El raro

Osvaldo Gatica

Esperaba ansiosamente que llegara el fin de semana. El sur de San Luis se estremecía en bramidos, y había conseguido permiso para cazar en un muy buen campo.

Llegué antes del amanecer, solo me acompañaba mi viejo y campero Mauser y mi mochila con lo justo y necesario para pasar el día.

Me interné derecho en el monte, escuchando machos bramar por todos lados, ahora debía elegir a cuál encarar, decidiéndome a ir por el bramido que más me gustó, a mi entender el que más prometía.

Sin saber si estaba o no con hembras, me fui acercando muy despacio, no es raro toparse con una hembra en la oscuridad, y ocasionar la espantada.

El sol de a poco amagaba con asomarse y las primeras luces ya me permitían ver “algo”. Mi ciervo no se había movido, y seguía bramando en el mismo lugar, un fachinal con más características de dormidero que de bramera.

Me decidí por bramarle desde afuera rogando poder sacarlo al claro, busqué en mi mochila el bramador, cuando me di cuenta de que me lo había olvidado… Se me ocurrió golpear unas ramas con un palo, imitando otro ciervo al refregarse o peleando solo, era temprano y si se espantaba pensaba seguirlo.

A la segunda aporreada se calló por completo – pensé que lo había asustado-. Esperé un rato y volví a hacer el mismo ruido, cuando me sorprendió el bramido y el tropel del ciervo que venía derecho donde yo estaba. Solté ligero el palo y agarré el rifle.

Para ese momento ya tenía buena luz, pero igual ni con los binoculares podía verlo dentro del fachinal, aunque sus rezongos me decían que estaba cada vez más cerca. Sin ningún problema y como venía, salió al claro. Al verlo me sorprendí, era raro… De un lado su cornamenta era común, candiles completos y corona de tres, pero el asta del otro lado era mucho más corta, gruesa y con mayor número de puntas.

Busqué apoyo, respire hondo y deje que los 180 gr del .30-06 hicieran lo suyo en el cogote. Cayó fulminado y sin ningún tipo de sufrimiento, en el mismo lugar que estaba.

Ahora me encontraba con un hermoso y raro ciervo a mis pies, comencé a observarlo detenidamente y noté que sus rosetas estaban bien pegadas al cráneo, junto con el aspecto general del ciervo me decían que podía ser viejo, pero al revisar su boca, me encontré con medio diente o con la dentición de un ciervo más joven, lo que hasta hoy me tiene confundido o intrigado…

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