El negro grandote y pesado

Daniel Rocca

Estaba finalizando la brama, los ronquidos no eran tan seguidos y el calor no amainaba, así que ya le estaba poniendo fecha a mi regreso. El primer barco que tripule hace 46 años, decía en el puente » Este navio sai quando pita, e retorna quando ele pode «

Así siempre fue la brama para mí, sé el día que me voy, pero no sé cuándo regreso.

Mi señora siempre me dice cuando parto: disfruta mucho, cuídate y trata de volver entero…extráñanos.

Una semana antes regresando con mi compañero por una picada, después de una recorrida a los guampa se nos cruzó un negro de los grandes, y con cara de pocos amigos nos hizo pegar una reculada hacia un caldén. Mi compañero me comenta, me parece que ese es el alambrado, hace rato que lo venimos buscando, pero siempre nos gana el monte o las isletas, y es difícil verlo cuando anda entreverado con la tropa, (más de cien animales) nos dábamos cuenta por esa pata, ahora ya casi no renguea, pero el tamaño lo sigue delatando es uno de los mas grande, o el más grande del ruedo.

Hacía más de un año había atropellado un alambrado y se enredó la pata derecha con una vuelta del mismo, que después comprobamos la tenía casi en su totalidad por abajo del cuero, la parte baja estaba un poco más hinchada pero no rengueaba como en un principio según los paisas del campo.

Al otro día a la mañana yendo a buscar a unos cazadores lo volvimos a encontrar, pero esta vez estaba con unas hembras y nos encaró decidido al topetazo contra la chata, todo fueron risas y comentarios, pero estábamos arriba de la camioneta…la zafamos ahí nomás. Ahí fue donde le tome el número de patente al arisco.

Luego en el almuerzo hice el comentario de lo ocurrido, y la respuesta fue, ya se salvó hace un tiempo, si le queres poner sal en la cola, dale nomas y sácate el gusto. Todo quedo ahí…

¡Pasaron los días y yo venía lindo con los arrimes, tirará o no! La Pampa no es como los mallines del sur que ves a los ciervos de lejos, acá en el monte siempre es una sorpresa, no sabes con que te vas a encontrar, puede ser una cascarria que ruge como un león enojado, o un ronquido suave y corto de un guampa de los grandes. Tengo la suerte haber cazado y cazar en ambos lugares y entornos, los dos son diferentes y espectaculares, para los que nos gusta ir detrás del gran príncipe del bosque como se le dice afuera. Pensé, me voy pasado mañana, salgo hoy a la tarde y mañana temprano a ver si acerco algo más.

Esa tarde hacía mucho calor y bramaban a full, increíble, yo no entendía más nada, ni a los ciervos, ni al tiempo. Frío o calor braman igual

Empezamos a arrimar varios ronquidos y bramidos y nos decidimos por dos que estaban a las trompadas limpias, es más fácil acercase, los miro y uno era un diez y el atacante un chucero, pero más grande de cuerpo y le estaba dando para que tenga al diez. Dije: lo tumbo al lancero y retumbo el estruendo; asesino al piso, el diez quedo mirando a su adversario sin entender nada, pero mi instinto me hizo apretar el gatillo nuevamente sobre el diez.

Ya estaba hecho, así que decidí que no saldría temprano al otro día tras otro ciervo, el diez fue uno de los cinco de esa brama.

Nos vinieron a buscar y en el transcurso de un campo al otro se me cruzo en la mente el negro pesado y a medida que pasaban los km. más me hacia la idea de esta vez ir a buscarlo yo; quede un momento recalculando y le dije a mis acompañantes : mañana vamos a buscar al negro.

Organizamos todo durante la cena y a dormir temprano.

Por la mañana después de los rigurosos mates salimos en dos chatas y uno a caballo, ya que el lote es grande,10mil ha. de mucho monte, fachinales, algo de planicie, médanos e isletas con ojos de agua, y una inmensa laguna. Un lugar especial para el desarrollo de esta raza. Y este negro que pasaba los guarda-ganados como nada y uno que otro alambrado caído, se manejaba como quería según los paisa.

