El “One Shot Antelope Hunt”

Jorge trucco

La voz del piloto anunciaba la llegada a Jackson Hole, miré por la ventana del avión y una vez más me conmoví ante la fantástica vista del cordón de los Teton Mountains… como si fuera la primera vez.

Mi primer visita a Jackson Hole fue en 1979, y la razón principal que siguió llevándome a ese incomparable valle del Río Snake ha sido mi participación anual en el torneo de pesca con mosca “One Fly” que se lleva a cabo cada año el segundo fin de semana de septiembre. A pesar de esto, inexorablemente experimento la misma sensación de impactante estremecimiento al ver los Teton Mountains siempre que llego a Jackson Hole.

Si bien también esta vez iba a participar del “One Fly”, lo que realmente ocupaba mi mente era lo que iba a venir después, el “One Shot Antelope Hunt” en Lander, Wyoming y los diez días a caballo para cazar elk y mule-deer en las montañas Rocallosas después del “One Shot”.  

Durante muchos años oí hablar del “One Shot” pero nunca me imaginé la importancia que este evento realmente tiene en el ambiente de la caza deportiva en Norteamérica hasta que fui como invitado por primera vez el año 2006. En esa oportunidad no participé de la competencia como contendiente pero sí como invitado (“guest”).  Por eso fue que recibí un permiso para cazar antílope pronghorn, lo cual aproveché con éxito pudiendo cobrar un buen ejemplar gracias a que mi anfitrión Will Rigsby (socio en la firma Hall and Hall de bienes raíces) que vive en Jackson Hole, gentilmente me llevó como su invitado y me prestó su 25-06. Will es un viejo participante y organizador del One Shot, y como “Past Shooter” (condición, ésta, que explicaré más adelante) puede ocasionalmente llevar invitados a los que se les entrega un permiso para cazar pronghorn aun sin tener que participar en el torneo.

No fue esa mi primera experiencia cazando pronghorn. Ya en 1987, volviendo de cazar un oso (brown bear) en Alaska, paré en Saratoga, Wyoming para visitar a mi viejo amigo y socio John Schaefer que tiene un campo sobre el North Platte River. En esa ocasión pude cazar mi primer mule-deer y después de mucho esfuerzo y paciencia obtuve también mi primer pronghorn. Recuerdo lo complacido que yo estaba con mi 338 Winchester Mágnum en ese viaje; con él cacé todo: oso pardo (brown bear), caribú, mule-deer y antílope pronghorn. Siempre consideré el 338 como uno de los calibres más versátiles de todos: con puntas de 250 grains es ideal para oso y alce, con puntas de 210 o 225 grains es perfecto para elk y ciervo colorado, y con puntas de 180 a 200 grains sirve para todos los antílopes, ciervos y carneros a larga distancia (con puntas de 180 grains uno puede lograr recargas que partan a más de 3.200 pies por segundo, y eso es tan rasante como un 7mm o un 300 mágnum). Y en ese viaje lo pude comprobar totalmente.

Así fue como aprendí a apreciar lo divertido que es cazar los pronghorn que viven en las planicies del oeste de EEUU y siempre se mantienen a enormes distancias de uno; lo cual implica la necesidad de tener que intentar tiros de más de 300 metros con bastante frecuencia.

El “One Shot Antelope Hunt” es un torneo que se lleva a cabo usualmente el tercer sábado de Septiembre todos los años. Pero todas las presentaciones, inscripciones, celebraciones y banquetes, comienzan el miércoles anterior al día de la cacería.

Las ceremonias previas a la cacería incluyen la regulación de los rifles de los participantes junto con diversas competencias de tiro (con rifle a siluetas metálicas distantes, “cowboy shooting” con revólver de acción simple, y al platillo con escopeta).

Durante la tarde previa al evento una impresionante ceremonia india es realizada en la que los cazadores participantes del One Shot escuchan “La Leyenda de la Cacería” (the Legend of the Hunt) y son convertidos en hermanos de sangre de la tribu Shoshone. Cada cazador recibe un nombre indio, el cual generalmente corresponde con su vocación. También recibe una bolsita sagrada conteniendo medicina india y la bendición de la bala que va a usar en la cacería.

