Caza y Conservacionismo:

-La Necesaria Concurrencia.-

La conservación, término tan vasto que no acepta una definición precisa sino marcos conceptuales amplios, implica una consecuente aclaración; ¿qué se debe conservar?, lo que nos remite, por deducción lógica, a otro concepto, el de ambiente, que se ha definido como el entorno vital, conjunto de factores biológicos, físicos, sociales y culturales que interactúan entre sí de manera sistémica.
Y si continuamos con este breve ejercicio semántico y reunimos la conservación con la caza no hacemos más que enunciar otro marco conceptual que se asimila con estricto ajuste a lo referido sobre el “ambiente”.
Es decir, la caza forma parte e interviene en todos esos factores: tanto los biológicos, físicos, sociales y culturales, que la han incluido, la incluyen y lo seguirán haciendo, entre las actividades que todo grupo humano, desde la aparición del hombre sobre la tierra, ha realizado, realiza y realizará en el largo camino de su evolución como especie.

 

Y es en el transcurso de ese camino que el homo sapiens, cuyo factor de supervivencia y desarrollo dependió exclusivamente de su capacidad para servirse de la naturaleza, en donde las formas de apropiación del ambiente fueron incrementando su agresividad y la saturación del entorno, el hombre, sea cual fuere su paradigma –desde las conciencias míticas aborígenes hasta el racionalismo más enjundioso– ha hecho uso y abuso de los dones naturales y tras esto resulta casi innecesario aclarar que conforme las áreas de tierras inexplotadas o salvajes se reducen, disminuye el número de especies que puedan sustentar.
Reafirma lo dicho, y sólo por citar a Miguel Delibes y su obra La Caza en España, escrita ya hace más de 30 años: “(…) La industrialización es, a mi entender, la manera más provechosa de destruir la naturaleza. Más como es indiscutible que el mundo no puede renunciar a la industrialización solamente por conservar en las bestias su vivacidad espontánea, resulta obvio que la caza, tal como veníamos entendiéndola en España, es un ejercicio a extinguir.”

 

Lo conservacionista de la caza
Sin restarle credibilidad a lo dicho por Delibes, existen sin embargo variables que podrían modificar su sombrío pronóstico. La caza, factor de sobrevivencia en los albores de la humanidad, ha evolucionado al tiempo que quienes la practicaban no debían su sustento a ella, deviniendo así en una actividad deportiva, incorporando además el valor agregado de un recurso turístico de excelencia.
Quienes cazamos, continuamente debemos escuchar encendidos alegatos y admoniciones acerca de los peligros de la extinción de algunas especies a manos de cazadores, pero esto, lejos de no ser cierto, no tiene que ver en forma intrínseca con la actividad sino como la misma se practica. Como concluiremos después, la caza no es más que una herramienta y es tan buena o tan mala como la persona que la esgrime.
Pero no es sólo eso, la caza, y ya no solamente la deportiva sino en todas sus variantes: científica, de control o comercial, se ha constituido en un factor de equilibrio entre las cada vez más delicadas relaciones de las especies del planeta.
Dentro del ya tipificado como producto turístico “caza deportiva” es donde se encuentra la llave que permite una apertura a una sustentable conservación, ya que de la explotación económica de la fauna silvestre depende exclusivamente su supervivencia. Dado que es imprescindible para llevar adelante un desarrollo de caza deportiva el manejo necesario para una correcta regulación de la población destinada a la cinegética –y aquí aparece un nuevo término a considerar, manejo, al que podríamos definir como la feliz reunión de la ciencia y la práctica–, será a través de éste que se regulará el excedente biológico a extraer, ya que una población en estado silvestre crece gradualmente hasta tanto su ambiente limite la disponibilidad del alimento necesario, eliminándose los estratos más frágiles y disminuyendo la calidad del conjunto, por lo que resulta que tomado ese excedente la población se mantendrá en crecimiento y con un saludable estado.
Asimismo, es imposible realizar un plan de manejo sin contar e incluir el ambiente donde llevarlo a cabo, no se trata solamente de la especie sino que se hace necesario un manejo extensivo tanto del entorno como de las demás especies ya existentes en el mismo, lo que difiere sustancialmente con la agricultura o la ganadería ya que estos últimos deben, generalmente para su desarrollo modificar el hábitat, el cual, en la mayoría de los emprendimientos cinegéticos permanece intacto pudiendo esto ser afirmado no sólo desde la bibliografía existente sino también a través de la comprobación directa de los establecimientos existentes en nuestro país.
De igual modo es dable considerar que en aquellas jurisdicciones donde no se practica la actividad cinegética, ni existen regulaciones claras para la misma, salvo aquellos territorios destinados específicamente a la conservación, la tierra termina siendo objeto de usos extensivos e irracionales, valga como actual y rotundo ejemplo del cultivo de la soja, el que ha menguado el número de individuos de distintas especies de caza menor en mayor medida que una legión de cazadores.
Sería redundante mencionar aquí la cualidad que adquirió en los últimos años la caza deportiva como diversificación de la producción agropecuaria tradicional, o los cada vez más importantes resultados económicos que produce o los puestos de trabajo que genera, eso sería tema a tratar posteriormente, pero se puede comprobar que a pesar de la desidia oficial respecto al tema, que abordaremos en el título a continuación, y la imagen negativa que la caza posee a nivel social, en la República Argentina, entrado el siglo XXI, el conservacionismo real y concreto, aquél que no queda contenido en proyectos irrealizables ni en enunciados apocalípticos y que se desarrolla por fuera de los organismos de conservación específicos, se genera a partir de la caza deportiva.

