reproducción, como también domésticos, entre los que encontrábamos pequeñas mascotas y aguerridos lebreles, que se cruzaban con nuestros ancestrales perros criollos, y que en los ratos de ocio, hacían pelear.

Para fines de 1800 llegan a radicarse en Córdoba un gran número de ingleses, también grandes aficionados a las peleas de perros, por lo que traían con ellos perros como el Bull Terrier; Bull Dog; e inclusive algunos mestizos de pelea.

Tanto las peleas de perros, como las riñas de gallos eran cada vez más populares, (casi al extremo de lo legal) y tomó todos los sectores Socio/ Culturales.

Esta corriente llevó a muchos aficionados a experimentar diversos cruzamientos entre razas, con el fin de obtener aguerridos perros de batallas.

Generando un gran “Pull Genético” de Perros de Pelea.

Llegando a establecerse patrones genéticos en dichos cruzamientos, que comenzarían a marcar bases muy profundas a lo que estaba por venir.

Leer capítulo

Capítulo 2

Su creador
Antonio Nores Mártinez

Toño

Nace en la ciudad de Córdoba Argentina, un 18 de noviembre de 1907.

Médico Cirujano y Profesor Universitario de profesión, visionario y adelantado en el desarrollo de genética como así también en ciencias experimentales.

Casado con Herminia del Castillo con quien tuvo 5 hijos.

Muere el 2 de Diciembre de 1956 a la edad de 49 años. Asesinado junto a su amigo Esteban Gergich, en un confuso episodio, mientras se encontraban cazando en el norte de la provincia de Córdoba.

El verdadero creador de la raza Dogo Argentino, como su propio hermano Agustin Nores Martínez lo llama en su libro «El Dogo Argentino»

Quiero asimismo dejar aclarada otra circunstancia que incumbe a mi persona. En muchas publicaciones se me atribuye la formación de la raza. El verdadero creador y forjador del Dogo Argentino fue mi hermano mayor, el Dr. Antonio Nores Martínez, quien puso en la consecución de su entusiasmo, su pasión cinófila, su fervor de cazador empedernido y sus profundos conocimientos genéticos y científicos de médico cirujano, profesor de la trisecular Universidad Nacional de Córdoba, Jefe de Salas en Hospitales Nacionales y Provinciales y Director de Traumatología del Hospital Militar de aquella ciudad. Dos pasiones: la medicina y la formación genética de la nueva raza, que absorbieron los años útiles de su vida.

Agustín Nores Martinez

Leer capítulo

Capítulo 3

Una pasión familiar

Antonio Nores Bas

Corría la década del 20 y cierto día Toño (como le decían sus amigos a Antonio Nores Martínez) y Agustín, (uno de sus hermanos) como era su habitual costumbre, habían concurrido a ver peleas de perros. Pero no fue un día más en nuestra historia, pues ese día, mientras regresaban Toño le propone a Agustín, crear ellos una raza que sea de utilidad para la caza y custodia del hogar.

Dando así comienzo a una ardua y cuasi perfecta obra “EL DOGO ARGENTINO”.

Debemos hacer una mención especial para Don Antonio Nores Bas (padre de los antes mencionados) quien fue parte y cultor de toda esta obra.

Médico y docente universitario, criador también de perros de peleas y un gran aficionado a la caza tanto mayor como menor. 

Se encargó de escoltar, apuntalar y asesorar a sus hijos durante todo el proceso de formación de la raza.

Toño contó con la ayuda de todos sus hermanos, al igual que familiares y amigos, destacándose algunos más que otros por la labor que les había tocado o el tiempo que le podían dedicar.

Agustín fue también ejecutor e ideólogo de la obra pero por sobre todas las cosas, el gran compañero de Toño. Logrando a posterior el reconocimiento primero a nivel Nacional y después a nivel Internacional de la Raza como tal!!!

Leer capítulo

Capítulo 4

"El por qué de una nueva raza"

Uturunco de Santa Isabel

 

 Disertación que diera El Dr. Antonio Nores Martínez el 28 de septiembre de 1947 en ocasión de una muestra de perros de caza organizada por el Centro de Cazadores de Buenos Aires. (1°parte)

 

SEÑORES:

El Centro de Cazadores de Buenos Aires me ha hecho el honor inmerecido de brindarme su hospitalidad y ésta su tribuna prestigiosa, la acepto complacido en la convicción de que la benevolencia en el juicio ha de suplir la escasez del merecimiento personal. Lógico corolario de la cordialidad que se me dispensa, la que interpreto como un índice de la elevada jerarquía espiritual de este ambiente.

A la Honorable Comisión Directiva, así como a su digno Presidente, mi profundo reconocimiento por la distinción, con la gratitud que nobleza obliga.

Señores: Ninguna especie de la creación ha sufrido tanto las consecuencias de las Leyes de la Evolución como la especie canina. Su fidelidad al hombre desde la prehistoria hasta nuestros días le ha hecho adquirir una admirable facultad de adaptación a los cambios ambientales y geográficos, creados por las necesidades que la lucha por la vida impuso a su amo, cuando no por las grandes conmociones geológicas o bien en virtud del propio capricho humano.

¿Quién no ha observado la enorme diferencia morfológica que existe entre un corpulento perro de raza Gran Danés y el diminuto Pekín? ¿Entre el esbelto y aristócrata Irish Wolf Hound y el acondroplástico Dachohund, entre el hermoso pelaje de un Setter o un Collie y la piel desnuda de un Pila?

¿No hay acaso más diferencia en la morfología de las razas que acabamos de comparar que entre las que existen y distinguen un león de un tigre, una llama de un guanaco, o entre un antropoide y un ser humano de raza primitiva?

¿A qué se debe que entre ejemplares de una misma especie, y sólo en esta especie de la extensa escalera zoológica, pueda haber diferencias tan grandes que superan a las que separan especies distintas?

Sólo hay, señores, una respuesta a este interrogante. Se debe a esa magnífica facultad de adaptación que tiene la especie canina, adquirida siguiendo a su amo, a lo largo de todas las edades de la historia por todos los senderos del planeta, y a la intemperie de todos los climas de la tierra, para servir con igual abnegación a un amo de todas las razas, de todos los caracteres y de todas las culturas.