El One Shot consiste en cazar un antílope pronghorn macho con un solo tiro. El torneo es realizado por equipos de tres cazadores y se lleva a cabo en tierras públicas cercanas a Lander, Wyoming (el 70% de la superficie del Estado de Wyoming son tierras públicas). Si un participante falla o utiliza más de un tiro, pierde. Y gana el equipo que consigue el más alto número de aciertos. El resultado ideal para un equipo es, obviamente, tres, ya que sólo participan tres cazadores por equipo. Pero si ningún equipo alcanza los tres aciertos se tomarán los que lleguen a dos (y si se da el caso de que ningún equipo llegase a dos aciertos, lo cual es altamente improbable, se tomarán los que tengan sólo uno).  En caso de empate en el número de aciertos entre dos o más equipos gana el equipo que utilizó menos tiempo neto sumado. Por lo tanto no sólo es importante no fallar (o no herir y/o necesitar un segundo tiro) sino que también es importante cazar el antílope en el menor tiempo posible. La calidad del trofeo no importa.

Otra importante condición es que un participante no puede utilizar ningún apoyo artificial para tirar, sólo lo natural (una roca, una mata). No se puede utilizar ni bípode, ni mochila, ni chaqueta, ni nada que no sea parte del paisaje. Y el paisaje en la zona de Lander es muy pelado, es la plena estepa de Wyoming…, no hay árboles, las matas de “sage brush” son muy bajas y en general no hay rocas grandes que sobresalgan del suelo. Por eso frecuentemente la posición de tiro es cuerpo a tierra o sentado apoyando los codos sobre las rodillas.  

La caza del pronghorn tiene mucho que ver tanto con la tradición del pueblo Shoshone como la de los primeros pioneros ya que de ella dependía su supervivencia durante los crudos inviernos del Oeste norteamericano.   

El primer One Shot tuvo lugar en 1940 en el que sólo dos equipos compitieron, Wyoming y Colorado, siendo éste último el primer equipo vencedor. Al año siguiente se sumó Texas. A partir de entonces el One Shot se popularizó en EEUU e internacionalmente, generando eventos similares en Norteamérica y África.

Sus reglas permanecieron prácticamente iguales a como eran en 1940. Los pocos cambios impulsados por los directivos del evento a lo largo de los años fueron meramente para consolidar y promover los ideales del espíritu deportivo y la conservación de las especies de caza; con gran énfasis también en el espíritu de camaradería, la habilidad en el campo de caza y la precisión con un rifle de caza mayor.

Una vez habiendo participado en el One Shot uno adquiere la condición de “Past Shooter” (cazador veterano) y es invitado a ser miembro del Past Shooters Club. En 1979 la Legislatura de Wyoming le garantizó a la organización del One Shot un porcentaje anual de permisos de caza del antílope pronghorn para las áreas cercanas a Lander. Las licencias que no son utilizadas por los participantes del One Shot son, así, ofrecidas a los Past Shooters y sus huéspedes. Por eso es que, quizás, el mayor estímulo que uno tiene para participar del One Shot sea la posibilidad de convertirse en Past Shooter y de esa forma poder obtener la garantía de tener un permiso para cazar antílope pronghorn en Wyoming todos los años por el resto de su vida (pagándolo, por supuesto, pero con la garantía de obtenerlo, lo cual es siempre tan difícil).

A fines de la década de los 60 y a principios de los 70 las autoridades del Past Shooters Club tuvieron la iniciativa de establecer una organización separada para asistir a la vida salvaje de cuya caza habían disfrutado durante tantos años. De acuerdo a los estudios entonces realizados por el Wyoming Game and Fish Department (Departamento de Caza y Pesca de Wyoming) el factor principal para la supervivencia de la vida salvaje de Wyoming era el agua. Así fue cómo en 1975 la Fundación del One Shot Antelope Hunt se formó. En 1976 dicha fundación, con la colaboración del Wyoming Game and Fish Department se dirigió a la Oficina de Manejo de Tierras (Bureau of Land Management) con un ofrecimiento singular que era participar en la generación de fondos para un muy necesario programa de desarrollo de nuevos lugares con agua para la vida salvaje. Este programa estaba pensado principalmente para mejorar el acceso al agua en aquellos sectores del hábitat del pronghorn en donde la misma era muy escasa. Así nació el programa “Water for Wildlife” que es el sentido real y principal que actualmente tiene el One Shot.