Agua por todos lados y monte para sombra, pintaba difícil encontrarlo, por algo ya venía zafando hacía tiempo de otras búsquedas.

Arrancamos con mi compañero, yo manejando y él en la caja de la camioneta con los prismáticos. Recorrimos caminos internos y picadas una y otra vez y

continuamente comunicándonos por radio con los demás consultando con unos y otros, lugares de posible búsqueda.

Así paso más de media mañana, búfalos por todos lados, pero el nuestro sin aparecer por lo que le dije a mi compañero: si no aparece hasta el medio día nos volvemos así comemos la parrillada prometida, un buen descanso a la tarde y voy preparando todo para salir mañana para casa.

Clau, mi compañero, golpea el techo a unos 300mts de la laguna y me señala que en una orilla hay unos echados y en el fondo una manada linda. Me dice: si queres dejamos la chata y vamos caminando tranqui; así que fuimos por la orilla opuesta para ver los que estaban en la otra margen.

Mientras nos acercábamos a la laguna, nos sale del monte un macho que se nos para de frente insinuando… por acá hay que pagar peaje. Estaba malo el cojudo pegando uno que otro arranque amenazador. No había forma de ganar la orilla si tener problemas, así que Clau sugiere entrar al monte y salirle bien atrás de donde estaba. Nos dio bastante trabajo ese pedazo de monte muy sucio, pero logramos salir a la orilla ya a unos doscientos mts. del patotero, que nos seguía con la mirada, nos paramos y con los binoculares hicimos un paneo sobre el otro borde opuesto de donde andaban unas hembras con sus crías y un par de machos.

Llegamos a la punta y nos volcamos hacia la izquierda donde había una subida con monte, de ahí podíamos observar y también protegernos de la manada de búfalos que habíamos divisado desde el principio, muchas hembras con cría y machos que ya habían notado nuestra presencia y estaban bastante alterados, pero más las hembras muy protectoras de sus terneros.

Nos quedamos un rato mirando si estaba nuestro anillado, pero nada. Nos comunicamos por radio con los demás y tampoco tenían noticias, aprovechamos a sentarnos un rato ya que a mí me dolía bastante la espalda, debajo del omoplato, por los esfuerzos de días anteriores.

Mi compañero me dice de volver por el margen que habíamos venido, de este lado seguían las hembras y los machos. Se pone a mirar con los binos a nuestro amigo el patotero, cuando nota en la misma dirección, pero en la otra punta de la laguna un negro muy grande, de ahí habíamos arrancado a caminar, me menciona que podría ser ese por el tamaño, pero había que verle la pata.

Arrancamos la caminata a paso firme hasta antes de nuestro amigo que ya estaba atento por el viento que tenia de frente. A esa altura la espalda me pedía auxilio a gritos, y también un poco mi última cadera operada, por lo que hicimos un breve alto y me tome dos keterolac sublingual para amainar el dolor. Claudio mira y ve que el negro se va hacia la lomita que estaba atrás, y detrás de ella a unos 300mts empezaba el monte, seguramente de ahí había venido anteriormente. Entramos al sucio para esquivar nuevamente al búfalo que nos cortaba el paso, salimos otra vez al limpio de la orilla, pero ya no lo veíamos a simple vista ni con los binoculares, además la lomita nos tapaba bastante la visión. Pensamos que seguramente ya estaría dentro del monte y ahí se complicaría el encuentro…Tanto esfuerzo lpm, aunque tampoco sabíamos a ciencia cierta si era el que buscábamos.

Redoblamos el paso, con la adrenalina a full y con los keterolac encima caminaba sobre una nube, a medida que se avanzaba y se subía esa pequeña cuesta se iba viendo más, y de repente… sorpresa ! en un charco a unos 150/200mts de la punta de la laguna, el pesado estaba echado en el agua. Automáticamente nos vio, se paró con la cabeza levantada venteando y se fue despacio hacia la orilla. Me quedé quieto  mientras Claudio verificaba con los prismáticos si era ese el búfalo y su pata anillada.