Porque, señores, la historia enseña que allá en la noche de los siglos, allá en los umbrales de la prehistoria, donde apareció el primer sendero y la primera planta del pie humano, allí mismo, entonces como ahora, junto a esa huella estaba la de su noble y fiel amigo. El compañero de siempre…, en la alegría y en el dolor, en la miseria y en la opulencia, en la ilusión y en la desesperanza, en la cuna y en la tumba, en la vida y en la muerte… estaba el perro, el único ser tan noble, que es capaz de lamer la herida del amo antes que la propia y rendirle con gusto su vida, el único capaz de besar, tanto su mano cuando lo acaricia… como su látigo cuando lo fustiga…

Yo veo, señores, en todo esto, algo más que una simple realización del instinto…; yo veo esbozarse en su psicogénesis el sentimiento superior. Yo veo en el primer gesto, algo de caridad y mucho de abnegación; en el segundo, mucho de gratitud, y en el tercero… el gesto sublime del perdón.

Esa magnífica adaptabilidad, decía, de la especie canina a los cambios ambientales o paratípicos, ya sea en el psiquismo o en la morfología, siguiendo los caminos biológicos de la evolución, o bien el opuesto de la involución, es lo que ha permitido el desarrollo del inmenso número de razas y variedades caninas que conocemos hoy, unas fijadas en selección natural, las otras por el hombre, ya fuera con fines prácticos o para adorno y compañía, cuando no por capricho y hasta se podría decir para algunas de ellas por una evidente aberración del buen gusto humano. Pero todas por igual siempre con idéntica fidelidad, al servicio del amo y señor más tirano que conoce la creación: El Hombre, al que sirven con igual sumisión tanto el de aristocrático pedigree, como el humilde hijo de nadie.

Aprovechando esta fácil adaptación de la especie y esa ductilidad a la selección humana, me propuse hace más de veinte años, fijar una nueva raza de perros, que reuniera las condiciones necesarias para ser el perro útil para la caza mayor en nuestro país. Porque en nuestros bosques impenetrables y vírgenes, las condiciones de la caza son muy diferentes a las que se realizan en los cotos de caza en Europa, lugar en donde fueron seleccionadas las razas que importamos para estos usos. Aquí cazamos en montes abiertos de inmensas extensiones donde a veces hay que recorrer los senderos arrastrados cuerpo en tierra, y la tropa de jabalíes sean autóctonos o importados, o bien el puma o el tapir, cuando han oído la vecindad de la jauría, si no fueran apresados en el momento del encuentro con ésta, inútil pretender atraparlos nuevamente, donde hay miles de hectáreas de por medio. Todo intento del cazador y los perros son en vano.

Leer capítulo

Capítulo 5

Cualidades de un perro de caza

Toño cazando jabali a Dogo y cuchillo

 

Disertación que diera El Dr. Antonio Nores Martínez el 28 de septiembre de 1947 en ocasión de una muestra de perros de caza organizada por el Centro de Cazadores de Buenos Aires. (2°parte)

 

-Entonces, que cualidad debe tener el perro para esta clase de caza?

 

-En primer lugar debe ser un perro que bata el monte en silencio y que sólo se haga oír sobre la presa, porque cuando haga la de los Fox-Hound o lo de las otras razas de montería, que empiezan a aullar cuando encuentran el rastro, el cazador que lo sigue puede estar seguro que no cobrará ninguna pieza, porque el aullido de la jauría pone sobre-aviso a los animales, los que huyen a muchas leguas de distancia.

-En segundo lugar debe ser un perro de buen olfato, pero que ventee arriba como el Pointer, y no sobre el rastro, porque en la caza del puma, por ejemplo, éste para engañar a los perros hace círculos al huir y vuelve sobre su propio rastro; otras veces trepa a un árbol, el molle por lo común y salta a la distancia, o bien franquea de un salto un precipicio, dejando a los perros que lo siguen por su huella, remolineando confundidos; en cambio, cuando el perro sigue al animal venteando, no hay posibilidad de que lo engañe, y la treta conocida del pecarí, de separarse de la tropa, quedando escondido entre las matas mientras la jauría persigue a los que huyen, resulta inútil si el perro ventea al animal. Por esta razón es común oír a la gente del campo donde hay pumas que el mejor perro leonero es el Pointer o su mestizo, porque lo encuentra enseguida y lo empaca y el cazador puede darle el tiro de gracia.

-En tercer lugar, debe ser un perro ágil, más de lucha que de velocidad, porque al jabalí, al puma o al pecarí lo alcanza cualquier perro que no sea muy pesado.

-Y por último debe ser valiente por sobre todas las cosas. Al encontrar al puma o al chancho, debe hacer presa aunque éste lo hiera y ser capaz de sujetarlo solo, hasta que lleguen los otros perros o el cazador, y si éstos no llegan debe ser capaz de matarlo él solo, porque en nuestras cacerías, dada la extensión de este país, no es posible viajar cientos de kilómetros llevando jaurías de veinte o cincuenta perros. Esto ni es práctico ni es cómodo para nosotros.

Esta cualidad del valor la considero fundamental, porque aquí, donde los montes no son cultivados, no se puede seguir a caballo la jauría porque apenas si se puede entrar a pie, no sacamos nada con que los perros empaquen los animales lejos de nosotros, si es imposible llegar a ultimarlos; lo práctico es que al encontrarlo lo «estiren”, como decimos los provincianos, es decir que hagan presa de inmediato.

En cuanto a la «talla» del perro, como los senderos de nuestros montes son muy bajos, resultan más prácticos los perros de talla media, pero como en la selección de las razas hay que elegir los ejemplares más fuertes, conviene para la cría elegir los de mayor talla y peso, porque criados en el campo por exceso de trabajo y mala alimentación siempre se reducen de tamaño; esta es la razón del dicho criollo: “La talla entra por la boca».

La cualidad del valor es indispensable también para el perro de guardia, que es la otra finalidad del Dogo Argentino. Hay la creencia generalizada de que el perro de guardia es el que ladra o es capaz de morder a un desconocido. Con este concepto los perros de todas las razas son buenos guardianes. Pero a mi juicio el perro de guardia debe ser algo más que todo eso: debe ser capaz de hacerse matar haciendo presa, en defensa de su amo o de su casa. De nada vale como guardián el perro que ataca a un intruso, si al primer garrotazo o a la primera herida de puñal abandona su presa a los gritos; tal animal, no presenta ninguna seguridad para su dueño ni merece, en mi concepto, el honroso nombre de perro de guardia.

He trazado las líneas generales que me propuse obtener en el Dogo Argentino, y que ustedes conocen a través de la prestigiosa revista DIANA, de este Centro. Si lo he conseguido o no, ya pertenece al juicio de la afición al viril deporte de la caza, y a los canófilos, porque yo, como parte, estoy comprendido en las generales de la ley.

En esta misma adaptabilidad de la especie canina a los medios ambientales a que me he referido, reside la mutabilidad de los caracteres de las distintas razas, por lo que es indispensable tener presente en la cría, junto con los caracteres somáticos de un standard fijo, la educación orientada hacia el objetivo propuesto, es decir, tener presente la fórmula clave del mejoramiento de las razas caninas, enunciadas por un distinguido consocio, y que se expresa en la siguiente fórmula: P. por M. más E., lo que significa: Padre por Madre más Educación; que en el lenguaje genético se traduce por: Herencia más Educación y Ambiente, o sea Genotipo más Paratipo.