Para poder participar, los equipos tienen que formalmente y por escrito “desafiar” al gobernador de Wyoming. Son muchos los equipos que anualmente se presentan y sólo dos tienen su participación asegurada: el equipo de Wyoming (en el que usualmente participa el gobernador de dicho Estado) y el equipo patrocinado por el Past Shooters Club (el club formado por los ex participantes del One Shot). El total de participantes es normalmente de ocho equipos (en el año 2007 fueron nueve).

La buena idea de presentar un “Equipo Argentino” para el One Shot 2007 fue de mi amigo Will Rigsby ya que él supuso que los directivos del One Shot y la gente de Lander verían con sumo agrado la participación de un equipo extranjero, y especialmente de un país distante como la Argentina. Y así fue… Le escribí una carta al gobernador Dave Freudenthal desafiándolo, y la organización del One Shot finalmente priorizó la participación del Equipo Argentino (llamado por ellos “Team Argentine”) por sobre los otros equipos postulantes.

Una vez que supimos que efectivamente iba yo a participar en el One Shot, Will Rigsby me sugirió la idea de que yo, en forma personal, “aplicara” también solicitando permisos para cazar elk y mule-deer en el Estado de Wyoming. Las posibilidades de conseguir ambos permisos, además del que ya tenía asegurado, que era el de pronghorn por participar en el One Shot, eran, como siempre, bajas; son muchos los que “aplican” y es limitado el número de permisos que anualmente se otorgan mediante un sistema de sorteo entre los solicitantes. La aplicación se hace mediante un pago al Estado de Wyoming, pero si uno no sale sorteado el pago le es devuelto. 

Enorme y gratísima fue mi sorpresa cuando recibí las cartas de aceptación Wyoming Game and Fish Department junto con ambos permisos para cazar elk y mule-deer; aunque debo decir que mi real interés era el elk dado que nunca había cazado uno, y ésa iba a ser mi prioridad principal después del One Shot.

Tan pronto tomé conciencia de la singular oportunidad que se me presentaba pensé en qué calibre sería el que más se adecuaría para cazar las tres especies. Le comenté el caso al escritor de caza Stuart Williams, y conociendo mi predilección por el rifle Winchester Modelo 70 (que se ha dejado de fabricar hace poco más de un año) Stuart me consiguió uno nuevo y flamante, de acero inoxidable y culata sintética en el nuevo calibre 7mm Winchester Short Mágnum, y se lo envió a Will Rigsby, en Jackson Hole, para que me lo diera cuando yo llegara. El rifle llegó con una mira Kahles de 3.5-10×50.

Inicialmente los participantes del “Team Argentine” íbamos a ser Juan Carlos Rúa, Fernando Mihanovich y yo, pero Juan Carlos y Fernando, debido a obligaciones profesionales ineludibles, se encontraron impedidos de viajar a último momento, por lo que se incorporaron mi hijo Felipe y mi vecino de San Martín de los Andes, Storm Spoljaric, quien reside gran parte del tiempo en su campo sobre el Río Chimehuín, una especie de argentino por adopción muy identificado con la Patagonia.

Ya en Jackson Hole, luego de participar en el torneo “One Fly” en el que mi equipo terminó 8° (participan 36 equipos) me instalé en la casa de Will Rigsby y me dispuse a concentrarme en las cacerías que se avecinaban. Lo más urgente era preparar mi nuevo rifle, y los que iban a utilizar Felipe y Storm.

Como recargador ya me había estudiado todas las mejores fórmulas publicadas en los manuales de recarga para el 7mmWSM. Así fue que encargué todos los componentes imaginables (pólvoras, puntas, fulminantes, vainas, cronógrafo, etc.) que se encontraban almacenados esperándome en el cuarto de recarga de la casa de Will Rigsby. Pero previendo que en tres días quizás no iba a tener el tiempo necesario para desarrollar las recargas óptimas decidí también encargar munición “factory” de Federal y Winchester en 7mmWSM, como así también en 257 Weatherby Mágnum y en 25-06 Remington que eran los calibres de los rifles que iban a usar Felipe y Storm gracias a la gentileza de Will Rigsby que ofreció prestárnoslos para el evento.