Confirmado viejo, ese es el nuestro!!! Retrocedimos un poco y me dice – vamos a hacer así, lo arrimamos un poco más, a unos cien metros yo me abro y me acerco de costado para tratar que se te ponga de lado, ahí búscale abajo de la paleta y apenas hacia atrás, si no a la tabla del cogote para no estropear la cabeza, recargá y seguí prendiéndolo fuego enseguida que son muy duros y puede disparar para el monte o la laguna, y se nos va a complicar. Le dije- Gracias amigo, pero le voy a entrar bien de frente-.

Corrijo la SW y la pongo en 6x, regulo el monopod para tirar con rodilla en tierra, quería que la Barnes entrara por donde yo ponía el diminuto puntito rojo, así tener el menor margen de error posible y que pegara la punta apenas arriba y en el medio de las dos paletas, la famosa » olla» que siempre me dio excelentes resultados.

Voy haciendo el arrime en línea recta hasta unos 100mtrs que después resultaron ser unos 80mts. El negro que miraba fijo y levantaba la cabeza venteando con el morro, y la bajaba como diciendo; estoy acá y enojado. Clau de atrás que me murmuraba -Dale que en cualquier momento arranca como un tren y no tenemos una puta rama que nos tape-.  Vos quédate tranquilo que yo estoy temblando jaja.

Le marco a él hasta ahí con el índice y me adelanto un poco dejándolo atrás, apoyo una rodilla y a la vez el fusil en el monopod, apunto al pecho y empiezo a buscarle la zona elegida, clavo el punto, aspiro un poco de aire y retengo, son segundos donde se para el tiempo y se produce un silencio total… Estampido y va la barnes a full pidiendo cancha, se escucha un fuerte bolsazo y el negro que acusa el cimbronazo, arruga y mete el pecho hacia adentro seguramente a causa del golpe y dolor, pega un corcovo y queda parado medio de costado con una pata casi sin apoyar, baja la cabeza meneándola ya entregado como esperando el remate, pero no dio tiempo y cayo pesadamente sobre uno de sus costados.

Clau gritando de alegría por el resultado, y a la vez maldiciendo no haberlo filmado, para él fue una espectacular escena que vio desde atrás. En esos momentos de tensión se nos pasó, pero yo igualmente lo llevare grabado por siempre en mis recuerdos.

Esperamos unos minutos, nos acercamos, todavía respiraba muy lentamente con los ojos abiertos y decidí acelerar su final.

Llamamos por radio avisando que ya habíamos encontrado al búfalo y puesto fin a sus días.

Fueron llegando los muchachos, felicitaciones fotos y la pregunta de rigor, cuantos tiros aguanto el negro jaja “eso estaba bien a la vista”. Después vino la faena de cuartos y lomos para luego terminar el desposte en la estancia. Los entendidos de este campo y del manejo de búfalos, que tienen unos cuantos. Calcularon el peso de este negro en los 1000/1200kg y unos ocho años por la dentadura y cornamenta.

Posiblemente hubiera sido más sencillo solo con un 308w y balas militares buscarle atrás de la oreja o al rulo, pero ese no era el objetivo ni la verdadera prueba de campo que quería hacer sobre el calibre y la punta. La recarga estaba casi en el máximo de su potencial, no se ganaba nada teniendo algo más de fps si no se lograba la agrupación deseada y el impacto buscado. Para mí fue todo más que satisfactorio en la prueba, no había sido sobre un gel balístico, sino sobre una mole de carne y hueso. El calibre y la punta me demostraron ser un todoterreno casi total.

No me equivoque cuando lo elegí como favorito hace más de cuarenta años, teniendo otros calibres.

El equipo, fue mi Sako 85 sintético-inox en 300wm. Mira Swarovski Z8i 2,3-18×56. Recargas propias con puntas Barnes ttsx de 180gr y 78/79gr de R22 con un promedio de 3100/ 3130 fps. Binoculares lleve dos, los Swarovski EL Range 10×42 con telémetro, pero use los Leupold 8×30 chiquitos livianos y cómodos para el arnés, no se necesita más para usar de día y en el monte.