Esta vigilancia, señores, es indispensable en todas las razas por una razón de biología general, porque en biología el dinamismo es la vida; la inercia es la muerte. Las especies y las razas que no mejoran, desmejoran; las que no evolucionan, involucionan, pero involucionar es retrogradar es desandar el camino recorrido en el transcurso de las generaciones, es sinónimo de degenerar, porque es perder cualidades adquiridas para el fin propuesto.

Y para terminar, os pido disculpas, señores, si puse un poco de pasión en mis palabras, pero a manera de explicación quiero recordarles que al propulsor de una idea se le puede tolerar que se embandere en ella, porque la pasión es el motor, es la fuerza propulsiva de las ideas, las ideas que nacen sin pasión nacen muertas. Por eso la historia de la humanidad, es la historia de la pasión hu­mana, la biografía de sus grandes figuras es también la apología de sus grandes pasiones.

«He terminado.»

 

Leer capítulo

Capítulo 6

Metodología aplicada

PERRO DE PELEA CORDOBES

 

ANTONIO NORES MARTINEZ

Revista Diana Año 1947

Las peleas de perros de presa, tanto como las riñas de gallo, han constituido en Córdoba una tradición, cuyo origen ha de buscarse sin duda en la época de la Colonia. Y este espectáculo fuerte, por no decir salvaje, ensambla sus raíces en el más puro origen ibero. Sin embargo donde adquirieron importancia como deporte, estas clases de espectáculo, fue en Inglaterra, desde el siglo XIII en adelante, donde al decir de Rowland Johon en su obra “Our friend the Bulldog”, se efectuaban combates a muerte, no solo entre perros, sino también entre toros, los famosos y “Bull-baiting”, y hasta se llegó a ver bajar a la arena a hombres aguerridos que peleaban contra uno o más perros. El famoso cuadro de Goya titulado “Echan perros a los toros”, que existe en el Museo del Prado de Madrid, prueba que en España, hace siglos que se practicó ese deporte viril y rudo.

En nuestra ciudad de Córdoba, aunque no se llegó a constituir entidades semioficializadas, como los conocidos “reñideros”, donde a pesar de las leyes prohibitivas concurrían presidentes, gobernadores, ministros y altos magistrados, había sin embargo un grupo selecto de cultores de la lucha de perros, alguno de cuyos nombres me vienen a la memoria, entre otros Oscar Martínez, Don Pepe Peña, el Varón Funes, el Dr. José Ignacio Bas, el Dr. Enrique Martínez, el Dr. Enrique Otero Caballero, Dr. Narciso Nores, Don Rogelio Martínez, etc. Usaban para el combate un perro obtenido por el cruzamiento del Bull-dog ingles con el Bull-terrier, eligiendo aquellos que salían blancos puros y sin prognatismos, es decir, en los que predominaba el Bull-terrier. Estos animales, unlan a la fiereza y el valor del Bull-Dog, la agilidad y musculatura del Bull-terrier, así como un mayor olfato que el Bull-Dog, con la ventaja de que no se asfixiaban al hacer presa por tener una mandíbula más larga y bien coincidentes las arcadas dentarias, dando por el cruzamiento ejemplares de mayor talla y peso que los de las razas originarias, llegando a pesar los ejemplares adultos, más de 30 kilos.

A veces cruzaban nuevamente con el Bull-terrier y otras lo hicieron con el Boxer o con el Dogo de Burdeos, según el criterio de cada aficionado. Se llegó a obtener un perro bastante standarizado, de color blanco, ojos y nariz negros, cráneo pesado, con un hocico del largo de la cabeza, ojos hundidos y encapotados, labios tirantes; es decir, una cabeza tipo aleonada, tórax amplio y profundo, cuerpo corto y de una musculatura escultural, por esmero en la recría y entrenamiento, cola gruesa y larga que afeaba algo a la armonía del conjunto, pero por su origen y selección de excepcionales cualidades para la lucha.

Entre los ejemplares que más nombraría adquirieron por su extraordinario valor y agilidad para el combate, recuerdo entre otros a Chino, Johnson y Ton, de Oscar Martínez, verdaderos gladiadores caninos que terminaron su campaña sin haber perdido una sola pelea; el Roy de los Deheza, el Caradura de Don Rogelio Martínez, el italiano de Don Pepe Peña, el Taitu de los Villafañe, el Centauro del Mayor Baldasarre, de cuyo valor legendario dieron pruebas fehacientes, en numerosos combates que presenciamos emocionados cuando niños, y cuyo recuerdo y fascinación la pátina del tiempo no ha podido borrar de nuestra memoria. El ejercicio violento y a la vez violento a que se sometían esos ejemplares les daba un estado atlético excepcional y un estado físico casi perfecto para el combate.

Partiendo de esa base, me propuse, hace unos 25 años, fijar una raza que conservando estas condiciones de valor, tenacidad y aclimatación, fueran de utilidad general para presa, guardia y destrucción de animales salvajes, es decir un fiel compañero de nuestro hogar en la ciudad y en la campaña, así como en nuestras aficiones a la caza mayor. 

Para obtener una mayor talla, sin perder el valor y darle al mismo tiempo un instinto campero, hube de hacer una serie de cruzamientos valiendome de padrillos y madres elegidos entre los de sangre pura, Bull Dog, Gran Danes, Mastin de los Pirineos, Bull Terrier y Boxer, conservando siempre como base y guía los viejos perros de combate cordobeses, a los que tantas veces vi realizar proezas de coraje en la lucha, en las que eran excelentes por el atavismo de tantas generaciones de peleadores .

Seleccionando de generación en generación y haciendo varias familias de los ejemplares que, a mi juicio, reunían las condiciones somáticas y psíquicas que buscaba fijar; y eliminando toda unidad que no respondiera satisfactoriamente en una pelea de fondo, hemos llegado a fijar definitivamente, en virtud de leyes biogeneticas, una nueva Raza que llamamos DOGO ARGENTINO, en homenaje a nuestra Patria y que defino como: «EL MAS PERRO DE TODOS LOS DE PRESA Y EL DE MAS PRESA ENTRE TODOS LOS PERROS DE TODAS LAS RAZAS». 

 

Leer capítulo

Capítulo 7

Razas que han intervenido en la creacion del Dogo Argentino

Gran cazador de lobos irlandés

AGUSTIN NORES MARTINEZ.