El Jackson Hole Gun Club tiene un polígono muy bien equipado con blancos a 100, 200, 300, 400 y 500 yardas y muy cómodos bancos de tiro. Luego de hacerme socio, me transformé en un asiduo concurrente al mismo.

El 7mmWSM me impresionó gratamente ya que mostró muy buena precisión con casi todas las diferentes balas “factory” que compré, especialmente con las Federal “Nosler Partition” de 160 grains. Pero lo que más me impresionó fueron las velocidades que registró en el cronógrafo. Las Federal “Nosler Partition” de 160 grains salían disparadas a una velocidad promedio de 3.251 pies por segundo, las Federal “Accubond”, también de 160 grains registraban 3.175 pies por segundo. Y las diferentes versiones con puntas de 140 grains fabricadas por Federal y Winchester estaban entre 3.250 y 3.340 pies por segundo de velocidad inicial promedio. Pensé que quizás fuera el caso de que el particular rifle que me tocó en suerte podía ser excepcionalmente “veloz” y decidí probar las mismas balas en un rifle Savage de un vecino, también del calibre 7mmWSM. El Savage resultó ser unos 70 pies por segundo más lento que mi Model 70 pero era igualmente muy veloz.

Estas son velocidades decididamente superiores a las del clásico 7mm Remington Mágnum que me es tan familiar y que es por lo menos 200 pies por segundo más lento con balas “factory”. Aparte, el 7mmWSM parece ser inherentemente preciso. Quizás esto sea por el hecho de tener idéntica capacidad de carga de pólvora del 7mm Remington Mágnum, pero en una cápsula más gorda y más corta. La teoría indica que las cápsulas gordas y cortas ofrecen una combustión de la pólvora más eficiente y uniforme, lo que –teóricamente- asegura mayor precisión y velocidad. Si uno considera el éxito rotundo obtenido por el Dr. Louis Palmisano y Ferris Pindell en los torneos de “Bench Rest Shooting” después de que, en 1974, y a partir del calibre 220 Russian, desarrollaran el 22 PPC, y un año más tarde el 6mm PPC, ambos basados en el criterio de cápsulas cortas y gordas, es entendible que los nuevos calibres WSM, basados en igual criterio, tiendan a ser más precisos y eficientes.

Yo había regulado la tensión de gatillo en tan sólo 3 libras y los resultados eran evidentes, casi todas las balas agrupaban muy bien, pero era claro que mi rifle tendía a agrupar mejor con las puntas de 160 grains que con las de 140. Luego de probar todas las alternativas de balas “factory” disponibles en el mercado decidí usar las Federal “Nosler Partition” de 160 grains (las que mejor agrupaban) para todo, desde pronghorn a elk. Si antes de empezar me hubieran preguntado qué balas preferiría yo que agruparan bien con mi rifle mi respuesta hubiera sido “las Nosler Partition de 160 grains”. Afortunadamente así fue. Son ideales para elk porque tienen excelente penetración, y a velocidades de más de 3.250 pies por segundo son perfectas para tiros largos a especies de menor tamaño como el pronghorn. Y regulé mi rifle para distancias de 300yardas para no tener que hacer cálculos de trayectorias ni correcciones en la forma de apuntar.  

La otra sorpresa fue la notable precisión que mostró el flamante rifle Weatherby Vanguard en calibre 257 Weatherby Mágnum. ¡Impresionante! Grupos de ½ pulgada a velocidades que superaban los 3.400 pies por segundo con puntas Ballistic Tip de 115 grains. Ideal para pronghorn a largas distancias. Éste iba a ser el rifle que usaría Felipe.

Para el 25-06 Remington (un Ruger 77 Mk II) usé las mismas recargas del año pasado: 50 grains de IMR 4831 con puntas Ballistic Tip de 115 grains, alcanzando velocidades superiores a los 3.000 pies por segundo y con excelente agrupación. Sería el rifle a usar por Storm.

