Mi respeto y admiración

Diego Noe Castillo

Sábado por la noche en casa y sin planes. Suena el teléfono y es esa llamada que me cambia el ánimo, un gran amigo preguntándome si me prendía a dar una vuelta al campo, a escuchar brama y encarar algún ciervo si las condiciones se daban. Por supuesto le dije que sí y comencé de inmediato a preparar la mochila, el rifle y algo que picar.

A las 3 am pasó a buscarme, llegamos todavía de noche y entrando a los corrales próximos al casco de la estancia, me pareció escuchar un bramido, bajé los vidrios, apagué el motor y sí… era un concierto de U2 360, pero de bramidos que estremecían el campo. No tardamos en cambiarnos y definir los cuadros que cada uno recorrería.

Tomé el viento y aun a oscuras salí a tranco lento en busca de mi ciervo, con la idea de llegar a algún bramido prometedor para quedarme cerca y esperar que amanezca.

Llegué hasta un alambre y escuché un bramido corto y ronco que hizo callar al resto, así que solo me planté a esperar ver algo. No tuve suerte, a los minutos se calló y nunca salió del fachinal donde estaba…

Decidí seguir otro ciervo que bramaba firme y no muy lejos de ahí, luego de un lento acercamiento, por fin lo encontré rameando. Levanté el rifle muy despacio para observarlo, noté que era un grueso horquetero con un perlado hermoso.

Mientras me decidía a tirar o no y recorría sus zonas vitales con el retículo de la mira, siento un disparo en dirección al cuadro donde cazaba mi compañero. Por supuesto, mi ciervo se alzó a la carrera, dejándome en claro que no era para mí.

Dejé pasar unos minutos y me comuniqué por handy con mi amigo. Me cuenta muy entusiasmado, que había cazado un muy buen 12, por lo que decido ir a felicitarlo y ayudarlo en la faena.

El disparo había ahuyentado todo a mi alrededor y no tenía mucho sentido que me quedara.

No había caminado 100 m, cuando volvió a retumbar en el monte ese corto y ronco bramido que salí en un primer momento a buscar. ¡Mi cacería volvía a empezar!

Volví hacia donde lo escuché bramar y otra vez lo mismo… se calló por completo y aunque lo busque por cada rincón, no puede encontrarlo.

Vuelvo a hacerle un toque por handy a mi amigo para conocer su ubicación y mientras hablaba con él, veo una cierva en el monte, me quedo parado detrás de un caldén observando también los alrededores. Después de un rato, como no veía ni escuchaba nada decido caminar un poco; doy el primer paso y me sentí muy observado, como en Offside, miré con el rabillo del ojo y veo dos hembras a escasos 25/30 m que a su vez también me miraban…

En ese mismo instante y como salido de la galera apareció el macho del fachinal.  Venía como un tren, tosiendo agitado, buscando su harem.

Las hembras, que ya me habían visto, salieron a la carrera en dirección contraria.

De ahí en más fue todo a la velocidad de la luz…

Alcancé a levantar el rifle y meter el ciervo dentro del retículo cuando atravesaba un pequeño limpio, fue ese segundo cuando me dije que era a todo o nada… y solté el disparo.

Escuché clarito cuando el proyectil pegó, pero no supe si fue en el animal o en alguna rama u obstáculo. Se me congeló la sangre y frenó el corazón, hasta que escuché ramas rotas y el trote de un animal tocado.

Salí rápidamente tras él, hasta que al poco andar logré encontrarlo notablemente herido, tambaleando a punto de caer. No dudé un segundo y acabé rápidamente con su agonía.

Embargado por la emoción, opté por quedarme junto al él, brindándole mi respeto y admiración. “El rey del monte, era lo que menos se merecía” …

¡Luego llegó mi compañero, los saludos, mutuas felicitaciones y las fotos para el recuerdo, el resto es solo relleno!

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