 Daniel Rocca.

Estaba finalizando la brama, los ronquidos no eran tan seguidos y el calor no amainaba, así que ya le estaba poniendo fecha a mi regreso. El primer barco que tripule hace 46 años, decía en el puente » Este navio sai quando pita, e retorna quando ele pode «

Así siempre fue la brama para mí, sé el día que me voy, pero no sé cuándo regreso.

Mi señora siempre me dice cuando parto: disfruta mucho, cuídate y trata de volver entero…extráñanos.

Una semana antes regresando con mi compañero por una picada, después de una recorrida a los guampa se nos cruzó un negro de los grandes, y con cara de pocos amigos nos hizo pegar una reculada hacia un caldén. Mi compañero me comenta, me parece que ese es el alambrado, hace rato que lo venimos buscando, pero siempre nos gana el monte o las isletas, y es difícil verlo cuando anda entreverado con la tropa, (más de cien animales) nos dábamos cuenta por esa pata, ahora ya casi no renguea, pero el tamaño lo sigue delatando es uno de los mas grande, o el más grande del ruedo.

Hacía más de un año había atropellado un alambrado y se enredó la pata derecha con una vuelta del mismo, que después comprobamos la tenía casi en su totalidad por abajo del cuero, la parte baja estaba un poco más hinchada pero no rengueaba como en un principio según los paisas del campo.

Al otro día a la mañana yendo a buscar a unos cazadores lo volvimos a encontrar, pero esta vez estaba con unas hembras y nos encaró decidido al topetazo contra la chata, todo fueron risas y comentarios, pero estábamos arriba de la camioneta…la zafamos ahí nomás. Ahí fue donde le tome el número de patente al arisco.

Luego en el almuerzo hice el comentario de lo ocurrido, y la respuesta fue, ya se salvó hace un tiempo, si le queres poner sal en la cola, dale nomas y sácate el gusto. Todo quedo ahí…

¡Pasaron los días y yo venía lindo con los arrimes, tirará o no! La Pampa no es como los mallines del sur que ves a los ciervos de lejos, acá en el monte siempre es una sorpresa, no sabes con que te vas a encontrar, puede ser una cascarria que ruge como un león enojado, o un ronquido suave y corto de un guampa de los grandes. Tengo la suerte haber cazado y cazar en ambos lugares y entornos, los dos son diferentes y espectaculares, para los que nos gusta ir detrás del gran príncipe del bosque como se le dice afuera. Pensé, me voy pasado mañana, salgo hoy a la tarde y mañana temprano a ver si acerco algo más.

Esa tarde hacía mucho calor y bramaban a full, increíble, yo no entendía más nada, ni a los ciervos, ni al tiempo. Frío o calor braman igual

Empezamos a arrimar varios ronquidos y bramidos y nos decidimos por dos que estaban a las trompadas limpias, es más fácil acercase, los miro y uno era un diez y el atacante un chucero, pero más grande de cuerpo y le estaba dando para que tenga al diez. Dije: lo tumbo al lancero y retumbo el estruendo; asesino al piso, el diez quedo mirando a su adversario sin entender nada, pero mi instinto me hizo apretar el gatillo nuevamente sobre el diez.

Ya estaba hecho, así que decidí que no saldría temprano al otro día tras otro ciervo, el diez fue uno de los cinco de esa brama.

Nos vinieron a buscar y en el transcurso de un campo al otro se me cruzo en la mente el negro pesado y a medida que pasaban los km. más me hacia la idea de esta vez ir a buscarlo yo; quede un momento recalculando y le dije a mis acompañantes : mañana vamos a buscar al negro.

Organizamos todo durante la cena y a dormir temprano.

Por la mañana después de los rigurosos mates salimos en dos chatas y uno a caballo, ya que el lote es grande,10mil ha. de mucho monte, fachinales, algo de planicie, médanos e isletas con ojos de agua, y una inmensa laguna. Un lugar especial para el desarrollo de esta raza. Y este negro que pasaba los guarda-ganados como nada y uno que otro alambrado caído, se manejaba como quería según los paisa.

