Plata o Mierda

Marcelo Ricter

Mi pasión por la caza me ha acompañado la mayor parte de mi vida, por no decir toda.

Hoy con ya más de treinta años como participe y cultor de la actividad cinegética, puedo hablar de un antes y un después de iniciarme en la caza con arco.

Comencé cazando con rifle, recorriendo parte de mi país detrás de distintas presas de caza, adquiriendo conocimientos, sumando experiencia e innumerables anécdotas que hoy llevo conmigo.

Profesionalmente he trabajado como guía de caza en prestigiosos cotos de Argentina y también tuve la oportunidad de haber armado mis propios emprendimientos para desarrollar la actividad cinegética, con todo lo que esto representa, desde su plan de manejo, interacción con el cliente y hasta la compleja logística que conlleva.

Aunque hacen ya más de 10 años todo cambió.

Me tocó oficiar como guía de caza a un contingente de extranjeros que querían abatir presas de nuestra fauna cinegética con arco y flecha…. para mi algo nuevo, impensado y casi una locura. Tuve muchos desaciertos, las formas de caza no eran las mismas, y fue lo primero que despertó mi interés.

El comienzo no fue fácil (aun hoy tampoco lo es) … me costaba y mucho cambiar mi forma de cazar, pero esto era otra cosa… También me resultaba difícil entender a los cazadores con arco cuando me decían que en esta modalidad no veían el trofeo, por supuesto lo valoraban, pero les daba igual un padrillo que una chancha o un majestuoso 14 que un descarte…valoraban, según ellos la esencia ancestral de la caza.

También recuerdo (lo que para mí parecía una exageración o no más que una mentira) cuando me dijeron “Si cazas con arco, al rifle no volvés más”. Hoy debo reconocer que en mi caso fue literalmente así.

Pero para esto, tuve que “aprender nuevamente a cazar” y de la forma más primitiva que cuenta la historia de la humanidad.

Estos ya 10 años que llevo cazando con arco, no solo me sumaron experiencia, sino que ademas me hicieron ver la caza desde otro lugar.

Hoy entiendo que el mejor cazador no es el que abate la presa “más grande “sino el que experimenta la caza en su máximo esplendor, aun sin haber cazado.

En la caza con arco, la presa no se mide por su trofeo. Se mide por el esfuerzo, sigilo y astucia que deberemos poner en práctica, para lograr acercarnos a esos escasos metros que necesitamos para soltar, esa sola flecha, que nos dará plata o mierda. No hay margen al error.

Cada paso de nuestro rececho deberá simular el mismo sonido que produce una pluma al caer, tendremos que cuidarnos del viento (ya que nuestros olores, son casi lo más difícil de ocultar) y también la ropa lleva su apartado, nuestro camuflaje es igual de importante que las cosas que ya mencioné.

Al acecho no es precisamente más fácil. Ahora el armado del lugar donde nos vamos a apostar, es muy importante. Seguramente lo usaremos también de noche, por lo que la distancia al charco o al cebadero es muy próxima, y es muy difícil no ser venteado o escuchado por un animal que está en alerta y tiene principalmente esos sentidos muy desarrollados.

Nuestra presa abatida o “trofeo” no es más que la culminación de un sinnúmero de satisfacciones.

El sigiloso arrastre en el rececho, o la dura espera en el acecho, darán lugar a algo majestuoso, “el ver volar nuestra flecha”.  Que, si acertamos a nuestra presa, ahora comienza otra historia. La del rastreo….

Marcelo Richter

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