 

Para formar una raza de perros que reuniera las condiciones que hemos especificado en el capítulo precedente, fue necesario buscar y valernos de las razas que hubieran conservado, lo mejor posible, algunas de sus condiciones típicas y que fueran capaces de transmitir a sus descendientes. Pero era necesario, primero, partir de alguna base que tuviera al menos una de las condiciones esenciales, para ir después agregando las distintas razas, que deberían transmitir a sus descendientes las cualidades innatas, dentro del biotipo, hasta obtener esa especie de «cocktail» canino que se buscaba. Al mismo tiempo la continua ejercitación, tanto en cacerías como en luchas individuales contra fieras que a tales objetos manteníamos y mantenemos aún en jaulas apropiadas, iba afianzando los caracteres atávicos y sumando a la herencia de sangre el ejercicio o gimnasia funcional correspondiente. La base fue el viejo perro de pelea cordobés. En Córdoba, en los siglos pasados y hasta los comienzos del presente, estaban muy en boga los combates de perros. Eran como las riñas de gallos, una tradición heredada de la época de la colonia, que había arraigado fuertemente en dicha provincia. En sus aledaños se realizaban todos los fines de semana peleas de perros, en las que se hacían grandes apuestas. Para dichos combates se usaba una mezcla de Mastín Español con Bullterrier, cuando no de Bullterrier puro mezclado con el Bulldog Inglés. Hubo también a comienzos de siglo una cierta infusión de sangre Boxer o «Bulldog Alemán», como allí se apodaba a esta noble raza. De esa mezcla de sangre se fue formando, por selección natural, el tipo de «perro de pelea»,. que llamaremos «Viejo perro de pelea Cordobés», animal extraordinario para el combate, de valor y resistencia tremendas para la lucha; morían peleando, no rehuían el encuentro jamás, pero carecían de olfato y velocidad y su ferocidad para sus congéneres los tornaba inútiles para la caza, ya que se   peleaban entre ellos y era imposible cazar con dos o más y, menos en jauría. Pero esta raza primitiva tenía en sí dos cualidades primigenias y esenciales. Una excelente herencia ancestral: Mastín, Bullterrier, Bulldog Inglés, Boxer; y una gran gimnasia funcional, ya que los rudos combates a que eran sometidos de generación en generación, fueron acrecentando cada vez más su valentía original. Al viejo perro de pelea Cordobés, que era casi siempre blanco y algunos con manchas barcinas, se le fue dando en distintas corrientes de sangre, para evitar la consanguinidad, el Gran Danés Arlequín o Dogo de Ulm, con el objeto de darle más alzada y buena cabeza. El Bulldog Inglés, Boxer y Bullterrier, para acrecentar su valor, intrepidez, resistencia, insensibilidad al dolor y tenacidad en la lucha, contribuyendo también el Boxer, con su vivacidad e inteligencia, a darle la capacidad de asimilación de las lecciones cuando el Dogo se destina a perro de ataque y defensa, o como guía de ciegos a que se los está destinando con mucho éxito.

El Mastín de los Pirineos, que importamos de los Estados Unidos a tales efectos, les dió tamaño, rusticidad, olfato, acentuó el manto blanco, le dió fuerza y resistencia y en especial esa adaptación a todos los climas, típica en esa raza de montañas. El Pointer Inglés es el principal responsable del olfato del Dogo y a él se debe la cualidad de venteo que lo caracteriza y que le evita rastrear con la nariz en el suelo, como los «Hounds» y Bassets, con lo que se desorientan y tardan más en llegar a la pieza. El Irish Wolf Hound les ha dado velocidad y es, junto con el Gran Danés y el Dogo de los Pirineos, a quién debe el Dogo su talla. El Dogo de Bordeau, quizá no muy puro, que había en Córdoba y que también se usaba para peleas, se introdujo asimismo, por su fuerte mandíbula, su potente cabeza y su gran valor, Para evitar los efectos nocivos de la consanguinidad fue menester formar varias familias, que surgían de dos grandes ramas que el creador llamó la familia Araucana y la familia Guaraní. Fueron también muchos los ejemplares de cada raza que se usaron para los servicios. Con el correr de los años y al extenderse las ramas del tronco común, se fueron abriendo las corrientes y ya no hubo peligro de los excesos de consanguinidad. Igualmente, en las líneas de Bullterrier hubo que traer otra sangre, porque un extraordinario peleador de esa raza que trajimos a Córdoba desde la ciudad de La Plata, era sordo. No obstante, ese defecto, lo vimos tan valiente para la lucha y era tan hermoso físicamente, verdadero gladiador de la especie canina, que lo usamos de padre. A la tercera generación vimos las nefastas consecuencias en algunos herederos sordos, por lo que hubo que recomenzar con esa rama con otros Bullterríers de buen oído. Esa larga experiencia se hizo en el transcurso de muchos años y muchas generaciones, y siempre bajo el control científico, reservándose para crías’ a los ejemplares que más se acercaban al standard de la raza, que redactó el Di Antonio Nores Martínez en 1928 y que por primera vez se dio a publicidad en la revista Diana, mayo de 1947, y que es el adoptado por el Club de Criadores del Dogo Argentino, que es el mismo aprobado por la Sociedad Rural y la Federación Cinológica Argentina.

Al mismo tiempo que se iban introduciendo las nuevas razas y añadiendo al viejo perro de pelea Cordobés inyecciones de sangres distintas, se iba sometiendo cada ejemplar a una gimnasia funcional intensa y apropiada, haciéndolos cazar continuamente en nuestros montes, tanto del norte como del centro y sur de la República, tratando de que al cazar en jaurías fueran perdiendo el instinto atávico de pelear entre ellos, tan arraigado en sus genes por el atavismo del peleador Cordobés y que tantos años de trabajo y selección ha costado quitárselo. Íbamos así desarrollando su instinto campero y haciéndolo un instintivo enemigo de los depredadores de nuestra ganadería. Pero al mismo tiempo que cazaban campo afuera hacíamos continuas luchas de ellos contra jabalíes, pumas, zorros, gatos del monte, etc., que a tales efectos conservábamos en cautiverio. Esas luchas exacerbaron su encono contra tales especies y el resultado final es que el Dogo Argentino actual es un instintivo cazador de dichas especies, a las que busca, persigue, acomete y mata, con extraordinario entusiasmo y pasión atávica. Hay cachorros de dogos que a los cuatro meses ya acometen y se prenden de un cachorro de jabalí como si fueran adultos. Cabe destacar que las hembras son tan encarnizadas y resueltas para la lucha como los machos.

Extraído del Libro «El Dogo Argentino»- Agustín Nores Martínez. Editorial Albatros 1982

Leer capítulo

Capítulo 8

AÑA -LA GRAN OBRA MAESTRA-
¡EL DOGO ARGENTINO!