Ya con todo listo y preparado, y con los rifles regulados para distancias largas, el miércoles 12 de septiembre partimos en la camioneta de Will Rigsby, en un viaje de tres horas, desde los verdes y arbolados parajes Jackson hacia el noreste, en dirección del pueblo de Lander en el medio de la árida estepa de Wyoming, en donde nos encontraríamos con Felipe y Storm, mis compañeros en el “Team Argentine”, del cual yo era capitán.

El grado de perfección de la organización del One Shot se hizo inmediatamente evidente tan pronto llegamos a Lander.  A cada equipo lo esperaba su “greeter” (coordinador asignado exclusivamente a cada equipo para asistirlo durante toda la duración del evento).  Nuestro “greeter” era Rich Boulette (miembro de una tradicional familia de Lander y que cada año colabora voluntariamente en la organización de este tradicional evento con el que toda la gente local se identifica tan intensamente), quien nos estaba esperando junto con mi hijo Felipe que había llegado más temprano.  

Storm llegó al día siguiente y durante todo el jueves y viernes participamos de las diferentes competencias de tiro y de todas las celebraciones tradicionales organizadas para el One Shot incluyendo las ceremonias de los indios Shoshone quienes nos bendijeron las balas, nos hicieron sus hermanos de sangre y no dieron nombres indios. A mí me llamaron Bee Ah Day Quah Hee (en inglés “Big Boss”), a Felipe lo llamaron Doe Yah Vio (en inglés “Latin Man”), y a Storm lo llamaron Zant Su Gund (en inglés “Happy Man”).

Normalmente las ceremonias se hacen al aire libre con la presencia de todo el pueblo Shoshone. Yo lo presencié el año anterior y es realmente impresionante.  Pero esta vez llovió y las ceremonias tuvieron que realizarse en el Community Center de Lander.

Durante las prácticas de tiro en el polígono del Lander Valley Sportsmens Range, los dos días previos al día de la cacería, Felipe, que era un principiante, fue familiarizándose intensamente con el 257 Weatherby. Había numerosos instructores de tiro con rifle que colaboraban con el evento y dos de ellos se preocuparon en preparar bien a Felipe que con sus 27 años era el más joven del torneo. Felipe descolló en las prácticas, se encontró muy cómodo tirando desde la posición de sentado acertando repetidamente a blancos que estaban a 300 y 400 yardas. Se descubrió a sí mismo como un tirador natural. Al percibir eso los instructores intensificaron su dedicación a entrenarlo para tirar desde varias posiciones incluyendo la de cuerpo a tierra que es la más usual durante el One Shot.

Storm probó unos pocos tiros con el 25-06 y mis recargas, constató que pegaba bien, y, como buen dueño de viñedos, “Happy Man” se dedicó el resto del tiempo a tomar vino fino y pasarla bien hasta el día de la cacería.

Así llegó el sábado, el día de la cacería (que era precisamente la fecha de apertura de la temporada de caza del pronghorn con rifle de pólvora sin humo). Me levanté a las 3:30 de la mañana y a las 4 me encontré con Chuck Brodie, mi guía para la cacería. Tomamos un rápido desayuno y partimos en su pick-up hacia el área que me había sido asignada.

Detrás nuestro venía otro vehículo con Jim Lyons y su guía. Jim era integrante del Colorado Team (que era también integrado por el gobernador del Estado de Colorado, Sr. Bill Ritter). Ambos íbamos a compartir la misma área turnándonos.

Así funciona el One Shot. En cada área asignada cazan dos participantes de equipos rivales turnándose una hora cada uno. Se tira la moneda para determinar quien empieza, y el guía mide el tiempo con un cronómetro. Una de las reglas interesantes es que, si el que está cazando tira y falla, su rival puede inmediatamente tirarle al mismo pronghorn, dado que técnicamente el tiempo del segundo cazador puede comenzar cuando termina el del primer cazador (o viceversa) que puede bien ser el instante inmediato después del disparo. 

Una de las cosas que analizamos previamente con mis compañeros de equipo y con Will Rigsby (que era un Past Shooter) era que era muy usual errar en el One Shot.  La sensación de necesidad de cazar en el tiempo más corto posible hace que muchos arriesguen tiros muy largos y de posiciones muy incómodas. Decidimos que lo más importante era no arriesgar un tiro si no nos sentíamos cómodos o seguros. Era preferible esperar la siguiente oportunidad.

