Ariel, un viejo amigo y compañero de andanzas, debió esperar seis meses hasta que le entregaron su Mauser M18 en calibre .308 Win y por supuesto no veía la hora de estrenarlo en el campo, cosa que no sería fácil porque arrancaba febrero, un mes duro para cazar y más en Entre Ríos, que para esa época atravesaba una gran sequía la cual arrasaba hasta con los árboles más añejos y sus profundas raíces, sumado a una terrible ola de calor, hacia esto que hasta la tierra se agrietara, donde el andar distraído, fácilmente te podía costar un tobillo.
Salimos un sábado después de almuerzo para llegar al campo a media tarde; charla previa con el dueño del establecimiento, nos cambiamos y planificamos estratégicamente que zona recorrería cada uno.
El ciervo Axis se caracteriza por el agudo sentido de la vista, y su oído no se queda atrás… esto viene a que el terreno estaba muy difícil, haciendo casi imposible el caminar en silencio por las miles de hojas secas en el piso por lo que me propuse caminar muy muy lento, esperar y mirar constantemente, a tal punto que al finalizar la tarde solo había caminado 1.100 m en 5 hs, aunque mi lerdo andar me permitió ver un par de buenos ciervos que lamentablemente no me dieron chance ni siquiera a quitar el seguro, pero la que no corrió con la misma suerte de estos, fue una chancha que terminó rendida ante mi CZ, historia que queda para otra ocasión, ya que este relato se lo quiero dedicar a mi amigo, quien y al igual que yo, tuvo un par de ciervos vistos, en su primera jornada, pero sin chances concretas de cazar.
Nos reencontramos en el campamento ya cuando el sol había caído, yo ya estaba con la chancha a medio despostar y una de las mantas chillaba en la parrilla. Terminada la faena, comimos, tomamos un buen vino para festejar y antes de acostarnos, diagramamos la jornada siguiente.
04:40 AM nos tomamos unos mates y salimos, pero esta vez juntos. El rocío de la noche había humedecido el suelo y caminar sin hacer “tanto” ruido era un poco más sencillo. Poco tiempo pasó hasta que pudimos ver un par de hembras correr delante de nosotros. Apenas minutos después, mientras decidíamos qué camino tomar, comenzamos a escuchar el característico ruido que provocaban las astas de dos machos peleando, que de seguro se disputaban un harén. Comenzamos a acercarnos muy, pero muy lentamente hasta quedar a unos 30/40 m de ellos, pero la espesura del monte nos imposibilitaba verlos, por lo que decidimos esperar a que ellos se muestren; un par de minutos después veo pasar una hembra que era arriada por uno de sus pretendientes, en ese momento le hago señas a Ariel que se prepare, que el animal iba a pasar por un claro que había en la maraña de uñas de gato (enredadera muy brava, típica de la zona, que su espina simula casi a la perfección la uña de un gato). Así fue, el dueño de esa parcela de monte se detuvo delante nuestro mirándonos, como si todo el tiempo él hubiera sabido que nosotros estábamos ahí y le dio al tirador los segundos necesarios para que presione la cola del disparador.
El tiro dio en el cogote lo que lo arrojó por tierra sin posibilidad alguna de reincorporarse. ¡Primer tiro del Mauser, primer ciervo…!
Historias lindas que nos regala esta pasión y quedarán para recordar con el paso de los años.

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