El último que arrimamos

Hace ya unos cuantos años, tomé el oficio de guía de caza, como mi principal actividad, y la brama 2023, como otras tantas, me venía regalando muy buenos momentos, con clientes, amigos y compañeros de trabajo, aunque me daría un cierre de temporada que recordaré por siempre.

Después de una semana de cacerías, con el último grupo de la temporada y habiendo ya completado los respectivos cupos, nuestros cazadores decidieron dar una última vuelta más…

Mate de por medio, con mis compañeros de trabajo, mirábamos el pronóstico del viento y decidíamos los lugares donde guiaremos a nuestros respectivos cazadores. Nos deseamos buena suerte, rifles y equipos arriba de las camionetas y a cazar. Ya sabíamos que eran nuestras últimas salidas y esto hacía que tuviéramos el mismo entusiasmo que el primer día temporada.

Había sido una excelente temporada y la brama nos seguía acompañando, por lo que no habían pasado más que minutos desde que no bajamos de la camioneta y escuchamos el primer rugido. Tomamos el viento y comenzamos a caminar lentamente hasta que nos encontramos los primeros ciervos levantándose de su siesta vespertina. En nuestro recorrido pudimos ver varios selectivos a los cuales dejamos pasar buscando siempre algo un poco mejor. Lamentablemente, el que no era joven, era chico, o simplemente no cumplía con las expectativas del cazador…

La brama se tornó vibrante, como si recién comenzara, cuando en realidad, por la fecha, ya se debería de estar cortando. Sin pensarlo demasiado hacia allí nos dirigimos. De a poco nos adentramos al núcleo del quilombo… donde vimos algunos machos y escuchamos a otros tantos. Hasta que nos sorprendió un bramido detrás de nosotros. Pusimos marcha atrás, dimos un buen rodeo (ya que el viento lo teníamos mal) y esperamos a que volviera a bramar. En cuanto lo hizo, nos dirigimos detrás de él sin perder un solo segundo. No tardamos en encontrarlo, aunque no podíamos verlo bien porque estaba aspeándose en un caldeo caído, bajo la custodia de un pequeño, pero atento grupo de hembras.

La conversación de siempre. – ¿Tenés bala en recámara? – Sí! – dice mi cazador – Bueno, pegate a un metro mío y vamos…

Después de jugar con nosotros a las escondidas de renuevo, en renuevo, lo vimos… No podíamos creer lo que teníamos enfrente. – ¡Es gigante! Acomódate sobre mi hombro. – Le digo. Mientras el ciervo demolía el viejo caldeo seco, haciendo un ruido increíble.

El 7MM retumbó en el monte, impactando en el centro de la paleta, desplomándolo en el lugar. Le pedí que recargara para rematar y el segundo disparo fue errado, quién sabe por qué (emoción, nervios, adrenalina), uno supone muchas cosas… y al instante vino un tercer disparo para asegurar y terminar la faena.

Mi cazador sonriente ahora, bajando pulsaciones, en el silencio que produjeron los disparos; yo sacudiéndome las orejas, tratando de sacarme el molesto zumbido que produce el tan cercano estruendo, pero feliz. Llegó ese tan merecido abrazo de felicitaciones, mientras apreciábamos un imponente 12 al que, a mi entender, consideré el mejor ciervo de mi temporada y sin dudas va a quedar en mi memoria.

Bruno Fabozzi

Suscribite al canal de Cazador en
YouTube

Suscribite al canal de Cazador en YouTube

Suscribite a nuestro canal de YouTube y descubre con nosotros distintos cotos de caza de la República  Argentina.
Conocerás el establecimiento, los servicios que ofrece, las especies a cazar y toda la información que el cazador quiere saber.

Seguinos también en