Aña el primer Dogo Argentino

Volviendo el tiempo atrás, nos remitiremos a la década del XX en la Provincia de Córdoba, donde un gran número de aficionados, entre ellos destacadas figuras del orden profesional, político y empresarial, como así también otros sectores socio culturales, no solo de Córdoba, si no también de diversas partes de la Argentina, se reunían desde hacía décadas, en puntos o focos específicos, donde habían formado esos “clubes privados” de peleas de perros y gallos de riña. Lugares que Antonio Nores Martínez y tambien sus hermanos, desde muy niños y muy a menudo frecuentaban; por ser sus tíos paternos, maternos y su propio padre Antonio Nores Bas, como íntimos amigos de éste, constantes seguidores y partícipes de esta corriente.

En esos años muchos de estos asiduos concurrentes comenzaron a cruzar determinadas razas, llegando a dar vida a esa casi indescifrable leyenda como lo fue “EL VIEJO PERRO DE PELEA CORDOBES” (VPPC).

Del cual mucho se ha hablado y en ocasiones con el error de considerarlo como – una raza única-. Lo cierto es que no había “un” perro de pelea cordobés, sino que se denominó así a las cruzas que lograron “en cierta forma estandarizar” los criadores de aquella época, y tenían casi una semejanza entre sí, por las comunes corrientes de sangre y razas que empleaban.

La familia Nores, también había “gestado” su perro de pelea, animal que llevó su sello y se lo conocía como: perro de pelea cordobés “tipo Nores” por presentar determinadas particularidades (color, peso y contextura).  

Antonio comienza su obra a fines de la década de 1920; donde su primer propósito, fue estabilizar “su” viejo perro de pelea cordobés.

En la década del 30 logra fijar en su VPPC, ese “cuasi standar” de perros con una bravura sin igual, y hasta gustosos del dolor…

Ya nace la concepción de ese primer perro que no era Dogo, eran los perros blancos, los perros del sordo, los perros de Toño.(Textuales palabras extraídas de la disertación que diera Francisco Nores Martínez en la ciudad de Córdoba el 8 de diciembre de 1989)

Desde ese linaje trabajó arduamente para transmitir a esa nueva raza que se había propuesto crear, toda la rigurosa gimnasia funcional (a la que eran sometidos constantemente), y esos caracteres atávicos que él más valoraba de sus implacables perros.

Los cruzamientos eran por demás intensivos, contaba ya con más de un centenar de perros, diseminados por el legendario Puesto Los Algarrobos, casas de parientes y amigos que brindaron su colaboración y apoyo al proyecto.

Había delineado su trabajo en dos familias principalmente, para evitar consanguinidad y a su vez, en cada una de ellas fijaba distintos caracteres.

 

Comenzaba a correr la década del 40 (año 42/43) cuando nace una camada de un gran linaje en el que había trabajado intensivamente. Espera su desarrollo y encuentra ahí, el cachorro que tanto buscaba y esperaba…. Al que el propio Antonio Nores Martínez llamó “AÑA” y consideró como “el primer DOGO ARGENTINO”.

 

En el año 1945, se hace la pelea del Dogo Aña con el chancho, cuya película la hemos recuperado, ahora y la hemos pasado a video-cassette, así que eso está salvado por lo menos. (Extraído de la disertación de Francisco Nores Martinez. Córdoba el 8 de diciembre de 1989)

En ocasión de realizarse una exhibición militar en la base que poseía el ejército argentino en Pampa de Olaen, La Punilla, Córdoba y dada la alta concurrencia de público en general, destacadas figuras de la alta sociedad y un importante número de periodistas; presentan pública y oficialmente a AÑA como el primer Dogo Argentino. Batiéndolo en lucha primero con un jabalí y luego con un puma, siendo el propio Antonio Nores Martínez, quien interviene apartando los animales en la contienda.

 

Guayra (hijo de Aña)

Leer capítulo

Capítulo 9

La cabeza

Cráneo real del Dogo argentino

LA  MEJOR ENTRE TODOS LOS PERROS DE PRESA

 

Esto se debe a que Antonio Nores Martínez logró desarrollar en el DOGO ARGENTINO esa combinación perfecta en una cabeza del tipo Mesocéfalo.

Como él bien decía, quería un perro de buen olfato, pero que ventee arriba como el Pointer, y con la potencia en la mordida que tenían esos grandes colosos de la época, como lo fueron el Bull Dog Ingles o el Boxer.

Obteniendo estas significativas cualidades en un perro único como lo es El Dogo Argentino, que presenta un maxilar superior de similares características al de los mejores perros que rastrean de arriba o contra el viento, y un maxilar inferior con la misma o más potencia que los mejores perros de presa.

 

Textuales palabras de Agustín Nores Martínez en su libro «El dogo Argentino» (Editorial Albatros 1982).

 Para no incurrir en un equívoco muy frecuente en los standards de algunas razas y para explicarnos mejor, diferenciaremos lo que es cabeza de lo que es cráneo en el perro.

El cráneo es el macizo óseo formado por los huesos: frontal, hacia adelante, parietales y temporales a los costados; occipital hacia atrás y etmóides y efenóides hacia adelante y abajo. Es decir, que no es más que la tapa ósea que cubre el cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo en su porción protuberancial o ístmica, desde el punto de vista anatómico.

En cambio el concepto de cabeza engloba no sólo el cráneo propiamente dicho, sino también también el macizo óseo facial, o sea el hocico, formado por los huesos propios de la nariz, que en el perro adquieren gran desarrollo; el maxilar superior (muy desarrollado en las razas de rastreo), el malar y, por atrás, marcando el límite posterior de la cara, el etmoides y la rama ascendente del maxilar inferior. Es decir que cuando hablamos de CABEZA de un Dogo, nos referimos al conjunto, que involucra cráneo y cara o vulgarmente hocico. Las cabezas de las distintas razas caninas, en lo respecta a su constitución osteo-anatómica, se dividen también en tres tipos, al igual que lo hicimos en relación a los perfiles, y ellos son:

a) Tipo Dolicocéfalo, o alargado, son aquéllos en los cuales la longitud del macizo óseo-facial (medido desde el occipucio hasta el borde alveolar del maxilar superior mayor que la longitud del cráneo medido entre los puntos más extremos de las arcadas cigomáticas de cada (Ej: Galgo, terriers, y hounds,etc.).

b) Tipo Braquicéfalo, o ancho, que es lo contrario que el anterior, es decir, que la longitud del macizo óseo-facial (medido desde el occipucio hasta el borde alveolar del maxilar superior), es menor que la longitud del cráneo (medida entre los puntos más extremos de las arcadas cigomáticas de cada lado (Ej: Bull Dog-Inglés y Francés-, Boxer, Bullmastin, Dogo de Bordeaux, etc.).

c) Tipo Mesocéfalo, en las que ambas medidas son prácticamente iguales. -AL ESTE GRUPO PERTENECE EL DOGO ARGENTINO-.

