Mi primer padrillo

Comencé a practicar la caza mayor en el año 2016. Mi mentor, como no podía ser de otra manera, fue mi viejo, mi gran amigo y compañero de tantas aventuras, a quien hoy ya no tengo, pero honro siguiendo su legado.

Recuerdo nuestras primeras apostadas en la Provincia de La Pampa, cuando ni siquiera tenía rifle propio, y él, para contagiarme su entusiasmo y esta pasión, me concedía siempre el primer tiro. Así vinieron algunos lechones, y algún que otro padrillito, pero el trofeo (ese padrillo que siempre buscamos) seguía sin aparecer. Hasta que un buen día, contacté nuevamente a mis amigos de Hunting La Paz y contraté una cacería para la luna llena de setiembre. Ahora mi racha cambiaría…

Llegamos con Tavo, mi amigo y compañero de caza un miércoles por la mañana al establecimiento, nos recibió Ricardo Ruiz Pérez su propietario, allí ya se encontraban Daniel, Martín y Marcelo que también son parte del grupo, con quiénes, después de una breve charla, salimos a revisar los posibles lugares donde apostarnos, con la dificultad de un piso endurecido y cubierto por una gruesa capa de polvo, debido a larga sequía que sufre la Provincia y afecta a todo el campo en general.

Después de una obligada, aunque corta siesta, partí hacia el apostadero que me habían asignado. A las 18 hs ya me encontraba listo para afrontar la espera, aunque una tormenta lejana amenazaba con arruinarme la noche. Una hora más tarde, en absoluto silencio, entró al cebadero una piara de gordos e inquietos cachorros a los que observé tranquilo por un buen rato. Las nubes de esa lejana tormenta que había visto cuando llegué, ahora las tenía encima, por lo que decidí cobrar un cachorro y asegurarme su carne, ya que sabía que pronto me vendrían a buscar. ¡Esperé a que dos se alinearan y poder realizar la tan mentada proeza de obtener dos presas de un solo disparo, y así fue! Por primera vez había cazado la primera noche que me apostaba y dos chanchos de un tiro. ¡Mi alegría era total!  Minutos después llegó la lluvia y como habíamos acordado, me pasaron a buscar, cargamos los lechones y partimos hacia la estancia, donde nos esperaban ya con la cena lista.

El jueves comenzó tranquilo, siguió con un buen almuerzo y de sobremesa jugamos a nuestro querido y representativo Truco argentino, que hacía muchos años no lo hacía. Armamos un sexto y de punta y hacha, me tocó nada más, ni nada menos, que con el anfitrión. Ganamos un lindo partido y mi contrincante, irónicamente en broma, al retirarse me dijo: -Me voy a acostar pensando a qué apostadero te voy a llevar, que problema el tuyo. Quizás no tengas tanta suerte esta noche, murmuró…

Luego de la siesta, nos encontrábamos todos los cazadores presentes esa luna, ya listos con lo necesario para llevar al apostadero, ahora comenzaba la organización por parte de Ricardo y la gente que con él trabaja.

-Vos te venís conmigo, dijo Ricardo. – Eso no sé si era bueno o malo…

-Acá te quedas, vimos un buen rastro. Si entra, no podés fallar. – Exclamó.

Cerca de las 21 hs, un ruido en el alambre puso en alerta todos mis sentidos; segundos más tarde, dos jabalíes entraban derecho a comer. ¿Pero cómo saber en la oscuridad el tamaño? Opté por compararlos con el bidón de 20 litros que se encontraba como cebadero, y noté que no era mucha la diferencia, lo que me decía que eran cachorros, pero esta vez estaba decidido a tirar únicamente a un padrillo. Nuevamente escucho el alambre y con rapidez volví a observar cerca de la comida pensando lo peor, me escucharon o ventearon y se fueron asustados… pero no era así, allí estaban como si nada. Seguí girando la vista y a unos metros, con una parada firme había un jabalí más. ¿Sería ese el padrillo? ¿Cómo lo podía saber? Esperé hasta que se acercó a los demás que seguían muy tranquilos comiendo. Su tamaño los superaba ampliamente y ahí todas mis dudas se disiparon, y vino esa aceleración abrupta de mi corazón, esa que se siente o sentimos todos los que amamos esta actividad, y no era para menos… Empecé a seguirlo por la mira, se escondió a comer detrás de un poste y desde ahí observaba, como si supiera, que algo no estaba bien. Voy a confesar algo que pocos saben, y es que en ese momento le pedí allá arriba, a mi viejo, que me dé una mano y la oportunidad de lograr mi primer trofeo. -No lo dejes ir, retenelo y que me deje hacer un buen tiro. – Sé que me escuchó, porque el chancho salió de repente de su escondite y se puso de costado, indicando el lugar perfecto para un buen disparo. Coloqué la cruz en el codillo e inmediatamente mi rifle me sorprendió, como tomando él, esa decisión.

El sonido del disparo provocó la estampida, no solo de los chanchos, sino de todos los animales que merodeaban la zona.  Miro detenidamente el lugar donde estaba el chancho cuando disparé y nada… ¿Los nervios me traicionaron? ¿Habré errado? ¿Se movió justo? Esas preguntas que siempre recorren nuestra cabeza después de no tener nuestro cometido delante de nosotros.

A la hora acordada Ricardo y Javier llegaron por mí y por supuesto me preguntaron si me había bajado el padrillo, a lo que les comenté lo sucedido. Comenzaron a recorrer el lugar y a los pocos metros encontraron sangre y por el rastro, notaron hacia donde se dirigía. Javier, como buen baquiano y conocedor del tema, tomó la delantera, cuando de repente lo escuchamos decir que lo había encontrado. Yacía muerto debajo de un espinillo. Volví a sonreír y ni les cuento cuando noté su tamaño y el de sus navajas. Las felicitaciones y abrazos llegaron de inmediato, dando por sentado que había logrado lo que hacía ya muchos años venía buscando.

Y aunque no estaba mi viejo, físicamente presente, para compartir esta alegría con él, sentía que estaba cerca, que había sido parte de todo y que disfrutaba mi logro como si hubiera sido de él.

Roberto Devito

Suscribite al canal de Cazador en
YouTube

Suscribite al canal de Cazador en YouTube

Suscribite a nuestro canal de YouTube y descubre con nosotros distintos cotos de caza de la República  Argentina.
Conocerás el establecimiento, los servicios que ofrece, las especies a cazar y toda la información que el cazador quiere saber.

Seguinos también en