Agua por todos lados y monte para sombra, pintaba difícil encontrarlo, por algo ya venía zafando hacía tiempo de otras búsquedas.

Arrancamos con mi compañero, yo manejando y él en la caja de la camioneta con los prismáticos. Recorrimos caminos internos y picadas una y otra vez y continuamente comunicándonos por radio con los demás consultando lugares de posible búsqueda.

Así paso más de media mañana, búfalos por todos lados, pero el nuestro sin aparecer por lo que le dije a mi compañero: si no aparece hasta el medio día nos volvemos así comemos la parrillada prometida, un buen descanso a la tarde y voy preparando todo para salir mañana para casa.

Clau, mi compañero, golpea el techo a unos 300m de la laguna y me señala que en una orilla hay unos echados y en el fondo una manada linda. Me dice: si queres dejamos la chata y vamos caminando tranqui; así que fuimos por la orilla opuesta para ver los que estaban en la otra margen.

Mientras nos acercábamos a la laguna, nos sale del monte un macho que se nos para de frente insinuando… por acá hay que pagar peaje. Estaba malo el cojudo pegando uno que otro arranque amenazador. No había forma de ganar la orilla si tener problemas, así que Clau sugiere entrar al monte y salirle bien atrás de donde estaba. Nos dio bastante trabajo ese pedazo de monte muy sucio, pero logramos salir a la orilla ya a unos 200m. del patotero, que nos seguía con la mirada, nos paramos y con los binoculares hicimos un paneo sobre el otro borde opuesto de donde andaban unas hembras con sus crías y un par de machos.

Llegamos a la punta y nos volcamos hacia la izquierda donde había una subida con monte, de ahí podíamos observar y también protegernos de la manada de búfalos que habíamos divisado desde el principio, muchas hembras con cría y machos que ya habían notado nuestra presencia y estaban bastante alterados, pero más las hembras muy protectoras de sus terneros.

Nos quedamos un rato mirando si estaba nuestro anillado, pero nada. Nos comunicamos por radio con los demás y tampoco tenían noticias, aprovechamos a sentarnos un rato ya que a mí me dolía bastante la espalda, debajo del omoplato, por los esfuerzos de días anteriores.

Mi compañero me dice de volver por el margen que habíamos venido, de este lado seguían las hembras y los machos. Se pone a mirar con los binos a nuestro amigo el patotero, cuando nota en la misma dirección, pero en la otra punta de la laguna un negro muy grande, de ahí habíamos arrancado a caminar, me menciona que podría ser ese por el tamaño, pero había que verle la pata.

Arrancamos la caminata a paso firme hasta antes de nuestro amigo que ya estaba atento por el viento que tenia de frente. A esa altura la espalda me pedía auxilio a gritos, y también un poco mi última cadera operada, por lo que hicimos un breve alto y me tome dos keterolac sublingual para amainar el dolor. Claudio mira y ve que el negro se va hacia la lomita que estaba atrás, y detrás de ella a unos 300mts empezaba el monte, seguramente de ahí había venido anteriormente. Entramos al sucio para esquivar nuevamente al búfalo que nos cortaba el paso, salimos otra vez al limpio de la orilla, pero ya no lo veíamos a simple vista ni con los binoculares, además la lomita nos tapaba bastante la visión. Pensamos que seguramente ya estaría dentro del monte y ahí se complicaría el encuentro…

Tanto esfuerzo LPM… aunque tampoco sabíamos a ciencia cierta si era el que buscábamos.

Redoblamos el paso, con la adrenalina a full y con los keterolac encima caminaba sobre una nube, a medida que se avanzaba y se subía esa pequeña cuesta se iba viendo más, y de repente… sorpresa ! en un charco a unos 150/200m de la punta de la laguna, el pesado estaba echado en el agua. Automáticamente nos vio, se paró con la cabeza levantada venteando y se fue despacio hacia la orilla. Me quedé quieto  mientras Claudio verificaba con los prismáticos si era ese el búfalo y su pata anillada.