Hay otras razas que son también meso-cefálicas, pero razones de perfil y forma, hacen que tengan una cabeza diferente a la del dogo. Las principales diferencias entre la cabeza del Dogo Argentino y las de otras razas también meso-cefálicas, pero de tipo olfativo, como las del Pointer, Setter, algunos Spaniels y Bracos, estriban en que el dogo suma a su fuerte musculatura el carácter masticador de sus mandíbulas y su perfil convexo-cóncavo, frente al recto cóncavo que ostentan las razas precitadas.

El Dogo Argentino tiene los arcos cigomáticos muy separados del cráneo, de manera que la fosa temporal resulta más amplia, prestando inserción al músculo temporal, uno de los principales masticadores, que en esta raza, por el biológico principio varias veces citado en este trabajo que «la función hace al órgano», está sumamente desarrollado.

Este desarrollo de los músculos masticadores, sumado a la conformación del maxilar inferior que analizaremos de inmediato, es lo que permite a nuestros dogos mantener la mordida sobre la presa, durante mucho tiempo.

El maxilar inferior es una palanca de tercer grado, cuyo punto de apoyo está en la articulación cóndilo temporal, la potencia en la inserción de los músculos maseteros y la resistencia en las arcadas dentarias.

Es sabido que cuanto más corta es la distancia que media entre la potencia y la resistencia, mayor será la fuerza ejercida por la palanca. Es por eso que el Bulldog, el Boxer, el Mastín, etc., que tienen prognatismo inferior, o sea mandíbula inferior excedida en largo a la superior, están dotados de gran fuerza mandibular, mientras el galgo, con sus débiles y largos maxilares, carece de mandíbula fuerte y mordida tenaz, no obstante lo cual dichos maxilares, que usa a manera de pinza de largos brazos, le son muy útiles en su aptitud de cazador, permitiéndole hacer presas a la carrera.

Es potente porque sus músculos masticadores se insertan firmemente en huesos craneales bien desarrollados, pero son sus arcadas dentarias, bien coincidentes, lo que redunda en una boca amplía, que «no se llena de presa», lo que obliga a soltar o aflojar la mordida, por asfixia. El dogo tiene además los labios recogidos, y nunca colgantes, como el Bulldog, Bullmastín, Bloodhound, etc. porque al colgar el labio superior, hace de válvula a la inspiración, impidiendo la respiración supletoria que se realiza por las comisuras labiales. Ello es muy necesario, porque debemos recordar que el perro no transpira por carecer de glándulas sudoríparas en el cuerpo.

Durante el trabajo muscular, el perro necesita combatir la hipertemia producida por el consumo exagerado de glucógeno muscular en el esfuerzo, y regula su temperatura orgánica dentro de los límites compatibles con la vida, regulación que la realiza eliminando por la respiración gran cantidad de vapor de agua (polisnea reguladora). Por esta razón se los ve durante la fatiga eliminar gran cantidad de agua por las fauces y que los profanos confunden con saliva, pero que no es más que la condensación del vapor de agua eliminado por el pulmón. Si el perro no puede realizar, durante el acto de la presa esa respiración supletoria por las comisuras labiales, sea porque tiene una mandíbula muy corta o bien porque lo labios péndulos le hacen de válvula obstructora en la inspiración, llegará un momento en que el animal debe largar o morir.

Es común atribuir a veces a falta de valor la acción de aflojar la mordida, a perros «ñatos», de razas tan valientes como el Boxer o el Bulldog Inglés, lo que es totalmente injusto, pues esos nobles perros solamente largaron por asfixia, evento superior a todas sus fuerzas y su voluntad y no por falta de coraje.

En el cráneo del Dogo Argentino se ha fijado una proporción de igualdad de longitud entre el macizo óseo craneal y el de la cara. En los cráneos caninos se observa que los perros rastreadores demuestran un predominio del desarrollo del maxilar superior, pero no a expensas del óseo compacto, sino debido a una mayor capacidad de las fosas nasales y cavidades sinusales anexas, es decir, que tienen un cráneo «tipo olfativo», y en cambio en los perros de presa hay un predominio del desarrollo del maxilar inferior, como pasa en el Mastin, Boxer, Bulldog, etc., donde hay una atrofia del sentido del olfato y del desarrollo del maxilar superior, es decir, un cráneo de tipo «masticador».

 

IMAGENES COMPARATIVAS

-Cráneo de Dogo Argentino (de perfil) A-O-E) Apófisis orbitaria externa, está a igual distancia del occipucio (O) y del borde alveolar del maxilar superior (B-A.)

 

-Cráneo de Dogo Argentino  (de frente). A-O-E Línea que une las apófisis orbitarias externas del frontal. Está a igual distancia de (O). Occipucio y de (B-A) borde alveolar 

 

-En las siguientes imágenes, podremos observar la similitud entre el maxilar superior del Braco y el del Dogo Argentino. Lo cual nos demuestra el porqué del tan buen olfato que tiene nuestro Dogo Argentino.

 

Cráneo de Braco (Tipo olfativo)

 

 

Cráneo Dogo Argentino

 

-Ahora observaremos las similitudes que presenta el maxilar inferior del Bull Dog con el del Dogo Argentino.

Esto también nos demuestra que tuvo un desarrollo casi idéntico al perro de presa por excelencia como “fue” el Bull Dog.

 

Mandíbula inferior del dogo Argentino

 

Mandíbula inferior del Bull Dog (tipo masticador)

 

 

Imágenes extraídas del libro «HISTORIA DEL DOGO ARGENTINO – ANTIGUA MODERNA Y CONTEMPORANEA» . Escrito por el Sr. Jorge Arturo Masjoan.

Leer capítulo

Capítulo 10

El cuerpo canino

La raza Dogo argentino encuadrada entre la categoria molozos

En general se distinguen perros en que predomina la longitud llamados longilineos o dolico-morfos, o aquellos brevilineos o braqui-morfos y por último los que mantienen la armonía en sus proporciones o meso-morfos o normotipos.

Según la talla pueden ser micro-talicos o de talla pequeña. Meso-talicos o de talla mediana y macro-talicos o de talla grande.

