Se sabe que los suidos pueden desarrollar una notable inteligencia que acompaña a una gran memoria.
Su vista es mala (carece de visión cromática) pero compensa esto con un importante desarrollo del oído y olfato, el cual usa constantemente para «ventear» levantando su cabeza y poniendo su nariz contra el viento, pudiendo así percibir olores a grandes distancias.
Esto justifica el tan sigiloso y esquivo comportamiento, en especial del «viejo verraco», que en algún momento se vio o sintió amenazado por algo inusual en su entorno o en algún lugar al que suele concurrir.
Muchas veces convirtiéndolo en esa leyenda al que todo cazador le quiere ganar, pero en más de una oportunidad, ese gran Macareno, nos ganará la pulseada, sin siquiera poder verlo, o peor aún, él nos hará notar mediante sonidos, que fuimos descubiertos.
Capaz de recorrer hasta más de 15 km por noche en busca de comida, agua o hembras en celo.
Al verse molesto, eriza su crin o cresta y produce un chasquido con sus dientes mostrando un aspecto intimidante.
Acostumbra a dejar marcas con sus colmillos en la corteza de los árboles, levantando su cabeza lo más alto que pueda, para este modo mostrar su contextura e intimidar a los supuestos rivales que puedan frecuentar su territorio.
En celo se vuelve vulnerable y hasta torpe, dejando de lado sus tan mentados sentidos, que lo ayudaron a llegar hasta su madurez.