Era una luna de junio, aprontamos la salida con mis compañeros desde Mendoza a Gral. Alvear, distantes a unos 300 km. Con muchas expectativas, ya que Fernando nos había adelantado que había muchos rastros en los apostaderos. Mates y anécdotas de por medio emprendimos el viaje, una vez llegados al campo improvisamos rápido unos sandwichs de milanesa porque debíamos apostarnos temprano según recomendación. Luego de almorzar preparamos los fusiles y botellita de agua, nos dividimos y cada uno fue llevado a los diferentes apostaderos tipo 18:00 hs.
Con la imponente imagen del Cerro El Nevado, comienza a caer la tarde entre cantos de pájaros y sin notar actividad alguna. Al oscurecer la luna iluminaba de forma perfecta el campo y el cebadero, zorros a lo lejos era lo único que se escuchaba en esa fría noche de junio. Me abrigo ya con el camperón debido a que el clima comenzó a cambiar, un viento sur helado y nubes que empezaron a cubrir el cielo daban nota que iba a ser una incómoda y larga noche. Por suerte los apostaderos eran cerrados y muy cómodos. Por lo cual teníamos reparo del viento y de la lluvia que de repente empezó a caer. Al pasar las horas y no ver actividad, mis expectativas caían lentamente. Para desgracia la luna comenzó a caer frente a mí, encandilándome y no dejando ver con claridad la zona de la comida. Tipo 5 de la mañana de repente nuevamente el cielo se cierra por completo y comienza a lloviznar. Ya la visibilidad era muy dificultosa y mis esperanzas se agotaban por completo. Cuando a las 5:30 hs en la penumbra diviso a lo lejos un bulto oscuro que no estaba en ese lugar y justo en el lugar de la comida. Sin dudarlo busco el objetivo con la mira y hago zoom, a simple vista no podía diferenciar si era un jabalí o parte del monte, pero mi instinto cazador me decía que ese bulto no estaba ahí antes por lo cual coloco el dedo en la cola del disparador y enciendo la linterna, que tenía montada en el máuser 7,65 de caballería regalo de mi padre, cuando para mi asombro diviso que era el jabalí tan ansiado y jalo del gatillo sin corregir el tiro PUM, fueron fracciones de segundo que como novato no me permitieron corregir el tiro con temor que se fuera al encender la linterna. Luego del estruendo, el fogonazo y el humo que se veía en la mira, alumbro nuevamente y NADA. Para mi asombro no veía nada, entre conjeturas si había errado el tiro o le había pegado y si se había ido herido… yo estaba seguro de que le había pegado. Días antes estuvimos calibrando y agrupaba muy bien con recarga propia y punta Hornady RN 174gn. No quedaba otra que esperar que amaneciera y buscar rastros del suido con luz natural. Ya a las 8:00 hs llegó a buscarme Carlos, el dueño del campo, le cuento lo sucedido y sin dudarlo me dijo, vamos a buscar rastros a ver si lo encontramos. En un yuyo alcanzamos a observar un pequeño pedazo de carne y sangre, por lo que le dije VISTE ESTABA SEGURO DE QUE LE PEGUE. Luego de 30 minutos de buscar, pensábamos en lo peor (se me fue, me decía entre mí). Me dice Carlos, vamos a despertar al resto, que habían regresado a la casa temprano sin suerte alguna, y venimos todos a buscarlo. Cuando camino a la camioneta me grita acá va el rastro. Lo cual aceleró mi ritmo cardíaco de la alegría. Al seguir los rastros de sangre y órganos del animal, que cada vez eran más grandes, a los 50 m lo encontramos con el impacto en el medio del chancho. No podía dejar de expresar mi enorme alegría de haber cazado mi primer jabalí. Al llegar con mis compañeros, luego de las felicitaciones, constatamos que el tiro había perforado los pulmones y aun así corrió 50 m. Sin lugar a dudas, el elogio más grande por parte del grupo fue el haberme quedado toda la noche y la perseverancia. Moraleja no siempre bajan los chanchos temprano…
Suscribite a nuestro canal de YouTube y descubre con nosotros distintos cotos de caza de la República Argentina.
Conocerás el establecimiento, los servicios que ofrece, las especies a cazar y toda la información que el cazador quiere saber.