Como estaba programada, la cacería empezó exactamente a las 6:30 horas. A mí me tocó cazar primero, aunque no estaba seguro que eso fuera lo más conveniente. Estaba todavía oscuro y la visibilidad era baja.

No supuse que iba a estar nervioso, pero de pronto empecé a sentir una sensación de presión psicológica. Me di cuenta de que, en realidad, más que ganar, lo que yo realmente quería era no fallar. Me empezaba a asustar la posibilidad de pasar a la categoría de Past Shooter habiendo fallado en el One Shot. Participar en él es algo que probablemente le pueda pasar a uno, con suerte, sólo una vez en la vida, y no quería quedar registrado en la historia del One Shot como alguien que falló su único tiro.

Es oportuno explicar también que en el One Shot los participantes que logran efectivamente abatir un pronghorn de un sólo tiro reciben como premio y reconocimiento una “bala de plata”, que es en realidad una bala calibre 270 dentro de una placa de acrílico con la inscripción “Successful Hunter”, y cuya vaina es, en efecto, plateada. Y los que fallan reciben la estatuilla de un pronghorn riéndose.

Ya habían pasado 15 minutos y sólo veíamos hembras. Hasta que detrás de unas hembras vimos un macho a la distancia, caminando de izquierda a derecha. Chuck y yo decidimos intentar un acercamiento. Jim y su guía nos siguieron. Encontramos una formación rocosa baja y allí me instalé. Traté de buscar una posición cómoda pero no podía encontrarla. Estaba todavía oscuro y no se veía bien. El pronghorn seguía yendo hacia la derecha a unas 200 yardas de distancia y alejándose. Se detuvo un instante. Pero el apoyo que yo tenía sobre la formación rocosa no me daba un buen ángulo…, y no estaba cómodo. No estaba seguro y decidí no tirar.  Cuando me levanté pude ver a Jim unos metros detrás de mí apuntando inmóvil. Él sabía que si yo fallaba él podía intentar su tiro, y estaba preparado, pero yo no tiré.

Tenía una sensación rara. Me preguntaba a mí mismo si realmente había desperdiciado mi oportunidad. Pero la cosa se puso peor 5 minutos después cuando luego de tropezar me caí y golpeé mi rifle fuertemente contra el suelo pedregoso. La mira también se golpeó y temí que se pudiera haber desajustado. No había nada que yo podía hacer, pensé que podía estar teniendo un mal día, de todas formas decidí sacarme ese pensamiento de mi cabeza, olvidarme del tema y concentrarme sólo en cazar. Pero no tuve otra oportunidad y mi hora se agotó.

Durante la siguiente hora recorrimos varios sectores del área que nos fuera asignada pero no pudimos encontrar ninguna oportunidad para Jim, y su hora también se agotó. Veíamos pronghorn a la distancia, pero parecían nerviosos. Pensamos que la presión de los cazadores de pólvora negra cuya temporada había empezado una semana antes, habría tornado a los pronghorn más ariscos y huidizos.

La mañana transcurría y la claridad nos delataba. Yo comenzaba mi segunda hora y la cacería parecía tornarse cada vez más difícil. Sólo podíamos encontrar algunas hembras a la distancia. Hasta que, 30 minutos después de iniciada mi segunda hora, Chuck divisó un macho a la distancia. Parecía un buen pronghorn, estaba solo y quieto, casi inmóvil, al final de una loma leve. Parecía que miraba en dirección nuestra y Chuck nos dijo que nos tiráramos al suelo y nos quedáramos quietos sin movernos en absoluto.

“Los pronghorn sólo perciben el movimiento”, dijo Chuck. “Si nos quedamos quietos un rato es posible que se quede donde está”, agregó.

El pronghorn no se movió y después de unos 10 minutos Chuck me indicó una superficie rocosa plana y baja.

“Ponete ahí y tirale”, me dijo.

“Creo que está muy lejos y el apoyo no parece bueno”, contesté.

“La mañana se nos va y se va a poner más difícil a medida que se acerca el mediodía”, insistió Chuck.