Confirmado viejo, ese es el nuestro!!! Retrocedimos un poco y me dice – vamos a hacer así, lo arrimamos un poco más, a unos cien metros yo me abro y me acerco de costado para tratar que se te ponga de lado, ahí búscale abajo de la paleta y apenas hacia atrás, si no a la tabla del cogote para no estropear la cabeza, recargá y seguí prendiéndolo fuego enseguida que son muy duros y puede disparar para el monte o la laguna, y se nos va a complicar. Le dije- Gracias amigo, pero le voy a entrar bien de frente-.

Corrijo la SW y la pongo en 6x, regulo el monopod para tirar con rodilla en tierra, quería que la Barnes entrara por donde yo ponía el diminuto puntito rojo, así tener el menor margen de error posible y que pegara la punta apenas arriba y en el medio de las dos paletas, la famosa » olla» que siempre me dio excelentes resultados.

Voy haciendo el arrime en línea recta hasta unos 100m. que después resultaron ser unos 80m. El negro que miraba fijo y levantaba la cabeza venteando con el morro, y la bajaba como diciendo; estoy acá y enojado. Clau de atrás que me murmuraba -Dale que en cualquier momento arranca como un tren y no tenemos una puta rama que nos tape-.  Vos quédate tranquilo que yo estoy temblando jaja.

Le marco a él hasta ahí con el índice y me adelanto un poco dejándolo atrás, apoyo una rodilla y a la vez el fusil en el monopod, apunto al pecho y empiezo a buscarle la zona elegida, clavo el punto, aspiro un poco de aire y retengo, son segundos donde se para el tiempo y se produce un silencio total… Estampido y va la barnes a full pidiendo cancha, se escucha un fuerte bolsazo y el negro que acusa el cimbronazo, arruga y mete el pecho hacia adentro seguramente a causa del golpe y dolor, pega un corcovo y queda parado medio de costado con una pata casi sin apoyar, baja la cabeza meneándola ya entregado como esperando el remate, pero no dio tiempo y cayo pesadamente sobre uno de sus costados.

Clau gritando de alegría por el resultado, y a la vez maldiciendo no haberlo filmado, para él fue una espectacular escena que vio desde atrás. En esos momentos de tensión se nos pasó, pero yo igualmente lo llevare grabado por siempre en mis recuerdos.

Esperamos unos minutos, nos acercamos, todavía respiraba muy lentamente con los ojos abiertos y decidí acelerar su final.

Llamamos por radio avisando que ya habíamos encontrado al búfalo y puesto fin a sus días.

Fueron llegando los muchachos, felicitaciones fotos y la pregunta de rigor, cuantos tiros aguanto el negro jaja “eso estaba bien a la vista”. Después vino la faena de cuartos y lomos para luego terminar el desposte en la estancia. Los entendidos de este campo y del manejo de búfalos, que tienen unos cuantos. Calcularon el peso de este negro en los 1000/1200kg y unos ocho años por la dentadura y cornamenta.

Posiblemente hubiera sido más sencillo solo con un 308w y balas militares buscarle atrás de la oreja o al rulo, pero ese no era el objetivo ni la verdadera prueba de campo que quería hacer sobre el calibre y la punta. La recarga estaba casi en el máximo de su potencial, no se ganaba nada teniendo algo más de fps si no se lograba la agrupación deseada y el impacto buscado. Para mí fue todo más que satisfactorio en la prueba, no había sido sobre un gel balístico, sino sobre una mole de carne y hueso. El calibre y la punta me demostraron ser un todoterreno casi total.

No me equivoque cuando lo elegí como favorito hace más de cuarenta años, teniendo otros calibres.

El equipo, fue mi Sako 85 sintético-inox en 300wm. Mira Swarovski Z8i 2,3-18×56. Recargas propias con puntas Barnes ttsx de 180gr y 78/79gr de R22 con un promedio de 3100/ 3130 fps. Binoculares lleve dos, los Swarovski EL Range 10×42 con telémetro, pero use los Leupold 8×30 chiquitos livianos y cómodos para el arnés, no se necesita más para usar de día y en el monte.

 Daniel Rocca.

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