 

La cuestión legal
Abordando el tema desde este punto de vista encontramos peculiaridades que sorprenden en cuanto a su claridad y al mismo tiempo su poca comprensión a nivel general.
En primer término, aparece una realidad incuestionable. Luego de realizar quién esto escribe una labor de legislación comparada, se observa que en nuestro país no existen leyes, ni a nivel nacional o provincial, que sean específicas de la caza como actividad. Sí existen leyes de fauna, con distinto enunciado pero similar fin, de las cuales se desprenden, en normas de menor prevalencia jurídica, como ser: disposiciones, resoluciones, reglamentos, etc., todas las regulaciones propias de la caza en todas sus variantes conocidas.
Y esto muestra de manera indubitable el doble carácter de la caza, primero porque está inseparablemente unida al conservacionismo, tanto desde lo fáctico como de lo legal, y segundo, y a mi parecer todavía más concluyente, la caza, jurídicamente hablando, es UNA HERRAMIENTA DE CONSERVACIÓN, adquiriendo y mostrando dicho estatus en todo el corpus normativo que existe sobre el tema en el país ya que actúa como factor de regulación y equilibrio de la fauna.
Desconocer lo obvio implica necesariamente algún tipo de patología, pero al mismo tiempo pocas cosas son tan difíciles de explicar cómo lo obvio. Esclarecer, comunicar y difundir él porqué y para qué se caza deberían ser acciones y objetivos de todas las asociaciones, clubes o entidades dedicadas a la cinegética, ya que estas instituciones son desde lo jurídico y lo real asociaciones a priori conservacionistas.
Esto encuentra un evidente asidero en la Ley N° 22.421, de Protección y Conservación de la Fauna, Capítulo V -De la Caza-, artículos 15 y 16, y también el artículo 19 el cual insta a la apertura de cotos cinegéticos, tanto estatales como privados, en la misma medida que recomienda la instalación de jardines zoológicos o botánicos.

 

Una política inexistente
“… Precisamente, in merito a quanto detto, ci riferiremo a quelle specie la cui caccia é consentita e che offre un‘ emozione in grado tale da soddisfare lo sportivo piu exigente…”.
Este párrafo forma parte de la introducción de un folleto de la Secretaría de Turismo de la Nación –Argentina, caccia y pesca–, confeccionado a principios de la década del setenta, escrito en italiano, y que sirve para demostrar que, en algún momento tanto la caza como la pesca formaban, al menos en su concepción como producto turístico, parte de políticas de Estado a fin de maximizar su potencial.
Hoy en día no es tan así, si bien la pesca deportiva goza de un permanente reconocimiento y apoyo oficial desde lo turístico. La caza deportiva no es tan siquiera considerada como producto, por lo que ésta última se desarrolla en la más absoluta orfandad en cuanto a promoción internacional o apoyo oficial.
Y allí estamos ante otra paradoja. Que en la República Argentina existe la caza deportiva no es secreto para nadie, que se ha constituido con el paso de los años en un destino internacional para la actividad tampoco sorprendería y sin embargo, el organismo específico para la promoción de las actividades turísticas de la Nación ignora el tema.
Esto genera a su vez una serie de otras particularidades que es preciso enumerar y tener en consideración a fin de poder, en algún momento, encarar la problemática con seriedad y deseos de corregir las cosas:
En primer lugar, encontramos una dicotomía dentro del mismo estado, por una parte y a través de toda su estructura jurídica se consigna a la caza como una actividad a realizar para el saludable mantenimiento de la fauna y por el otro no vale ni para implementar alguna política de promoción externa o interna.
Le sigue luego, y como consecuencia directa de lo anterior, la falta de estadísticas confiables y centralizadas, como ser número de cazadores del país, cantidad de asociaciones de caza, establecimientos dedicados al tema, número de cazadores extranjeros por temporada y volumen de gastos de los mismos.
Esto provoca asimismo que no se pueda cuantificar exactamente ni la cantidad y/o calidad de los individuos o especies abatidas, como así tampoco el preciso nivel de ingresos que se genera a partir de la cinegética, impidiéndose así una proyección de la actividad en el tiempo, una correcta planificación y una dispersión de otros recursos que podrían direccionarse en más provechosos sentidos.
Pero no todo es tan negativo, las jurisdicciones provinciales, a falta del accionar de la Nación, han avizorado la problemática emergente y ya comienzan a transitar hacia una tarea de conjunto. Fruto de ello son las I Jornadas Patagónicas de Caza Deportiva que tienen como objetivo la promulgación de un reglamento único para las cinco jurisdicciones protagonistas: Neuquén, Río Negro, La Pampa, Chubut y Parques Nacionales.
Este podría ser un excelente primer paso, pero partiendo sólo para lo regional. La tarea que aún se mantiene pendiente, a nivel nacional y que nos compete e involucra a todos aquellos que aspiramos a ser cazadores, es modificar esa falsa imagen que desde lo social plantean los neófitos sobre la caza y asumirnos como lo que somos, tal vez los únicos conservacionistas que no recitamos ni portamos pancartas, pero cumplimos un papel más que protagonista en la preservación ambiental.

‘DESCONOCER LO OBVIO IMPLICA NECESARIAMENTE ALGÚN TIPO DE PATOLOGÍA, PERO AL MISMO TIEMPO POCAS COSAS SON TAN DIFÍCILES DE EXPLICAR COMO LO OBVIO. ESCLARECER, COMUNICAR Y DIFUNDIR ÉL PORQUÉ Y PARA QUÉ SE CAZA DEBERÍAN SER ACCIONES Y OBJETIVOS DE TODAS LAS ASOCIACIONES, CLUBES O ENTIDADES DEDICADAS A LA CINEGÉTICA, YA QUE ESTAS INSTITUCIONES SON DESDE LO JURÍDICO Y LO REAL ASOCIACIONES A PRIORI CONSERVACIONISTAS…’

 

Fernando Mendez Guerrero.

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