Entonces me arrastré hasta el punto que él indicaba, me puse cuerpo a tierra bien bajo, y me dispuse a apuntar. De golpe me sentí en una posición cómoda y estable que no esperaba encontrar. ¿Cambiaba mi suerte? Miré a través de la mira y ahí estaba el pronghorn, inmóvil.

Sabía que estaba lejos, pero calculaba que la distancia no parecía exceder las 300yardas y había encontrado un casi perfecto lugar de apoyo. Mi rifle estaba firme e inmóvil, clavé la cruz de mi mira en el centro de la zona vital del pronghorn y empecé a apretar el gatillo suave y sostenidamente hasta que el tiro me sorprendió.

“¡He’s down, he’s down!” gritó Chuck, y también los otros.

Yo no pude ver mucho después del tiro, la patada del rifle me había hecho perder de vista al pronghorn. Levanté mi cabeza para ver, pero igual no lo veía.

“¡Cayó como fulminado por un rayo!” repetía Chuck, “¡vamos a buscarlo!

Era realmente un buen pronghorn. El mejor que cacé. Todos estábamos en un grado de gran excitación, especialmente Jim Lyons, un caballero, que estaba feliz como si lo hubiera cazado él. Sacamos un montón de fotos y nos dispusimos a buscar un pronghorn para Jim, mi contrincante, cuya segunda hora, así, comenzaba.

La mañana inexorablemente se nos iba y parecía cada vez más difícil encontrar un pronghorn para Jim. Pero de pronto Chuck divisó uno a enorme distancia…, del otro lado de un ancho valle, sobre una elevación. Jim decidió intentar un acercamiento y él y su guía se aprestaron a cruzar el valle mientras que Chuck y yo, por medio de señas, los orientábamos. Éramos contrincantes pero actuábamos como compañeros de equipo. Finalmente Jim, luego de trepar la ladera opuesta del valle, pudo acercarse a unas 200 yardas y, con su Tikka calibre 270, cobrar un magnífico ejemplar que resultó ser el mejor del One Shot.

La mañana había sido excelente y exitosa. Me invadía un estado de felicidad indescriptible…, y empecé a sentir la irresistible e imperiosa curiosidad de saber cómo le había ido a Felipe y a Storm, mis compañeros en el Equipo Argentino.

Algo inesperado pasó. Volvíamos al pueblo de Lander en la camioneta de Chuck escuchando la radio…, pasaban música country sin parar…, y de golpe el locutor anunció:

“¡Novedades del One Shot! ¡Sólo tres equipos acertaron en un 100% al cobrar sus tres antílopes de un sólo tiro: el Equipo Past Shooters, el Equipo Chipolopolo y el Equipo Argentino!”

¡No podía creerlo! Me vine a enterar de cómo le fue al resto de mi equipo… ¡por la estación de radio! Inconcientemente empecé a alimentar la esperanza de ganar y la ansiedad me invadió.

Luego de dejar mi pronghorn en lo del taxidermista Allen Kerkhove, dueño de “Wind River Taxidermy”, partí en busca de Felipe y Storm.

Los cuentos fueron emocionantes. Felipe necesitó efectivamente intentar un tiro desde la posición de “sentado” que tanto había practicado…, y acertó ¡a 200 yardas!

Storm, con su habitual irreverencia, osó tirarle a un pronghorn en movimiento a 100 yardas a mano alzada. ¡Y también acertó!

Finalmente salimos segundos. El Equipo Past Shooters nos había ganado por 5 minutos.

Pero estaba feliz…, el Equipo Argentino brilló y todos nos felicitaban. Los tres cumplimos con excelentes aciertos que quedarán registrados para siempre en la historia del One Shot.  Nos dieron a cada uno una “bala de plata” como premio por haber acertado y pasamos a la categoría de “Past Shooters” con máxima dignidad. Percibía el cabal y placentero sentimiento de misión cumplida.

Y de pronto empecé a experimentar una sensación nueva. Me di cuenta que el One Shot ya era historia…, que mi mente comenzaba a concentrarse en mi próximo desafío, en lo que iba a intentar la semana siguiente: internarme a caballo en las Rocallosas de Wyoming para cazar el majestuoso elk. 

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