Por mi parte, convencido de que el perro de presa como el atleta debe guardar un canon, que desde el punto de vista morfológico es armonía en la proporción y desde el punto de vista funcional es euritmia o sea normal correlación orgánica, que se traduce por una mayor capacidad de fuerza, he tratado de que el DOGO ARGENTINO sea un MESO-MORFO O NORMOTIPO Y UN MACRO TALICO, dando preferencia a los de mayor talla, (DENTRO DEL ESTANDAR), es decir, un perro pesado entre los de las razas de presa, de manera que a los perros livianos de combate les gana con el peso y a los perros de mayor tamaño les gana con la calidad, porque el bio-tipo individual se puede representar con dos círculos concéntricos, el círculo interno o geno-tipo que es dado por la herencia y el para-tipo o círculo externo que es el dado por la educación y el medio-ambiente, que en la raza DOGO ARGENTINO el geno-tipo es de presa; basta recordar las razas en que se ensamblan sus raíces: Bull-Dog, Bull-Terrier, Gran Danés, Boxer, etc.; y para-tipo es el también el resultado o síntesis de muchas generaciones educadas para el combate y la lucha, cumpliéndose así la formula enunciada por mi hermano Agustín Nores Martínez, en su artículo: “Herencia Ancestral y Gimnasia Funcional en el Perro” revista DIANA; Noviembre de 1944, como base para el mejoramiento de razas canina, fórmula que se expresa (P. M.) x E., es decir, padre más madre por educación o gimnasia funcional, fórmula que es válida para todas las especies, porque es una ley de genética.

 

Su Clasificación:

Grandes pensadores de la antigua Roma y Grecia, ya trataban de diferenciar razas según sus caracteres y preferencias.

El veterinario Pierre Megnin en 1897, desarrolló una clasificación en función de la forma de la cabeza, dando lugar a 4 tipos de perros:

 

Lupoides: Cabeza que se aproxima a la forma prismática horizontal, labios pequeños y apretados sin que el superior rebase las encías inferiores.

 

Bracoides: Cabeza que se aproxima a la forma prismática con hocico igualmente ancho en el extremo, que en la base y separado de la frente por una depresión bien marcada, labios largos y colgantes.

 

Graioides: Cabeza en forma de cono alargado, cráneo reducido, orejas pequeñas, hocico largo y delgado en toda dirección y en línea recta con la frente.

 

Molosoides: Cabeza voluminosa, redonda o cuboides, orejas pequeñas y caídas, hocico corto, “labios largos” y gruesos, cuerpo macizo y normalmente de “gran estatura”, por lo común con “cinco dedos en las patas” traseras y delanteras.

 

Según las clasificaciones antes descriptas, las razas “Tipo Dogo” fueron encuadradas en “Molosos – Molosoides”.

ANTONIO NORES MARTINEZ

Leer capítulo

Capítulo 11

Las ideas que nacen sin pasión nacen muertas

 

PARA LOS QUE ENTIENDEN:

Me basta recordarles que en la ciencia el camino mejor, es el que nos conduce a encontrar la verdad por nosotros mismos, aquél que nos permita sustraernos de la influencia de intereses creados, ya sea doctrinarios, de escuelas o de dineros y recuperare en el terreno que investigamos, la autonomía y libertad de observación, de raciocinio y de juicio, indispensables a la verdad científica.

Y que pongo a sus disposiciones la documentación necesaria, donde comprobarán que el Dogo Argentino es un problema de Genética ya resuelto.

 

A  LOS QUE NO ENTIENDEN:

Creo oportuno hacerles la siguiente reflexión: quienes hablan de lo que ignoran no dan muestra de inteligencia ni dan muestra de discreción y en cambio pueden incurrir, tanto en la necedad como en la estupidez.

 

A LOS QUE NO QUIEREN ENTENDER:

Los invito a traer un ejemplar puro, de cualquier raza de perro del Mundo. Sea cual fuere su talla y su peso, para que lo gane en un combate al Dogo Argentino y que me demuestre además sus condiciones para la montería en nuestro país, ya que como decimos los criollos en la cancha se ve el parejero.

 

A LOS LECTORES:

Les pido perdón si he puesto un poco de pasión en éstas pero a manera de explicación quiero recordarles que la pasión, es el motor, es la fuerza propulsiva de las ideas, que las ideas que nacen sin pasión, nacen muertas, y que por eso la historia de la humanidad no es más que la historia de la pasión humana y la biografía de sus grandes pasiones.

ANTONIO NORES MARTINEZ

Leer capítulo

Capítulo 12

Standard oficial y definitivo

En el año 1928 el doctor Antonio Nores Martínez redacta el standard oficial definitivo.

Cráneo : Macizo, convexo en el sentido anteroposterior y transversal por los relieves de losmúsculos masticadores y de la nuca.

Cara : Del mismo largo que el cráneo, es decir, que la línea que une las dos apófisisorbitarias del frontal esté a igual distancia del occipucio y del borde alveolar del maxilarsuperior. (Hemos separado cráneo y cara, pero ambos constituyen su conjunto la «Cabeza» delDogo, que es típico y, como ya se ha explicado en el curso de esta obra, pertenece al tipo«mesocefálico» y debe tener un perfil convexo- cóncavo, es decir, el cráneo convexo por elrelieve de la inserción de los músculos masticadores, clásico del cráneo del perro de presa,tipo «masticador» y la cara u hocico ligeramente cóncava hacia arriba, propia del perro degran olfato, es decir ,ello una interación funcional: el ventear alto. Arcos cigomáticos muy separados del cráneo, con fosa temporal amplia, para la cómoda inserción del músculo temporal, uno de los principales masticadores. )

Ojos : Oscuros o color avellana. Encapotados por los párpados de bordes negros o claros, laseparación entre ellos debe ser grande, mirada viva e inteligente pero conmarcada dureza al mismo tiempo. (Los ojos claros o párpados rojos, restan puntaje. La desigualdad de color -sarcos- esmotivo de descalificación.)

Maxilares : Bien adaptados, sin prognatismo, fuertes, con dientes bien implantados ygrandes. (No tiene importancia el número de molares, siendo lo más importante la homogeneidad delas arcadas dentarias, la carencia de caries, que no haya prognatismo, ni superior niinferior, y en especial que los cuatro colmillos, grandes y limpios, se crucen perfectamenteen la mordida al hacer presa).

Nariz : Fuertemente pigmentada de negro, con un ligro stop en la punta, ventanas nasalesbien amplias. (La nariz blanca o muy manchada de blanco, resta puntaje. Nariz partida o labio leporino,es motivo de descalificación).

Orejas: Sobre la cima de la cabeza, erectas o semierectas, de forma triangular, debenpresentarse cortadas siempre. (El jurado no debe juzgar un Dogo con orejas largas, por lo que debe retirarlo del ring. En la hembra puede, aceptarse las orejas recortadas un poco más largas -como en el Gran Danés. El macho es preferible con las orejas un poco más cortas. El Dogo Argentino es un perro de presa, es decir, de lucha, y en ella las orejas largas ofrecen una presa fácil y muy dolorosa. Además, razones de estética hacen necesario el corte de orejas.)

