Una puerta abierta al pasado


Por Mauricio Vecchi

Vivimos cada día con febril actividad, inmersos en los requerimientos de nuestro presente y tratando de construir el futuro. Actuamos como si no lo hiciéramos, no podríamos trascender. Los espacios abiertos son cada vez más reducidos y si uno no cumple con la tarea que le corresponde parecería que no podría sobrevivir.

Como un escape, y con alguna frecuencia, las personas recurren a otras actividades que le permiten descargar esa tensión y recrear el espíritu.

Es para aquellos que desean abrir una puerta al pasado y recorrer un camino que se inició hace 500.000 años, cuando el hombre recurrió a la caza para sobrevivir.

La caza fue el primer oficio del hombre, la persecución y el acercamiento final a una presa exigen un esfuerzo físico y mental a toda prueba. La caza es una actividad ennoblecida cuando se respeta la ética biológica, y las leyes sociales. No es la cantidad lo que halaga al cazador, sino, el resultado de una penosa espera, una interminable y agotadora caminata o el estudiado plan para un resultado final.  Quien no lo entienda así, no es digno de llevar un arma de caza. La belleza que supone la cacería con sus difíciles alternativas, a las que se añade la condición de la presa, hacen al cazador sumirse en la tensión del momento, duelo que se repite inexorablemente desde antiguos tiempos. No siempre se gana, o bien, no es necesario llegar al desenlace final. La caza siempre fue una expresión de las costumbres de cada época, una demostración de valor, habilidad y nobleza. En la edad media, sólo el señor feudal tenía derecho a la caza, y es allí donde aparecen los furtivos, que hasta pagaron con la vida ese amor atávico. Ha pasado mucho tiempo desde aquella época, y las técnicas han evolucionado creando estrategias venatorias más robustecidas, con armas cada vez mas eficientes. Y es allí cuando el cazador verdadero descubre la necesidad de perpetuar y proteger las especies y aprende a respetarlas, naciendo de esta forma una expresión de las costumbres, con la demostración del valor, habilidad y nobleza. No se puede perder el contacto con la Naturaleza, y, por lo tanto, nosotros, los que nos tildamos de cazadores, debemos constituirnos en sus máximos y respetuosos defensores.

A partir de entonces todos vivían de la caza, la habían incorporado a su vida como una actividad de supervivencia que los acompañó por mucho tiempo. Cientos de milenios más tarde, el hombre comenzó a organizarse en asentamientos que luego tomaron la dimensión de pueblos, luego ciudades y finalmente estados. Allí, comenzó a desarrollar e incorporar nuevas actividades para la supervivencia, como la agricultura y la ganadería, abandonando naturalmente su actividad migratoria.

Si bien la caza nunca fue abandonada, mucho tiempo después se convirtió en un deporte, para cuando comenzaron a aplicarse las primeras armas de fuego, unos pocos eran capaces de afrontar el costo de un arma personal, la cual no pocas veces era ornamentada con plata y oro. La fauna para entonces era numerosa y los espacios naturales extensos. Con el transcurso del tiempo, la expansión demográfica redujo estos espacios. Sin embargo, la actividad de la caza mayor deportiva, se ha hecho cada vez más popular, alcanzando a todos los niveles de la sociedad y haciendo la convivencia de lo silvestre con lo doméstico realmente difícil. Entonces se hicieron necesarias las leyes regulatorias, y los parques nacionales o privados, organizados como santuarios, para la preservación de la flora y fauna. En poco tiempo hubo personas que comprendieron que la actividad tenía fuertes posibilidades económicas cuando descubrieron que el promedio de los cazadores pertenecía a un sector de la sociedad de buenos ingresos. Así, surgieron los cotos de caza, los que a su vez tienen el importante rol de regular la actividad mientras en teoría velan por el mantenimiento de las especies. En oposición y casi por necesidad, surgió un nuevo protagonista perteneciente a la franja de bajos ingresos; el furtivo.

Sin duda, esta actividad, en un sentido más amplio (creo que el furtivismo es una cuestión legal que no está enfrentado necesariamente a la caza deportiva) fuera de los parques y los cotos, desprovista del control adecuado es despiadada.

Lamentablemente, para muchas especies, este esquema de protección ha llegado o llegará tarde, y para otras, que no son de interés para los cazadores, la falta de una cultura adecuada, cosa que no resuelve simplemente una legislación, la extinción es inevitable.

La demanda de cotos de caza es alta, y esta ajustada a estándares internacionales, lo cual se puede determinar por el hecho de que una parte apreciable de cazadores provienen del exterior, haciendo de esta actividad una fuente de turismo e ingresos interesante para el país

Hoy en día, esta actividad se presenta cada vez más regulada y organizada, lo cual, si bien la ha encarecido, permite por lo menos alguna forma de control.

Si el mundo no cambia y no parece que eso vaya a suceder, la fauna silvestre se verá cada vez mas comprometida y los animales en estado salvaje desaparecerán y si bien la especie se mantendrá en los cotos y parques nacionales, es probable lamentablemente (como está ocurriendo) que se comporten cada vez más como ganado, que animales silvestres.

Mauricio Vecchi.

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