Labios: Bien arremangados, tirantes, de bordes libres, pigmentados de negro. (Se exige el labio corto, para que cuando el perro está haciendo presa, pueda respirar también por la comisura labial posterior, porque si el labio es péndulo, aunque el maxilar sea bastante largo, viene a hacer de válvula en la inspiración y cierra la comisura de los labios, lo que impide al animal hacer una respiración supletoria por las comisuras labiales, durante la presa,teniendo que largar por asfixia, como pasa en las razas de labios colgantes).

Occipucio: No debe hacer relieve, porque los potentes músculos de la nuca lo borran por completo, siendo la inserción de la cabeza y cuello en forma de arco. (Se confunde con la línea curva de la convexidad del cráneo).

Cuello: Grueso, arqueado, esbelto, con la piel de la garganta muy gruesa, haciendo arrugas como las del Mastin, Dogo de Burdeos, Bulldog, y no tirante como en el Bullterrier. (Esta elasticidad de la piel del cuello se debe a que el tejido celular de esta parte es muy laxo, permitiendo a la piel del cuello resbalar sobre la aponeurosis superficial, de manera que el colmillo o la garra del adversario sólo hiere el cuero, y cuando es un puma, por ejemplo, el que intenta sujetarlo del cuello, como la piel es elástica y se estira mucho, le permite hacer presa a su vez.)

Pecho: Amplio, profundo, con la sensación de poseer un gran pulmón. Visto de frente, el esternón debe re balsar hacia abajo los codos (Siendo el Dogo Argentino un perro de trabajo y lucha, es obvio destacar la importancia de un pecho profundo y amplio, por la importancia que tiene la respiración en el perro.)

Espalda: Alta. Muy fuerte. De grandes relieves musculares.

Tórax: Amplio; visto de lado, rebasa su borde inferior a los codos.

Columna: Más alta en la espalda, inclinada hacia el anca en suave pendiente. (En los animales adultos, cuando el desarrollo muscular de la espalda y del riñón es bueno, vistos de perfil, parecen sillones y presentan un canal medio a lo largo de la columna, dado por el relieve de los músculos espinales.)

Manos: Rectas, bien aplomadas, con dedos cortos y bien unidos. (El largo de los dedos debe guardar proporción con la mano y tener almohadillas bien carnosas y de piel gruesa y muy áspera al tacto, con callosidades que le permitan correr mucho por terreno áspero y pedregoso, sin lastimarse.)

Riñón: Borrado por los músculos del dorso.

Piernas: De muslos muy musculosos, con garrón corto y dedos bien cerrados, sin dedo aberrante. (Con buena angulación, recordando siempre que son los pilares propulsores de la velocidad y el sostén en la lucha cuerpo a cuerpo, por lo que nunca será demasiado insistir en la fortaleza de los músculos del muslo. El dedo aberrante, tan fácil de hacer desaparecer en los primeros meses, resta puntaje como carácter recesivo hacia el Dogo de los Pirineos, pero no es motivo de descalificación.)

Cola: Larga y gruesa, pero sin sobrepasar los corvejones, llevada naturalmente caída. Durante la lucha la mantiene levantada, en un continuo movimiento lateral, como cuando hace fiesta al amo. (Debe tenerse muy presente que la cola constituye una gran ayuda, tanto en el cambio de dirección a la carrera, en que actúa a la manera de timón, en acción compensadora, como en la lucha, donde hace de sostén o punto de apoyo, colaborando en el trabajo de los cuartos traseros.)

Peso: de 40 a 45 kilos.

Altura: de 60 a 65 centímetros. (Tanto en la altura como en el peso, el juez debe ser inflexible, pues siendo el Dogo un perro de lucha, entre las razas de caza mayor, la disminución en el tamaño le resta eficacia. Debe ser descalificado todo dogo adulto, sea macho o hembra, que tenga menos de 60 centímetros de alzada, prefiriéndose, entre varios ejemplares buenos, el de mayor alzada. El creador de la raza ha enseñado que el Dogo Argentino es un normotipo y dentro de ello un macrotálico. Es decir, que debe existir una armonía en la proporción, que bajo el punto de vista funcional, es eurritmia o sea normal correlación orgánica que se traduce por una mayor capacidad de fuerza, por lo que debe buscarse el de mayor talla y peso, sin llegar por supuesto al gigantismo.)

Manto: Completamente blanco. Toda mancha de cualquier color, debe descalificarse como carácter atávico. (Los blancos con la piel muy pigmentada de negro, deben considerarse como ejemplares no aptos para la cría, por el carácter recesivo que muestran y que puede entrar a ser predominante en los hijos si se aparean con otros ejemplares que tengan en potencia dicho defecto. Las manchas pequeñas en la cabeza no son motivo de descalificación, pero entre dos ejemplares similares, debe preferirse al que sea completamente blanco. En cambio toda mancha en el cuerpo, debe ser motivo de descalificación.)

Motivos de descalificación:

Ojos sarcos, sordera, manchas en el cuerpo, pelo largo, nariz blanca o muy manchada de blanco, prognatismo (sea inferior o superior), labio muy péndulo, cabeza agalgada, orejas largas (sin recortar), talla inferior a 60 centímetros, más de una mancha en la cara y toda desproporción física. El dedo aberrante le resta puntos, sin llegar a la descalificación.

Leer capítulo

ÚLTIMO CAPÍTULO



Reconocimiento de la raza como tal

Agustin y Pancho Nores con directivos de la Rural

Antonio muere en un confuso episodio 10 años más tarde de haber estandarizado la raza en la que volcó toda su pasión y  le llevó la mayor parte de su corta y cautivante vida; siendo ahora Agustín quien junto a sus hermanos logran que en el año 1964 la Federación Cinológica Argentina reconociera al Dogo Argentino como una raza canina.

El 31 de julio de 1973, la raza Dogo Argentino tuvo su reconocimiento internacional como tal, de parte de la Fédération Cynologique Internationale.

A posterior vino un segundo estándar de la raza de manos de Agustín Nores Martínez con varias idas y vueltas entre criadores e incluso los propios hermanos Nores. De lo que no nos haremos parte (al menos por ahora), y no porque no nos interese, sino porque lo que queríamos trasmitir, era nada más que un apéndice de esta apasionante historia. La de un gran hombre, el Dr. ANTONIO NORES MARTINEZ y un gran perro como lo es nuestro DOGO ARGENTINO!!!

CAZADOR.

Leer capítulo

Lo sentimos, no puede copiar el contenido de esta página.

Abrir chat